miércoles, 6 de enero de 2021
¿EL VIRUS ESTÁ EN MI ROPA? ¿EN MIS ZAPATOS? ¿EN MI PELO? ¿EN MI PERIÓDICO?
Preguntamos a los expertos sobre todos los lugares donde el coronavirus acecha (o no). Te sentirás mejor después de leer esto.
Por Tara Parker-Pope – The New York Times
Publicado 21 de abril de 2020
Cuando solicitamos a los lectores que nos enviaran sus preguntas sobre el coronavirus, surgió un tema común: muchas personas temen llevar el virus a sus casas en la ropa, los zapatos, el correo e incluso en el periódico.
Contactamos a expertos en enfermedades infecciosas, científicos de aerosoles y microbiólogos para contestar las preguntas de los lectores sobre los riesgos de entrar en contacto con el virus durante las salidas esenciales a la calle y las entregas a domicilio. Si bien es cierto que necesitamos tomar precauciones, sus respuestas fueron reconfortantes.
¿Debo cambiarme de ropa y bañarme cuando llego a casa del supermercado?
En el caso de la mayoría de los que practicamos el distanciamiento social y realizamos solo viajes ocasionales al supermercado o a la farmacia, los expertos están de acuerdo en que no es necesario que nos cambiemos la ropa o tomemos una ducha al regresar a casa. Lo que sí debes hacer siempre es lavarte las manos. Si bien es cierto que cuando una persona infectada estornuda o tose puede lanzar gotitas virales y partículas más pequeñas por el aire, la mayor parte de ellas caerán al suelo.
Los estudios demuestran que algunas partículas virales pueden flotar en el aire alrededor de media hora, pero no pululan como mosquitos y es poco probable que entren en contacto con tu ropa.
“Una gotícula que es lo suficientemente pequeña como para flotar en el aire durante un tiempo tiene muy pocas probabilidades de alojarse en la ropa debido a la aerodinámica”, afirmó Linsey Marr, científica especializada en aerosoles del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia. “Las gotitas son tan pequeñas que se moverán en el aire alrededor de tu cuerpo y tu ropa”.
¿Por qué las gotículas y partículas virales no se alojan normalmente en nuestra ropa?
Le pedí a Marr que explicara un poco más al respecto, ya que estamos recibiendo una pequeña lección de aerodinámica.
“La mejor manera de describirlo es que las gotitas siguen las corrientes de aire alrededor de una persona, porque nos movemos relativamente despacio. Son como los pequeños insectos y las partículas de polvo que flotan en las corrientes de aire alrededor de un auto que va a baja velocidad, pero que potencialmente pueden chocar con el parabrisas si el auto va lo suficientemente rápido”, dijo la doctora Marr.
“Los humanos por lo general no se mueven lo suficientemente rápido para que esto suceda”, continuó Marr. “Mientras nos movemos, apartamos el aire de nuestro camino y, con él, la mayoría de las gotitas y partículas también se apartan de nuestro camino. Alguien tendría que esparcir grandes gotas a través del habla —como las personas que escupen al hablar—, la tos o el estornudo para que lograran alojarse en nuestra ropa. Las gotitas tienen que ser bastante grandes para no seguir las corrientes de aire”.
Así que, si estás haciendo compras y alguien te estorn
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TEMAS GENERALES DE MICROBIOLOGÍA
ACOTANDO EL ORIGEN DEL CORONAVIRUS SARS-COV-2
PUBLICADO EN ABRIL 1, 2020
Amparo Tolosa, Genotipia
El análisis del genoma del coronavirus SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad COVID-9, ha proporcionado respuestas a algunas preguntas sobre el virus, pero todavía queda por resolver una de las principales, cuál es su origen exacto.
Originado en la naturaleza
Menos de dos meses después del primer caso registrado de una persona infectada por SARS-Cov-2, el análisis de la secuencia del virus lo etiquetaba de forma inequívoca como coronavirus. Este tipo de virus tiene la capacidad para saltar y adaptarse de una especie a otra causando enfermedades infecciosas denominadas zoonóticas, lo que apuntaba a un posible origen animal para el virus. De hecho, diversos investigadores ya habían alertado de que la propiedad de saltar de una especie a otra de los coronavirus es una bomba de relojería que en cualquier momento podía originar una pandemia como la que ahora mismo nos afecta.
La caracterización de SARS-CoV-2 como coronavirus también reforzaba las primeras hipótesis de que el virus hubiera podido haber surgido en un mercado de Wuhan donde se vendían animales salvajes. Desafortunadamente, el desmantelamiento del mercado poco después del inicio del brote impidió que se pudiera investigar en profundidad qué animal podía ser el origen de la infección.
Sin la posibilidad de comparar el genoma de SARS-CoV2 con muestras tomadas de los animales del mercado, los investigadores recurrieron a las bases de datos. De este modo, el siguiente paso para poder estimar el origen de SARS-CoV-2 fue comparar su secuencia con la de otros coronavirus ya identificados en humanos u otras especies de mamíferos. Esta comparación ha proporcionado información muy relevante sobre su posible origen, pero también ha planteado nuevas preguntas sobre cómo ocurrió.
Murciélagos y pangolines relacionados con el origen de SARS-CoV-2
Los primeros candidatos para ser la especie de la que proviene el SARS-CoV-2 fueron los murciélagos. Estos animales son un reservorio muy importante de coronavirus y se han encontrado coronavirus muy similares a SARS-CoV-2 en muestras obtenidas de ellos. Sin embargo, no se ha podido establecer una relación directa entre esos coronavirus y SARS-CoV-2, lo que apunta a un posible hospedador intermedio. Un candidato posible es el pangolín. A partir de muestras tomadas de pangolines rescatados del comercio ilegal, se han identificado coronavirus muy similares a SARS-CoV-2, especialmente en una región crítica para la unión del virus a la célula huésped. Este resultado sugiere al pangolín como especie intermediaria.
“El papel que han jugado los pangolines en la emergencia de SARS-CoV-2 (la causa de COVID-19) todavía no está claro”, ha señalado Edward Holmes, virólogo evolutivo en la Universidad de Sidney que ha participado en la caracterización del genoma del virus y la investigación sobre su origen. “Sin embargo, es llamativo que los virus del pangolín contengan algunas regiones genómicas que están muy relacionadas con el virus humano”.
Para profundizar en el tema será necesario obtener muestras de coronavirus de murciélagos de la región de Hubei, donde se originó la pandemia de COVID-19 y nuevas muestras de pangolines u otras especies.
