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miércoles, 17 de febrero de 2021

PAÍSES DE TODO EL MUNDO FALLARON EN RESPONDER RÁPIDAMENTE A LA COVID-19

19/01/2021 OMS Un panel de expertos independientes designados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo ser “dolorosamente consciente” de que a pesar de que se previó durante décadas, tanto China como los demás países del mundo no estaban preparados para responder rápido a una pandemia como la de la COVID-19, y pidió un nuevo marco sanitario mundial que proteja a la humanidad en el futuro. Las autoridades sanitarias locales y nacionales de China pudieron haber aplicado medidas de salud pública más contundentes en enero y no lo hicieron, así como los demás países que detectaron casos probables a comienzos de 2020, asegura el informe preliminar del Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia. El grupo de expertos internacionales designados por la OMS para evaluar la respuesta al COVID-19 de los líderes mundiales y de la propia agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU), expresó que, según la información analizada, solo unos pocos países aprovecharon plenamente los datos disponibles para responder ante las pruebas de una epidemia emergente. “Durante la reunión de información técnica celebrada el 4 de febrero de 2020 en el marco de su Consejo Ejecutivo, la OMS informó que había más de 12.000 casos confirmados en China y solo 176 casos en el resto del mundo, prueba definitiva de la existencia de la transmisión de persona a persona y señal clara para todos los países, incluso para aquellos con pocos casos, de la necesidad de actuar con rapidez para contener la propagación. Esa señal fue desatendida en demasiados países”, aseguró el informe. En general, y según el análisis de la cronología inicial de las primeras fases del brote, todo indica que podría haberse reaccionado más rápidamente cuando aparecieron los primeros signos mediante una respuesta reforzada e inmediata ante la nueva información sobre la propagación del virus. “Si se hubiese aplicado el principio de precaución en relación con los primeros datos indicativos, pero no confirmados de transmisión de persona a persona y de transmisión asintomática, tanto la OMS como las autoridades nacionales y locales podrían haber emitido advertencias más oportunas y firmes sobre la posible transmisión entre personas”, aseguró el panel. ERRORES EN LA RESPUESTA Los expertos agregan que “ésta claro” que el volumen de infecciones en el primer período de la epidemia en todos los países fue superior al comunicado. “La consiguiente falta de visibilidad sobre gran parte de la epidemia facilitó su propagación mundial: las simulaciones realizadas muestran que las conexiones de tráfico aéreo predecían la difusión mundial del virus durante la fase temprana de la epidemia”, detallaron. Según el informe, existen pruebas procedentes de Wuhan de que, gracias a la secuenciación local, comercial y de última generación llevada a cabo a fines de diciembre de 2019 se obtuvieron los primeros indicios de un nuevo virus responsable de los casos de neumonía de origen desconocido observados clínicamente. “Eso pone de relieve la posibilidad de otorgar un papel más importante a esas técnicas relativamente económicas, las cuales pueden mejorar con los avances técnicos en secuenciación paralela para obtener resultados fiables y de alto rendimiento por una fracción de los costos anteriores”, afirmaron. El Grupo también resalta que, a partir de esto, es claro que las autoridades sanitarias locales y nacionales de China podrían haber aplicado medidas de salud pública más contundentes en enero. “También está claro para el Grupo que a fines de enero de 2020 ya había pruebas de casos en varios países. Todos los países que detectaron casos probables deberían haber aplicado medidas de contención de salud pública inmediatas. No lo hicieron”, explicaron. EL COMITÉ DE EMERGENCIAS El panel dice que “no está claro” por qué el Comité de Emergencias convocado por la OMS en virtud del Reglamento Sanitario Internacional (2005) no se reunió hasta el 22 de enero, “ni tampoco por qué no pudo ponerse de acuerdo sobre la declaración de una emergencia de salud pública de importancia internacional en su primera reunión”. Los expertos señalan que, a pesar de que el 30 de enero se declaró la emergencia, “el grado en que los países respondieron a esa declaración no fue el esperado”. El Grupo sigue estudiando qué medidas podría haber adoptado la OMS y los diferentes actores regionales, nacionales y locales para que la respuesta en los países hubiese sido más contundente, en particular en el período comprendido entre principios de febrero y principios de marzo de 2020. Los expertos también se preguntan si habría sido de ayuda el que la OMS hubiese utilizado el término “pandemia” con anterioridad. “Aunque