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TEMAS GENERALES DE MICROBIOLOGÍA
Y VOLVEMOS AL BLOG...
Asumimos la Dirección General Ejecutiva del Instituto Nacional de Laboratorios de Salud - INLASA por una invitación expresa y a requerimiento técnico de la Ministra de Salud del Estado Plurinacional de Bolivia. La misión era coadyuvar en las tareas de diagnóstico laboratorial y de seguimiento del SARS-CoV2 durante la pandemia que se presentó en el país desde marzo del 2019. Tuvimos que abocarnos con todas nuestras fuerzas para planificar, organizar y ejecutar las tareas propias del INLASA en este contexto. Ayudamos a "aplanar" la curva epidemiológica y en diciembre devolvimos la confianza que habían puesto en nosotros dotándole al país de un circuito de laboratorios actualizado y preparado para enfrentar la COVID-19.
Hoy por hoy y con la satisfacción del deber cumplido regresamos a nuestras tareas dentro del Laboratorio de Referencia Nacional de Bacteriología Clínica LRNBC dependiente del INLASA para continuar con nuestros estudios de la epidemiología bacteriana enfocados fundamentalmente en comprender mejor la "materia oscura" microbiana y sus relaciones con nuestras células al igual que continuar trabajando en la resistencia bacteriana a los antimicrobianos.
Gracias por habernos permitido trabajar denodadamente en esta pandemia, devolviéndole a Bolivia lo que invirtió en nuestra formación científica. Estamos seguros de que ante los rebrotes que ya vienen de la COVID-19 ahora sí, el país ya está mejor preparado para hacerles frente.
Finalmente retomamos nuestra labor con nuestro blog, mismo que se convierte en un granito más de arena en la construcción y divulgación del conocimiento científico dentro de la Microbiología.
Y así volvemos al blog y a seguir caminando...
jueves, 9 de abril de 2020
UNA REVISIÓN DE LAS POTENCIALES ESTRATEGIAS TERAPÉUTICAS PARA COVID-19
PUBLICADO EN MARZO 17, 2020
Amparo Tolosa, Genotipia
En apenas un mes, el coronavirus SARS-CoV-2, surgido a finales de diciembre en la provincia china de Hubei, ha cambiado el mundo. La enfermedad provocada por el nuevo coronavirus, conocida como COVID-19, está asociada ya a más de 4 000 muertes y más de 150 000 personas han sido diagnosticadas como infectadas. A estos números del SARS-CoV-2, hay que sumar el gran impacto de COVID-19 sobre los sistemas sanitarios de salud y los millones de personas cuyas vidas han cambiado con las diferentes medidas dirigidas a controlar la difusión del virus.
En paralelo a la expansión del nuevo coronavirus, diferentes investigaciones han empezado a caracterizar su genoma, su estructura y sus mecanismos de infección, con el objetivo de desarrollar lo antes posible vacunas o estrategias terapéuticas para favorecer su contención. Gracias a estos trabajos y a investigaciones previas con otros coronavirus, en la actualidad los investigadores disponen de un abanico de moléculas diana frente a las que dirigir las diferentes estrategias de tratamiento. En la actualidad, ya existen aproximaciones terapéuticas hacia algunas de estas moléculas que funcionan en virus similares a SARS-CoV-2 y podrían ser probadas en ensayos clínicos.
COVID19
Estructura del coronavirus de Wuhan. Imagen: CDC/ Alissa Eckert, MS; Dan Higgins, MAM.
Para facilitar el desarrollo de tratamientos para COVID-19, hace unos días la revista científica de la Sociedad Americana de Química publicó una revisión de todos los trabajos recientes sobre el desarrollo de vacunas y agentes terapéuticos para COVID-19 y otras enfermedades producidas por coronavirus. En la elaboración de la revisión, los investigadores responsables analizaron todo el material (más de 500 trabajos) relacionado con el nuevo coronavirus publicado desde finales del 2019 hasta el 1 de marzo.
El artículo resume los mecanismos de acción de SARS-CoV-2 conocidos hasta la fecha y destaca una serie de proteínas como especialmente interesantes a la hora de diseñar estrategias de tratamiento.Además, repasa las diferentes aproximaciones posibles (moléculas pequeñas antivirales, componentes biológicos y vacunas) bajo la perspectiva del conocimiento adquirido a través de otras enfermedades producidas por los coronavirus: el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, en sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio de oriente medio (MERS, en sus siglas en inglés).
Dentro del primer grupo, los autores repasan los diferentes fármacos o moléculas patentadas que podrían tener potencial terapéutico para COVID-19 según sus mecanismos de acción, bien por su relación con la regulación del sistema inmunitario del hospedador o bien por su capacidad para comprometer la replicación viral. En este apartado también identifican todos aquellos fármacos ya aprobados para otros usos que podrían utilizarse para tratar la enfermedad COVID-19. Un ejemplo es el remdesivir, un análogo de nucleótidos que detiene la replicación viral y está indicado para la infección por virus del Ébola.
En cuanto a los componentes biológicos, los autores del trabajo plantean la posibilidad de utilizar anticuerpos, citoquinas o terapias de ARN frente a SARS-CoV-2. Los anticuerpos para prevenir o tratar el SARS-Cov-2, basados en los resultados obtenidos con otros coronavirus, pueden estar dirigidos a proteínas virales como la proteína estructural S de SARS-CoV-2 (necesaria para iniciar la infección) o frente a componentes del sistema inmunitario. La producción de citoquinas en respuesta a infecciones puede facilitar la acción del sistema inmunitario frente al agente infeccioso, por lo que se ha estudiado la utilización de las mismas frente a coronavirus como el responsable del SARS. En el caso de las terapias basadas en ARN, éstas están dirigidas a impedir la producción de proteínas necesarias para el virus.
El desarrollo de vacunas para COVID-19 no solo representa una estrategia para controlar el avance del virus en la actualidad. Es una oportunidad para prevenir su recurrencia en el futuro, resaltan los autores de la revisión. Existen diferentes aproximaciones para desarrollar vacunas frente a SARS-CoV-2: virus atenuados, vacunas basadas en proteínas, vacunas de ADN, vacunas de ARN y vacunas que utilizan vectores virales. Para todas ellas, cuyo fin último es que el sistema inmunitario esté preparado para reconocer y eliminar la presencia del virus, existen diferentes patentes dirigidas al SARS y al MERS, causados por coronavirus similares a SARS-CoV-2, así como diversos ensayos clínicos en marcha. Con el trabajo desarrollado para el tratamiento y prevención de estas enfermedades se espera acelerar las investigaciones terapéuticas frente a COVID-19
SARS-CoV-2 no es el primer coronavirus en representar una seria amenaza para la salud humana. Los coronavirus responsables del SARS y MERS causaron brotes en 2003 y 2012, respectivamente. Si bien el conocimiento científico sobre los coronavirus mejoró tras la aparición de ambas enfermedades, no ha sido suficiente para preparar a los sistemas sanitarios actuales para hacer frente a COVID-19. Las estimaciones más optimistas indican que el diseño y desarrollo de cualquier aproximación terapéutica efectiva llevará, como mínimo, meses.
La revisión sobre las estrategias terapéuticas dirigidas a COVID-19 y otras enfermedades causadas por coronavirus concluye destacando la importancia de desarrollar fármacos y vacunas, no solo para COVID-19, sino para las futuras infecciones por coronavirus que puedan surgir en el futuro. Para ello, resaltan la utilidad de métodos innovadores como la inteligencia artificial para identificar nuevos fármacos y la colaboración de los diferentes participantes en el desarrollo de fármacos antivirales.
Referencia: Liu C, et al. Research and Development on Therapeutic Agents and Vaccines for COVID-19 and Related Human Coronavirus Diseases. ACS Cent Sci. 2020. Doi: https://doi.org/10.1021/acscentsci.0c00272
Amparo Tolosa, Genotipia
En apenas un mes, el coronavirus SARS-CoV-2, surgido a finales de diciembre en la provincia china de Hubei, ha cambiado el mundo. La enfermedad provocada por el nuevo coronavirus, conocida como COVID-19, está asociada ya a más de 4 000 muertes y más de 150 000 personas han sido diagnosticadas como infectadas. A estos números del SARS-CoV-2, hay que sumar el gran impacto de COVID-19 sobre los sistemas sanitarios de salud y los millones de personas cuyas vidas han cambiado con las diferentes medidas dirigidas a controlar la difusión del virus.
En paralelo a la expansión del nuevo coronavirus, diferentes investigaciones han empezado a caracterizar su genoma, su estructura y sus mecanismos de infección, con el objetivo de desarrollar lo antes posible vacunas o estrategias terapéuticas para favorecer su contención. Gracias a estos trabajos y a investigaciones previas con otros coronavirus, en la actualidad los investigadores disponen de un abanico de moléculas diana frente a las que dirigir las diferentes estrategias de tratamiento. En la actualidad, ya existen aproximaciones terapéuticas hacia algunas de estas moléculas que funcionan en virus similares a SARS-CoV-2 y podrían ser probadas en ensayos clínicos.
COVID19
Estructura del coronavirus de Wuhan. Imagen: CDC/ Alissa Eckert, MS; Dan Higgins, MAM.
Para facilitar el desarrollo de tratamientos para COVID-19, hace unos días la revista científica de la Sociedad Americana de Química publicó una revisión de todos los trabajos recientes sobre el desarrollo de vacunas y agentes terapéuticos para COVID-19 y otras enfermedades producidas por coronavirus. En la elaboración de la revisión, los investigadores responsables analizaron todo el material (más de 500 trabajos) relacionado con el nuevo coronavirus publicado desde finales del 2019 hasta el 1 de marzo.
El artículo resume los mecanismos de acción de SARS-CoV-2 conocidos hasta la fecha y destaca una serie de proteínas como especialmente interesantes a la hora de diseñar estrategias de tratamiento.Además, repasa las diferentes aproximaciones posibles (moléculas pequeñas antivirales, componentes biológicos y vacunas) bajo la perspectiva del conocimiento adquirido a través de otras enfermedades producidas por los coronavirus: el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, en sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio de oriente medio (MERS, en sus siglas en inglés).
Dentro del primer grupo, los autores repasan los diferentes fármacos o moléculas patentadas que podrían tener potencial terapéutico para COVID-19 según sus mecanismos de acción, bien por su relación con la regulación del sistema inmunitario del hospedador o bien por su capacidad para comprometer la replicación viral. En este apartado también identifican todos aquellos fármacos ya aprobados para otros usos que podrían utilizarse para tratar la enfermedad COVID-19. Un ejemplo es el remdesivir, un análogo de nucleótidos que detiene la replicación viral y está indicado para la infección por virus del Ébola.
En cuanto a los componentes biológicos, los autores del trabajo plantean la posibilidad de utilizar anticuerpos, citoquinas o terapias de ARN frente a SARS-CoV-2. Los anticuerpos para prevenir o tratar el SARS-Cov-2, basados en los resultados obtenidos con otros coronavirus, pueden estar dirigidos a proteínas virales como la proteína estructural S de SARS-CoV-2 (necesaria para iniciar la infección) o frente a componentes del sistema inmunitario. La producción de citoquinas en respuesta a infecciones puede facilitar la acción del sistema inmunitario frente al agente infeccioso, por lo que se ha estudiado la utilización de las mismas frente a coronavirus como el responsable del SARS. En el caso de las terapias basadas en ARN, éstas están dirigidas a impedir la producción de proteínas necesarias para el virus.
El desarrollo de vacunas para COVID-19 no solo representa una estrategia para controlar el avance del virus en la actualidad. Es una oportunidad para prevenir su recurrencia en el futuro, resaltan los autores de la revisión. Existen diferentes aproximaciones para desarrollar vacunas frente a SARS-CoV-2: virus atenuados, vacunas basadas en proteínas, vacunas de ADN, vacunas de ARN y vacunas que utilizan vectores virales. Para todas ellas, cuyo fin último es que el sistema inmunitario esté preparado para reconocer y eliminar la presencia del virus, existen diferentes patentes dirigidas al SARS y al MERS, causados por coronavirus similares a SARS-CoV-2, así como diversos ensayos clínicos en marcha. Con el trabajo desarrollado para el tratamiento y prevención de estas enfermedades se espera acelerar las investigaciones terapéuticas frente a COVID-19
SARS-CoV-2 no es el primer coronavirus en representar una seria amenaza para la salud humana. Los coronavirus responsables del SARS y MERS causaron brotes en 2003 y 2012, respectivamente. Si bien el conocimiento científico sobre los coronavirus mejoró tras la aparición de ambas enfermedades, no ha sido suficiente para preparar a los sistemas sanitarios actuales para hacer frente a COVID-19. Las estimaciones más optimistas indican que el diseño y desarrollo de cualquier aproximación terapéutica efectiva llevará, como mínimo, meses.