ese término no se utiliza ni se define en el Reglamento Sanitario Internacional, su uso sirve para llamar la atención sobre la gravedad de un problema de salud. La OMS no utilizó ese término hasta el 11 de marzo”, aseguraron. El Grupo registró un total de casi 900 recomendaciones publicadas por la OMS, sus oficinas regionales y otras organizaciones internacionales desde el 1 de enero hasta el 14 de noviembre de 2020. Esas recomendaciones son principalmente orientaciones técnicas, como informes técnicos, científicos y de política, consideraciones, orientaciones provisionales y de evaluación de riesgos, notas descriptivas y protocolos, listas de verificación y otras herramientas preparadas para gobiernos, autoridades de salud pública y trabajadores de la salud de primera línea. EL MUNDO NO ESTABA PREPARADO El Grupo independiente de preparación y respuesta frente a las pandemias aseguró ser “dolorosamente consciente” de que el mundo no estaba preparado para la pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19), y aunque su investigación continúa, emitió una lista de recomendaciones que deben ser atendidas de “manera decisiva y eficaz” de cara a las posibles pandemias en el futuro: • Se deben aplicar de modo integral las medidas de salud pública que frenarían la pandemia Las intervenciones no farmacéuticas, como la detección temprana de casos, el rastreo y aislamiento de contactos, el distanciamiento físico, la imposición de limitaciones a los viajes y a las reuniones de personas y el uso de barbijo, son eficaces, recordaron los expertos. “Deben seguir aplicándose a gran escala, aun cuando se estén implantando las vacunaciones. En demasiados países, el incumplimiento de estas medidas sigue cobrándose un tributo inaceptable en número de muertos, enfermos y contagios continuos. Las medidas de protección social centradas en subsanar la vulnerabilidad conferirán más eficacia a estas medidas de salud pública y a la vez reducirán los factores de riesgo”, aseguraron. • La respuesta a la pandemia debe corregir, y no acentuar, las desigualdades El panel afirmó que las desigualdades entre las naciones y dentro de ellas se han ido agravando a medida que, en diversos países, las personas vulnerables y marginadas se quedaban sin acceso a la atención sanitaria, no solo en cuanto al tratamiento de la COVID-19, sino también porque la saturación de los sistemas de salud ha cerrado las puertas de la atención y los servicios básicos de salud a muchas personas. También detalló que hay grandes diferencias entre los países en cuanto al nivel de acceso a medios de diagnóstico, tratamientos y suministros esenciales. “No será posible aprovechar al máximo el potencial que ofrecen las vacunas si se deja que los criterios para determinar quién accede a ellas sean dictados por el poder económico y los estrechos intereses nacionales, y no por los principios básicos de justicia y de una distribución que optimice los resultados de salud pública. No podemos permitir que arraigue el principio de que resulta aceptable que los países de ingresos altos puedan vacunar a 100% de su población mientras los países más pobres deben arreglárselas con una cobertura de apenas 20%”, aseguraron. En el informe se destaca que la COVID-19 no comenzó en los países más pobres, pero estos sufren enormes daños colaterales y necesitan más solidaridad y apoyo de la comunidad internacional. • El sistema mundial de alerta de pandemia no cumple su función “Hay componentes básicos del sistema que son lentos, engorrosos y poco resolutivos”, aseguró el grupo de expertos, diciendo que ha sido informado de que la mayoría de las alertas referidas a brotes llegan a la OMS por las noticias o las redes sociales y sabe que se han creado plataformas destinadas a reunir información sobre epidemias proveniente de fuentes no tradicionales o de acceso abierto. Globalmente, los procedimientos y protocolos que acompañan al Reglamento Sanitario Internacional, en particular los que llevan a declarar una emergencia de salud pública de importancia internacional, “parecen provenir de una era analógica ya superada”, por lo que es preciso incorporarlos a la era digital. “Para poder reaccionar con la celeridad necesaria para afrontar el riesgo de epidemia, esto es, en días en lugar de semanas, se requiere un sistema de información distribuida, alimentado por personal de laboratorios y dispensarios locales y apoyado por herramientas de obtención instantánea de datos y de adopción de decisiones. Esta modernización técnica debe acompañarse de un punto de inflexión político por lo que respecta a la voluntad de los países de responsabilizarse de la adopción de todas las medidas necesarias en cuanto se emita una alerta”, alertaron. • No se tomaron en serio los ya conocidos riesgos existenciales que plantea la amenaza pandémica Las crisis pandémicas anteriores han