La revisión sobre las estrategias terapéuticas dirigidas a COVID-19 y otras enfermedades causadas por coronavirus concluye destacando la importancia de desarrollar fármacos y vacunas, no solo para COVID-19, sino para las futuras infecciones por coronavirus que puedan surgir en el futuro. Para ello, resaltan la utilidad de métodos innovadores como la inteligencia artificial para identificar nuevos fármacos y la colaboración de los diferentes participantes en el desarrollo de fármacos antivirales.
Referencia: Liu C, et al. Research and Development on Therapeutic Agents and Vaccines for COVID-19 and Related Human Coronavirus Diseases. ACS Cent Sci. 2020. Doi: https://doi.org/10.1021/acscentsci.0c00272
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TEMAS GENERALES DE MICROBIOLOGÍA
SOLO SE DETECTA EL 6% DE LAS INFECCIONES POR COVID-19
Un estudio alemán expone que el número total de personas afectadas en todo el mundo es mucho más alto.
Sarah Romero – MUY INTERESANTE
08/04/2020
Aunque la estimación de los casos confirmados de COVID-19 ha alcanzado casi 1,4 millones de personas al momento de esta publicación, el número real de casos podría haber alcanzado varias decenas de millones, según un nuevo estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Gotinga y publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases.
Así, los casos confirmados para la nueva enfermedad por coronavirus emitida oficialmente por países y ampliamente difundida por los medios de comunicación nacionales e internacionales subestima dramáticamente la verdadera cantidad de infecciones.
Los expertos utilizaron estimaciones de la mortalidad y el tiempo hasta la muerte de COVID-19 de otro estudio reciente para probar la calidad de los registros de casos oficiales. Sus datos muestran que los países apenas han descubierto en promedio alrededor del 6% de las infecciones por coronavirus y que el verdadero número de personas infectadas en todo el mundo ya puede haber alcanzado varias decenas de millones.
Debido a los diferentes retrasos e insuficiencias en las pruebas o tests en diferentes países, los números podrían no reflejar con precisión la cantidad de infecciones reales. Y todos sabemos que evaluar la gravedad de la pandemia es crucial para identificar estrategias de mitigación adecuadas.
La zona sumergida del iceberg COVID-19
"Sin embargo, las proporciones crudas de fatalidad de los casos obtenidos al dividir el número de muertes por el número de casos pueden ser engañosas", escriben los autores. Esto se debe a que puede llevar un par de semanas que una persona desarrolle síntomas; posteriormente el caso se detecta y, finalmente, se informa y contabiliza.
La demora en las pruebas y la falta de ellas pueden explicar por qué algunos países europeos como Italia y España están experimentando un número de víctimas mucho mayor que casos confirmados de coronavirus. Según sus cálculos, el número de contagiados reales en España sería de más de 5 millones (nuestro país solo detecta el 1,7% de los casos, según el estudio) e Italia alrededor de 2 millones.
Gran parte de los datos que nos informan de las estimaciones globales de la tasa de letalidad proceden del brote temprano en Wuhan, China. Debido a que el sistema de salud en esta ciudad se vio rápidamente desbordado, los autores sugieren que hay una subestimación sustancial de los casos en grupos de edad más jóvenes en comparación con otros lugares de China.
"Es probable que el índice de letalidad esté fuertemente influenciado por la disponibilidad de instalaciones de atención médica", añaden los expertos.
El volumen total de infecciones en el mundo debe estar ahora en las decenas de millones
Los investigadores pronostican que con la propagación continua de COVID-19 y la proporción de personas que requieren hospitalización, "incluso los sistemas de atención médica más avanzados probablemente se vean abrumados".
"Estos resultados representan que los gobiernos y los encargados de formular políticas deben tener mucho cuidado al interpretar los números de casos con fines de planificación", aclara Sebastian Vollmer, profesor de economía del desarrollo de la Universidad de Gotinga en cuanto a la cantidad y calidad de las pruebas realizadas en los distintos países; los registros de casos oficiales no son informativos y no brindan información útil".
En España
En España, el Ministerio de Sanidad ha admitido que gran parte de los infectados no están registrados. Al menos 15 de cada 16 afectados por el coronavirus en España no está contabilizado, de ahí que se vaya a efectuar una campaña masiva de pruebas para tener una imagen más realista de la incidencia de la COVID-19 fuera de los hospitales.
Sarah Romero – MUY INTERESANTE
08/04/2020
Aunque la estimación de los casos confirmados de COVID-19 ha alcanzado casi 1,4 millones de personas al momento de esta publicación, el número real de casos podría haber alcanzado varias decenas de millones, según un nuevo estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Gotinga y publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases.
Así, los casos confirmados para la nueva enfermedad por coronavirus emitida oficialmente por países y ampliamente difundida por los medios de comunicación nacionales e internacionales subestima dramáticamente la verdadera cantidad de infecciones.
Los expertos utilizaron estimaciones de la mortalidad y el tiempo hasta la muerte de COVID-19 de otro estudio reciente para probar la calidad de los registros de casos oficiales. Sus datos muestran que los países apenas han descubierto en promedio alrededor del 6% de las infecciones por coronavirus y que el verdadero número de personas infectadas en todo el mundo ya puede haber alcanzado varias decenas de millones.
Debido a los diferentes retrasos e insuficiencias en las pruebas o tests en diferentes países, los números podrían no reflejar con precisión la cantidad de infecciones reales. Y todos sabemos que evaluar la gravedad de la pandemia es crucial para identificar estrategias de mitigación adecuadas.
La zona sumergida del iceberg COVID-19
"Sin embargo, las proporciones crudas de fatalidad de los casos obtenidos al dividir el número de muertes por el número de casos pueden ser engañosas", escriben los autores. Esto se debe a que puede llevar un par de semanas que una persona desarrolle síntomas; posteriormente el caso se detecta y, finalmente, se informa y contabiliza.
La demora en las pruebas y la falta de ellas pueden explicar por qué algunos países europeos como Italia y España están experimentando un número de víctimas mucho mayor que casos confirmados de coronavirus. Según sus cálculos, el número de contagiados reales en España sería de más de 5 millones (nuestro país solo detecta el 1,7% de los casos, según el estudio) e Italia alrededor de 2 millones.
Gran parte de los datos que nos informan de las estimaciones globales de la tasa de letalidad proceden del brote temprano en Wuhan, China. Debido a que el sistema de salud en esta ciudad se vio rápidamente desbordado, los autores sugieren que hay una subestimación sustancial de los casos en grupos de edad más jóvenes en comparación con otros lugares de China.
"Es probable que el índice de letalidad esté fuertemente influenciado por la disponibilidad de instalaciones de atención médica", añaden los expertos.
El volumen total de infecciones en el mundo debe estar ahora en las decenas de millones
Los investigadores pronostican que con la propagación continua de COVID-19 y la proporción de personas que requieren hospitalización, "incluso los sistemas de atención médica más avanzados probablemente se vean abrumados".
"Estos resultados representan que los gobiernos y los encargados de formular políticas deben tener mucho cuidado al interpretar los números de casos con fines de planificación", aclara Sebastian Vollmer, profesor de economía del desarrollo de la Universidad de Gotinga en cuanto a la cantidad y calidad de las pruebas realizadas en los distintos países; los registros de casos oficiales no son informativos y no brindan información útil".
En España
En España, el Ministerio de Sanidad ha admitido que gran parte de los infectados no están registrados. Al menos 15 de cada 16 afectados por el coronavirus en España no está contabilizado, de ahí que se vaya a efectuar una campaña masiva de pruebas para tener una imagen más realista de la incidencia de la COVID-19 fuera de los hospitales.
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TEMAS GENERALES DE MICROBIOLOGÍA
SI NO SANAMOS EL CLIMA, VOLVEREMOS A ENFERMAR
Autor: Fernando Valladares
Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (MNCN-CSIC), España
Reporte Epidemiológico de Córdoba (REC 2303)
02/04/2020
Sumidos en un confinamiento y en una crisis sanitaria sin precedentes, nos afanamos en encontrar fármacos y vacunas para la enfermedad por el coronavirus 2019 (COVID-19). Estudiamos el funcionamiento del virus y su ciclo vital, valorando las distintas hipótesis sobre su origen. Pero lo que resulta indiscutible es que son nuestros hábitos y comportamientos los que nos ponen en peligro. Porque detrás de esta pandemia está la destrucción de la naturaleza. No hay sistema sanitario ni fuerzas de seguridad de ningún estado que pueda brindarnos la protección que nos brinda la naturaleza. Una naturaleza que, eso sí, sea rica en especies y que funcione bien.
La biodiversidad, escudo ante los virus
Hace quince años se aportaron las primeras indicaciones científicas sobre la función protectora de la biodiversidad. Gracias a efectos como la dilución de la carga viral y la amortiguación del contagio, la biodiversidad es una inmensa y eficaz barrera para las zoonosis. Se ha visto en multitud de casos prácticos, desde la influenza aviar a la enfermedad de Lyme, que han ido corroborando y reforzando los primeros estudios teóricos y las primeras simulaciones epidemiológicas. Cada día comprendemos mejor el origen de la actual pandemia. Los estudios moleculares permiten desentrañar algunos de los pasos claves en esta zoonosis: originada muy probablemente en los murciélagos, pasó en algún momento a los pangolines y de estos al ser humano. El SARS-CoV-2 ha coevolucionado largo tiempo con el murciélago de forma que cuando este está sano, la carga viral es mínima. Sin embargo, en estados de estrés, como cuando se le persigue, caza y manipula, el sistema inmune del animal se deprime y la carga viral se dispara. Les ocurre algo similar a los demás hospedadores como el pangolín, objeto de caza y tráfico ilegal en muchas regiones de Asia y de África. Es en esa situación, con el hospedador inmunodeprimido alcanzando una alta carga viral, cuando el virus resulta más peligroso para el ser humano.
Así nos protege la naturaleza
Una naturaleza sana, de ecosistemas funcionales y ricos en especies nos protege de una manera muy amplia ante infecciones por patógenos. No solo a través de la biodiversidad. Por ejemplo, la naturaleza puede frenar el polvo del desierto y reducir la contaminación atmosférica, dos vehículos que propagan virus12 y que acentúan los síntomas respiratorios13 en los pacientes afectados por la COVID-19. Cuando incorporamos el cambio climático en la ecuación, la naturaleza tiene menos margen para atenuar impactos y proteger nuestra salud. Este fenómeno global no solo lleva a muchos bosques a flaquear en su función de sumideros de carbono, sino que los hace más propensos a incendios de grandes dimensiones, como los ocurridos recientemente en Australia. El humo afectó a 80% de la población del país14. Pero el problema no lo tuvieron solo los australianos. Como ocurre ahora con la pandemia, el humo recorrió rápidamente el planeta. No hay organización nacional o internacional que pueda prevenir que el humo de los incendios llegue a las principales ciudades del mundo en diez días, acentuando sus problemas de contaminación. Del mismo modo, no hay industria ni empresa capaz de reducir los gases con efecto invernadero en la medida en que lo hacen los bosques tropicales. Las funciones que una naturaleza sana hace por nosotros, entre ellas la de protegernos de zoonosis, son impagables.
Globalización y migraciones climáticas
Buena parte del problema con las zoonosis actuales es la globalización, que implica rápidos y masivos movimientos de la población humana. Por eso, las medidas más eficaces y urgentes que se han tomado han sido relacionadas con la limitación a los movimientos de personas. Pero quizá se nos olvida que el cambio climático lleva décadas amplificando movimientos migratorios a gran escala en diversas regiones del planeta. El fenómeno no solo dispara migraciones de regiones africanas o tropicales a Europa o Estados Unidos, sino que también las dispara dentro de estas zonas. Ya ocurre en Europa. Los movimientos provocados por causas ambientales generan, a su vez, graves problemas naturales, sociales y sanitarios.