dado pie a numerosas evaluaciones, cuadros de expertos y comisiones que han formulado muchas recomendaciones para reforzar los procesos de preparación y respuesta, demasiadas de las cuales nunca se tradujeron en hechos, afirmaron los expertos. “Hubo un fracaso generalizado a la hora de tomar en serio el riesgo existencial que la amenaza pandémica entraña para la humanidad y su lugar en el futuro del planeta. En vez de efectuar evaluaciones de riesgos y poner manos a la obra con visión de futuro, la reacción colectiva se ha resumido en una suma de buenos deseos”, aseguraron Según el panel, la crisis demuestra la rapidez con que un nuevo virus puede arruinar décadas de esforzado progreso y de inversiones de futuro. En opinión del Grupo, sería inconcebible que la comunidad internacional volviera a fallar y desoyera una vez más los llamamientos que la instan a prepararse contra la amenaza pandémica. • A la OMS le ha faltado poder para hacer el trabajo que se espera de ella Al Grupo le resultó asombroso que la OMS esté sometida a tan graves limitaciones en su potestad para validar los informes sobre brotes infecciosos atendiendo a su potencial pandémico y para poder desplegar localmente medios de apoyo y contención. “Los incentivos a la cooperación son demasiado endebles para garantizar que los Estados participen en el sistema internacional de manera eficaz, disciplinada, transparente, responsable y oportuna”, expresaron. Las consecuencias de la pandemia deben servir para abrir una de esas oportunidades que se presentan una sola vez por generación: la de que los Estados Miembros reconozcan como algo que redunda en beneficio común el hecho de que el sistema internacional disponga de un conjunto de herramientas debidamente reforzadas para cumplir robustas funciones de alerta de pandemia y contención de brotes. ES HORA DEL CAMBIO El panel recalcó que la pandemia de COVID-19 debe ser el catalizador de una transformación fundamental y sistémica de la preparación para este tipo de eventos, que abarque desde las comunidades locales hasta las más altas esferas internacionales. “Para que un proceso de preparación y respuesta frente a situaciones de pandemia sea eficaz, deben tomar parte en él instituciones de todo el espectro de ámbitos normativos, y no solo de la salud. Hace falta un nuevo marco mundial que apoye la prevención de pandemias y la protección contra ellas. El proceso de dotarse de mayor capacidad para responder eficazmente debe ser visto como una inversión colectiva en la seguridad y el bienestar de todos los humanos”, afirmaron.

martes, 19 de enero de 2021

LOS DINOSAURIOS VAN A DESAPARECER

Tribus y mediocridad | 10 ENE 21 Acerca de cómo el líder y su obediente manada impiden el progreso del conocimiento. El nefasto efecto de las tribus en ciencia consiste en perpetuar la mediocridad del mundo Autor: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed "Soñaste angelitos muy profesionales que iban al grano jugando a los gangsters. Dormís colgado en la rama que soldaste con primor..." Patricio Rey Cuando pensamos en el modo en el que el conocimiento se supera a lo largo del tiempo solemos creer que esa trayectoria es lineal, ascendente y progresiva. Pero no es así. El camino es sinuoso, contradictorio, plagado de errores y retrocesos. Solo al considerar largos periodos, la distancia permite construir la idea del progreso perpetuo. Del mismo modo, cuando reflexionamos acerca de lo que sabemos tenemos la ilusión de una certeza que no es real. Nunca, nadie ha producido una afirmación fáctica de carácter binario (Si/No) equiparable a un 100% de certeza. Siempre son aproximaciones con cierto grado de incertidumbre de índole probabilística. El resto es lógica o matemáticas. Y, la mayoría de las veces: prejuicios, conjeturas admitidas sin crítica o pseudo-verdades cuyo único criterio de validación es el impacto emocional que nos producen. La ilusión del conocimiento es un sesgo intuitivo muy humano, pero muy contraproducente. En ciencia y en medicina (que no es una ciencia) negar la incertidumbre es abrir la puerta a la tempestad del dogmatismo y la arrogancia. La certidumbre no solo inútil, es dañina. Nada menos científico que eso. La humildad cognitiva es un requisito indispensable del conocer. Es imperativo admitir que aceptamos con menos exigencias de prueba toda información que coincida con nuestras creencias previas y que somos más rigurosos para admitir aquella que las contradice y que, en general, rechazamos. Basta leer las revistas médicas o recorrer las aulas de universidades y hospitales para constatar otro fenómeno del que no se suele hablar. Una verdad incómoda y vergonzante. A fuerza de silenciarla terminamos por desconocerla en un patético mecanismo adaptativo. Aceptamos como “normal” lo que juzgamos inevitable solo porque excede nuestra capacidad -o nuestro coraje- para