La crisis climática sigue ahí
El confinamiento puede servirnos para aprender y reflexionar sobre el día después. Últimamente escuchamos el mantra de que todos nuestros esfuerzos ahora servirán para recuperar la normalidad pronto. Pero ¿Qué normalidad? ¿La que nos trajo aquí? ¿La normalidad que favorece pandemias, que destruye ecosistemas, que provoca el cambio climático, que genera desigualdad social y se basa en un modelo económico insostenible? En China vuelven ya a quemar carbón para generar energía, y más que antes si puede ser, porque su objetivo es relanzar la economía sin reparar en costos ambientales. La pandemia nos muestra con crudeza cuan sensibles somos a un medio natural que no funcione bien. La situación actual debería servir de ensayo para repensar una gran crisis que nos está esperando, que no cesa y que es aún más compleja de gestionar y atajar que la pandemia de la COVID-19: la del cambio climático. Los políticos no se ponen de acuerdo en las cumbres mundiales del clima, pero cada uno en su país y a su manera acaba convergiendo en relanzar una y otra vez la economía al modo tradicional. Si vamos a trabajar en no volver a esa normalidad inviable, sino a una nueva normalidad más en equilibrio con la naturaleza y sostenible en el tiempo, es necesario cuestionar profundamente el marco social y económico en el que nos movemos. Nadie querrá sufrir otra pandemia en unos meses. Una pandemia que, según la Organización Mundial de la Salud, puede ser mucho más letal que la de la COVID-19. En la ecuación de la biosfera, Homo sapiens no puede acaparar una cuota tan grande de recursos ni generar cambios ambientales a una tasa tan superior a la velocidad de regeneración y recuperación de los ecosistemas. Será solo mediante la mirada común de todos, expertos y no expertos, economistas, biólogos, médicos, matemáticos y sociólogos, como abordaremos un día después realmente diferente y con esperanzas fundadas de no caer en otro confinamiento a los pocos meses de salir de este.
Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (MNCN-CSIC), España
Reporte Epidemiológico de Córdoba (REC 2303)
02/04/2020
Sumidos en un confinamiento y en una crisis sanitaria sin precedentes, nos afanamos en encontrar fármacos y vacunas para la enfermedad por el coronavirus 2019 (COVID-19). Estudiamos el funcionamiento del virus y su ciclo vital, valorando las distintas hipótesis sobre su origen. Pero lo que resulta indiscutible es que son nuestros hábitos y comportamientos los que nos ponen en peligro. Porque detrás de esta pandemia está la destrucción de la naturaleza. No hay sistema sanitario ni fuerzas de seguridad de ningún estado que pueda brindarnos la protección que nos brinda la naturaleza. Una naturaleza que, eso sí, sea rica en especies y que funcione bien.
La biodiversidad, escudo ante los virus
Hace quince años se aportaron las primeras indicaciones científicas sobre la función protectora de la biodiversidad. Gracias a efectos como la dilución de la carga viral y la amortiguación del contagio, la biodiversidad es una inmensa y eficaz barrera para las zoonosis. Se ha visto en multitud de casos prácticos, desde la influenza aviar a la enfermedad de Lyme, que han ido corroborando y reforzando los primeros estudios teóricos y las primeras simulaciones epidemiológicas. Cada día comprendemos mejor el origen de la actual pandemia. Los estudios moleculares permiten desentrañar algunos de los pasos claves en esta zoonosis: originada muy probablemente en los murciélagos, pasó en algún momento a los pangolines y de estos al ser humano. El SARS-CoV-2 ha coevolucionado largo tiempo con el murciélago de forma que cuando este está sano, la carga viral es mínima. Sin embargo, en estados de estrés, como cuando se le persigue, caza y manipula, el sistema inmune del animal se deprime y la carga viral se dispara. Les ocurre algo similar a los demás hospedadores como el pangolín, objeto de caza y tráfico ilegal en muchas regiones de Asia y de África. Es en esa situación, con el hospedador inmunodeprimido alcanzando una alta carga viral, cuando el virus resulta más peligroso para el ser humano.
Así nos protege la naturaleza
Una naturaleza sana, de ecosistemas funcionales y ricos en especies nos protege de una manera muy amplia ante infecciones por patógenos. No solo a través de la biodiversidad. Por ejemplo, la naturaleza puede frenar el polvo del desierto y reducir la contaminación atmosférica, dos vehículos que propagan virus12 y que acentúan los síntomas respiratorios13 en los pacientes afectados por la COVID-19. Cuando incorporamos el cambio climático en la ecuación, la naturaleza tiene menos margen para atenuar impactos y proteger nuestra salud. Este fenómeno global no solo lleva a muchos bosques a flaquear en su función de sumideros de carbono, sino que los hace más propensos a incendios de grandes dimensiones, como los ocurridos recientemente en Australia. El humo afectó a 80% de la población del país14. Pero el problema no lo tuvieron solo los australianos. Como ocurre ahora con la pandemia, el humo recorrió rápidamente el planeta. No hay organización nacional o internacional que pueda prevenir que el humo de los incendios llegue a las principales ciudades del mundo en diez días, acentuando sus problemas de contaminación. Del mismo modo, no hay industria ni empresa capaz de reducir los gases con efecto invernadero en la medida en que lo hacen los bosques tropicales. Las funciones que una naturaleza sana hace por nosotros, entre ellas la de protegernos de zoonosis, son impagables.
Globalización y migraciones climáticas
Buena parte del problema con las zoonosis actuales es la globalización, que implica rápidos y masivos movimientos de la población humana. Por eso, las medidas más eficaces y urgentes que se han tomado han sido relacionadas con la limitación a los movimientos de personas. Pero quizá se nos olvida que el cambio climático lleva décadas amplificando movimientos migratorios a gran escala en diversas regiones del planeta. El fenómeno no solo dispara migraciones de regiones africanas o tropicales a Europa o Estados Unidos, sino que también las dispara dentro de estas zonas. Ya ocurre en Europa. Los movimientos provocados por causas ambientales generan, a su vez, graves problemas naturales, sociales y sanitarios.
La crisis climática sigue ahí
El confinamiento puede servirnos para aprender y reflexionar sobre el día después. Últimamente escuchamos el mantra de que todos nuestros esfuerzos ahora servirán para recuperar la normalidad pronto. Pero ¿Qué normalidad? ¿La que nos trajo aquí? ¿La normalidad que favorece pandemias, que destruye ecosistemas, que provoca el cambio climático, que genera desigualdad social y se basa en un modelo económico insostenible? En China vuelven ya a quemar carbón para generar energía, y más que antes si puede ser, porque su objetivo es relanzar la economía sin reparar en costos ambientales. La pandemia nos muestra con crudeza cuan sensibles somos a un medio natural que no funcione bien. La situación actual debería servir de ensayo para repensar una gran crisis que nos está esperando, que no cesa y que es aún más compleja de gestionar y atajar que la pandemia de la COVID-19: la del cambio climático. Los políticos no se ponen de acuerdo en las cumbres mundiales del clima, pero cada uno en su país y a su manera acaba convergiendo en relanzar una y otra vez la economía al modo tradicional. Si vamos a trabajar en no volver a esa normalidad inviable, sino a una nueva normalidad más en equilibrio con la naturaleza y sostenible en el tiempo, es necesario cuestionar profundamente el marco social y económico en el que nos movemos. Nadie querrá sufrir otra pandemia en unos meses. Una pandemia que, según la Organización Mundial de la Salud, puede ser mucho más letal que la de la COVID-19. En la ecuación de la biosfera, Homo sapiens no puede acaparar una cuota tan grande de recursos ni generar cambios ambientales a una tasa tan superior a la velocidad de regeneración y recuperación de los ecosistemas. Será solo mediante la mirada común de todos, expertos y no expertos, economistas, biólogos, médicos, matemáticos y sociólogos, como abordaremos un día después realmente diferente y con esperanzas fundadas de no caer en otro confinamiento a los pocos meses de salir de este.