modificarlo. Es una forma larvada de la derrota y la resignación. Muchas veces el progreso del conocimiento se ve obstaculizado por la presencia de figuras de referencia que ocupan lugares de poder desde donde se manipula qué se puede decir y qué no puede ser dicho. Feudos, tribus, círculos cerrados. Dinosaurios que se reproducen en un minúsculo coto endogámico. Las verdades posibles se restringen al estrecho menú que ellos confeccionan. Es un banquete siniestro en el que los comensales creemos elegir el plato que, de todos modos, estamos obligados a elegir. Existen muchas propuesta teóricas que intentan explicar el avance del conocimiento científico, tal vez todas tengan algo de verdad: Thomas Khun, Karl Popper, Imre Lakatos, Mario Bunge, Pierre Bourdieu entre muchos otros han reflexionado sobre el tema. Pero vale la pena recordar especialmente al notable físico alemán Max Planck quien afirmó con ácida ironía que: "Una nueva verdad científica no triunfa por convencer a sus oponentes y hacerles ver la luz, sino porque sus oponentes mueren y una nueva generación crece." Según su criterio la ciencia avanza de a un funeral a la vez. El “principio de Planck” fue sometido a contrastación empírica en un trabajo publicado en 2015 en el National Bureau of Economic Research (Cambridge, Reino Unido) por Pierre Azoulay, Christian Fons-Rosen y Joshua S. Graff Zivin. Mediante una ingeniosa metodología bibliométrica se analizó la publicación de grupos liderados por una figura descollante dentro de un área específica y las modificaciones de esa variable cuando el líder del grupo moría. Sus resultados confirmaron la hipótesis Planck. La hegemonía produce homogeneidad "Lo que Thomas Khun denominó ciencia normal o paradigma dominante, yo prefiero llamarlo con cierta dosis de cinismo: "el club de la mutua admiración", atrapado en el callejón sin salida de la especialización". Vilayanur Ramachandran El instinto coalicional, los grupos o camarillas de poder, las tribus, sectas, clanes, facciones suelen funcionar como aduanas epistemológicas. Los fundamentos no se discuten, lo aceptado por la mayoría hegemónica no admite confrontación. Si alguien se atreve a pensar que las calorías no son las determinantes del sobrepeso, que el inconsciente como lenguaje es una fantasía, que no hay mente sin cerebro, que realizar angioplastias coronarias en pacientes estables no ofrece beneficio alguno, que la conducta ingestiva y el sedentarismo son las consecuencias y no las causas de la obesidad, o si alguien se anima a cuestionar la eficacia del cribado del cáncer mama (mamografía) o de próstata (PSA); si el apóstata deja oír su voz disidente, si expone sus argumentos, no será escuchado ni discutido científicamente; será desterrado del reino. Su propuesta será estigmatizada: “dietas de moda”, “reduccionismo biologicista”, “medicalización”; la descalificación sustituye a la refutación argumentativa. Las disidencias, las desviaciones y anomalías se barren debajo de la alfombra. Pero los hechos son inmunes a las fraternidades y a las logias. No se alcanzan verdades más contundentes por el énfasis con el que se las expresa ni por la pertenencia a grupos en pugna. Se necesitan argumentos, no la obediencia debida al líder ni el asentimiento complaciente de sus subordinados. • Hace pocas semanas el profesor Milton Packer publicó un comentario con motivo de las reacciones desatadas por el estudio ORBITA Este ensayo clínico aleatorizado analizó la evolución de pacientes con angina crónica estable y lesión severa de un vaso bajo tratamiento médico óptimo sometidos a angioplastia coronaria o a una intervención simulada (sham procedure). Ambos grupos tuvieron resultados semejantes respecto de los puntos finales clínicos: alivio de los síntomas y ganancia en su capacidad funcional de ejercicio. • El Dr. Packer se pregunta si estos resultados podrían molestar a algunas personas. Las conclusiones ponen en discusión cientos de miles de procedimientos y millones de dólares gastados. El impacto económico de un cambio de conducta médica podría resultar enorme. Las respuestas no se demoraron, pero no consistieron en discusiones científicas ni en impugnaciones metodológicas, el escenario no fueron los congresos ni las publicaciones médicas. La polémica estalló en las redes sociales con una violencia inusitada. • El investigador principal Darrel Francis del Imperial College en Londres abrió una cuenta de Twitter para defenderse de los ataques. Los pseudo-argumentos esgrimidos rozaron el ridículo, como que: el tratamiento médico de los pacientes del estudio ORBITA era “demasiado bueno”. La cita que más sorprendió a Packer procede del sitio web de TCTMD atribuida a Samir Kapadia, MD, (Cleveland): "Hago angioplastia y tengo pacientes agradecidos. No creo que se necesite mucha ciencia para descubrir si la angioplastia funciona o no”. Al