"NO ES UNA CREACIÓN DE LABORATORIO": CÓMO LOS CIENTÍFICOS DEMOSTRARON EL ORIGEN NATURAL DEL VIRUS QUE CAUSA COVID-19
Alejandro Millán Valencia - BBC Mundo
BBC News Mundo 6 de abril de 2020
Los científicos descartaron totalmente que el SARS-CoV-2, el virus que causa el covid-19, hubiera sido creado en un laboratorio.
La pandemia del covid-19, que ya ha dejado más de un millón de personas contagiadas y más 60.000 muertos, ha transformado el mundo tal como lo conocimos.
Y, quizá inevitablemente por su tremendo impacto, ha alimentado una serie de teorías conspirativas que surgieron poco después de que se dieran a conocer los primeros casos en China, en enero de este año.
La mayoría de ellas se centra en dos hipótesis: la primera, que el nuevo coronavirus fue creado en un laboratorio chino y esparcido como arma biológica en contra de otras potencias.
Y la segunda, que ese mismo virus sintético había logrado escapar, como consecuencia de la negligencia de los investigadores chinos, y que empezó así a propagarse por el mundo.
Quienes las defienden argumentan que existen virus sintéticos -necesarios para la investigación científica- y que ya en el pasado se han dado filtraciones de laboratorios considerados de alta seguridad.
Y que además, en Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia, se encuentra un instituto de virología que contiene varios virus de alta mortalidad y está situado cerca del mercado señalado como foco inicial de la pandemia.
Pero un grupo de científicos acaba de desmentir dichas creencias.
Los investigadores lograron establecer que el SARS-CoV-2 (el nombre del virus que causa el covid-19) no es una invención humana, sino que es producto de la naturaleza.
"Pudimos determinar, a partir de decodificar el material genético del nuevo coronavirus, que no se trata de una creación de laboratorio, sino que es producto de la evolución natural", le dijo a BBC Mundo el doctor Robert E. Garry, profesor de la Universidad de Tulane, EE.UU., y uno de los miembros del equipo de investigación.
Esta afirmación echa por tierra la teoría de que el nuevo coronavirus es un "arma biológica" creada por el hombre.
"Pudimos establecer que, a partir de las características genéticas del SARS-CoV-2, es imposible que alguien pudiera haberlo creado en un laboratorio", agregó.
Y para llegar a esa conclusión tuvieron que analizar el material genético del nuevo coronavirus y compararlo con los virus que actualmente están en los laboratorios de virología.
Mapa genético
Al principio de la pandemia, todo era confusión: no se sabía muy bien qué estaba causando los cuadros fatales de pulmonía en decenas de pacientes en China.
Después se despejó el panorama: se estableció que se trataba de un nuevo virus, el SARS-CoV-2. Pero ¿de dónde había salido?
Como lo señala el equipo de investigación, liderado por el infectólogo californiano Kristian Andersen y con expertos de distintos países, su objetivo fue desde el principio desmontar parte de las teorías que señalaban una premeditación en la creación de la pandemia. En otras palabras, que el hombre estuviera involucrado en ella.
"Si se tratara de una construcción de laboratorio, se tendría que haber utilizado un virus previamente conocido como plantilla. El virus más cercano al SARS-CoV-2 es un virus de murciélago que fue secuenciado después de que comenzó la pandemia", anotó Garry.
"Además, ese virus de murciélago es solo un 96% similar al SARS-CoV-2. No es posible completar esa distancia genética (4%) en un laboratorio", añadió el científico.
Después de varios análisis hechos por los investigadores, el equipo llegó a la "firme conclusión" de que el nuevo virus tenía un origen totalmente natural, según señalaron en los resultados de su ensayo, publicados con el título "Una aproximación al origen del SARS-CoV-2" en la edición de marzo de la revista Nature Medicine.
"Comparamos todos los virus que podían servir como plantilla, incluidos estos que fueron hallados en el pangolín y los murciélagos, y los cálculos de la computadora señalan que no se hubiera podido crear en un laboratorio un virus que tuviera esta capacidad de infección", explicó el investigador.
"La naturaleza encontró una mejor manera que cualquiera que un humano hubiera podido diseñar", agregó Garry.
Para el experto y su equipo, además de porque desechan las teorías conspirativas sobre el origen y la intención de propagar el virus, las conclusiones de la investigaciones son fundamentales para conocer cómo evolucionan este tipo virus.
"Ahora somos conscientes de que existe una nueva posible forma de generar coronavirus que pueden afectar al ser humano: la combinación entre dos coronavirus en la naturaleza", señaló Garry.
"Ya sabemos que el SARS-CoV clásico y el MERS -otro virus que produce afecciones respiratorias- saltan de los animales a los humanos sin cambios. Ahora conocemos también que los coronavirus de animales pueden recombinarse para hacer nuevos coronavirus que representan amenazas de pandemia, como lo estamos viendo", explicó.
Y concluyó: "Caracterizar los coronavirus en animales, especialmente en murciélagos, es una alta prioridad".
Otros hallazgos
Este hallazgo del equipo de Andersen fue validado por otros científicos que no formaron parte de la investigación.
"El informe habla sobre un sistema genético inverso, que es básicamente cómo se puede observar el virus y luego modificarlo", le dijo Josie Golding, jefa de epidemiología de la organización Wellcome Trust, al diario británico The Telegraph.
"Pero por la forma en que este virus ha evolucionado, ninguno de los sistemas genéticos inversos conocidos se aplica. Esto pone fin a cualquier especulación sobre una ingeniería genética deliberada", añadió.
Las conclusiones les permitieron a los investigadores aportar más indicios a la teoría de que el virus fue transmitido de los animales a los hombres.
"Podemos sugerir, a partir de lo que hemos hallado en nuestros análisis, dos escenarios sobre el origen del virus: primero, que podría haber un proceso de selección natural en un huésped animal antes de la transferencia zoonótica (es decir, de animales a humanos)", señala el texto publicado en Nature Medicine.
"Y el segundo, que se pudo haber producido una selección natural en humanos después de la transferencia zoonótica, donde también pudo ocurrir un proceso de selección natural durante el pasaje, lo que podría haber dado lugar a SARS-CoV-2", concluye el informe.
BBC News Mundo 6 de abril de 2020
Los científicos descartaron totalmente que el SARS-CoV-2, el virus que causa el covid-19, hubiera sido creado en un laboratorio.
La pandemia del covid-19, que ya ha dejado más de un millón de personas contagiadas y más 60.000 muertos, ha transformado el mundo tal como lo conocimos.
Y, quizá inevitablemente por su tremendo impacto, ha alimentado una serie de teorías conspirativas que surgieron poco después de que se dieran a conocer los primeros casos en China, en enero de este año.
La mayoría de ellas se centra en dos hipótesis: la primera, que el nuevo coronavirus fue creado en un laboratorio chino y esparcido como arma biológica en contra de otras potencias.
Y la segunda, que ese mismo virus sintético había logrado escapar, como consecuencia de la negligencia de los investigadores chinos, y que empezó así a propagarse por el mundo.
Quienes las defienden argumentan que existen virus sintéticos -necesarios para la investigación científica- y que ya en el pasado se han dado filtraciones de laboratorios considerados de alta seguridad.
Y que además, en Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia, se encuentra un instituto de virología que contiene varios virus de alta mortalidad y está situado cerca del mercado señalado como foco inicial de la pandemia.
Pero un grupo de científicos acaba de desmentir dichas creencias.
Los investigadores lograron establecer que el SARS-CoV-2 (el nombre del virus que causa el covid-19) no es una invención humana, sino que es producto de la naturaleza.
"Pudimos determinar, a partir de decodificar el material genético del nuevo coronavirus, que no se trata de una creación de laboratorio, sino que es producto de la evolución natural", le dijo a BBC Mundo el doctor Robert E. Garry, profesor de la Universidad de Tulane, EE.UU., y uno de los miembros del equipo de investigación.
Esta afirmación echa por tierra la teoría de que el nuevo coronavirus es un "arma biológica" creada por el hombre.
"Pudimos establecer que, a partir de las características genéticas del SARS-CoV-2, es imposible que alguien pudiera haberlo creado en un laboratorio", agregó.
Y para llegar a esa conclusión tuvieron que analizar el material genético del nuevo coronavirus y compararlo con los virus que actualmente están en los laboratorios de virología.
Mapa genético
Al principio de la pandemia, todo era confusión: no se sabía muy bien qué estaba causando los cuadros fatales de pulmonía en decenas de pacientes en China.
Después se despejó el panorama: se estableció que se trataba de un nuevo virus, el SARS-CoV-2. Pero ¿de dónde había salido?
Como lo señala el equipo de investigación, liderado por el infectólogo californiano Kristian Andersen y con expertos de distintos países, su objetivo fue desde el principio desmontar parte de las teorías que señalaban una premeditación en la creación de la pandemia. En otras palabras, que el hombre estuviera involucrado en ella.
"Si se tratara de una construcción de laboratorio, se tendría que haber utilizado un virus previamente conocido como plantilla. El virus más cercano al SARS-CoV-2 es un virus de murciélago que fue secuenciado después de que comenzó la pandemia", anotó Garry.
"Además, ese virus de murciélago es solo un 96% similar al SARS-CoV-2. No es posible completar esa distancia genética (4%) en un laboratorio", añadió el científico.
Después de varios análisis hechos por los investigadores, el equipo llegó a la "firme conclusión" de que el nuevo virus tenía un origen totalmente natural, según señalaron en los resultados de su ensayo, publicados con el título "Una aproximación al origen del SARS-CoV-2" en la edición de marzo de la revista Nature Medicine.
"Comparamos todos los virus que podían servir como plantilla, incluidos estos que fueron hallados en el pangolín y los murciélagos, y los cálculos de la computadora señalan que no se hubiera podido crear en un laboratorio un virus que tuviera esta capacidad de infección", explicó el investigador.
"La naturaleza encontró una mejor manera que cualquiera que un humano hubiera podido diseñar", agregó Garry.
Para el experto y su equipo, además de porque desechan las teorías conspirativas sobre el origen y la intención de propagar el virus, las conclusiones de la investigaciones son fundamentales para conocer cómo evolucionan este tipo virus.
"Ahora somos conscientes de que existe una nueva posible forma de generar coronavirus que pueden afectar al ser humano: la combinación entre dos coronavirus en la naturaleza", señaló Garry.
"Ya sabemos que el SARS-CoV clásico y el MERS -otro virus que produce afecciones respiratorias- saltan de los animales a los humanos sin cambios. Ahora conocemos también que los coronavirus de animales pueden recombinarse para hacer nuevos coronavirus que representan amenazas de pandemia, como lo estamos viendo", explicó.
Y concluyó: "Caracterizar los coronavirus en animales, especialmente en murciélagos, es una alta prioridad".
Otros hallazgos
Este hallazgo del equipo de Andersen fue validado por otros científicos que no formaron parte de la investigación.
"El informe habla sobre un sistema genético inverso, que es básicamente cómo se puede observar el virus y luego modificarlo", le dijo Josie Golding, jefa de epidemiología de la organización Wellcome Trust, al diario británico The Telegraph.
"Pero por la forma en que este virus ha evolucionado, ninguno de los sistemas genéticos inversos conocidos se aplica. Esto pone fin a cualquier especulación sobre una ingeniería genética deliberada", añadió.
Las conclusiones les permitieron a los investigadores aportar más indicios a la teoría de que el virus fue transmitido de los animales a los hombres.
"Podemos sugerir, a partir de lo que hemos hallado en nuestros análisis, dos escenarios sobre el origen del virus: primero, que podría haber un proceso de selección natural en un huésped animal antes de la transferencia zoonótica (es decir, de animales a humanos)", señala el texto publicado en Nature Medicine.
"Y el segundo, que se pudo haber producido una selección natural en humanos después de la transferencia zoonótica, donde también pudo ocurrir un proceso de selección natural durante el pasaje, lo que podría haber dado lugar a SARS-CoV-2", concluye el informe.
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TEMAS GENERALES DE MICROBIOLOGÍA
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