parecer para algunos el agradecimiento de sus pacientes es una prueba de la eficacia del procedimiento. • Concluye Milton Packer: “El ensayo ORBITA puede o no habernos enseñado algo importante sobre la enfermedad de las arterias coronarias, pero definitivamente nos ha enseñado mucho sobre las debilidades de los seres humanos y sobre cómo las redes sociales empeoran las cosas”. • La mayoría de los comentarios expresan la dificultad que tenemos las personas para aceptar evidencias que contradicen nuestras creencias o el sentido común establecido. • También se cuestionó la realización de un procedimiento simulado lo que podría constituir un "engaño" para los pacientes interrogándose acerca de si eso es ético o no. Pero las preguntas deberían ser: ¿qué es un procedimiento que se realiza atribuyéndose un beneficio que no tiene? ¿cuál de los dos es el engaño, el "real" o el "simulado"? "Es difícil lograr que un hombre entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda". Upton Sinclair La vida intelectual se empobrece cuando la discusión de puntos de vista divergentes pierde su potencia y su fecundidad para transformarse en mera custodia de las propias fronteras. La hegemonía produce homogeneidad. Gobierna el acceso a la investigación seleccionando los temas y los subsidios; a la publicación mediante la revisión por pares que no admite diversidad y tantas otras formas de silenciamiento. Solo se citan, se financian y se celebran unos a otros. El endogrupo se expande al tiempo que los puntos de vista se contraen. Los grupos se organizan jerárquicamente con uno o más popes y una curia de acólitos que reproducen un conjunto de premisas y normas aceptadas que se custodian con un fervor religioso. Sus intereses se defienden mediante la manipulación, no la argumentación. Se nos ofrece una percepción monolítica de lo real. Los motivos pueden ser muchos, los resultados son los mismos: instalar un “sentido común” sobre el que nadie vuelve con espíritu crítico. Es un juego donde todos pierden, en particular el conocimiento. Es algo imperdonable en ciencia. Se denomina caconomía (economía de lo peor) a la extraña predilección por producir trabajos de baja calidad y recibir recompensas de baja calidad. Es un modo perfecto para instalar la mediocridad del mundo como modo automático o por defecto. Un doble acuerdo tácito, una teatralización en la que todos simulan una eficiencia y un rigor que –saben- que no tienen. Al respecto afirma la filósofa italiana Gloria Origgi: “Si una de las dos partes genera un resultado de alta calidad –rompiendo las reglas del juego- la otra parte se considerará víctima de un abuso de confianza”. El pacto genera una reducción general de las expectativas, le confiere un tono más relajado a la vida, instala una mediocre zona de confort donde casi todos prefieren quedarse. La aceptación del estatuto de la caconomía regula los intercambios de la peor manera posible. Es una forma de insensatez colectiva. Origgi se pregunta en su libro Reputation: “¿Por qué la gente quiere sacarse selfies con celebrities y divulgarlas? Incuso en el mundo académico funcionan las más vulgares reglas de la reputación". Estar cerca del líder de la manada –según cree el ingenuo obediente- nos transfiere algo de su prestigio simbólico. Esta heurística de proximidad solo puede operar en un mundo intelectual pequeño, pobre y guiado por el principio de la mediocridad. Todos quieren su selfie con la estrella. Quieren la serenidad y el confort de pertenecer al grupo. Lo que no entienden –o se resisten a entender- es que lo que ganan es mucho menos valioso que lo que pierden. Lobo suelto, cordero atado "Tenés la licencia para envenenarnos. Pensás con audacia consejos muy agrios. Un caníbal desdentado enseñando a masticar. Tu negocio es muy difícil de explicar..." Patricio Rey El mercado también quiere salir en la foto. Hoy todo necesita ser legitimado por la ciencia, incluso con objetivos miserables, desde los productos comestibles y las cremas anti-age hasta el calzado deportivo. La propia calificación de “científicamente demostrado” es un slogan de marketing, no una afirmación científica. Un mero sello publicitario que contradice los principios fundamentales de la metodología de la ciencia. El "referente" ofrece su imagen y su palabra para transferir -mediante la tonta heurística de proximidad- el aura sagrada de su prestigio egomaníaco a los productos. Gira en los diarios y en la TV al compás de la partitura que le escriben sus mecenas. Hace publicidad travestida de consejos. Llama "salud" a los negocios y ofrece la ciencia al mejor postor. El liderazgo cotiza en bolsa. Les falta ciencia, les falta consciencia, les falta rock. No saben, no quieren saber que “los dinosaurios van a desaparecer”.

miércoles, 12 de febrero de 2020

¿ES LO MISMO UN ORGANISMO MODIFICADO GENÉTICAMENTE QUE UN TRANSGÉNICO?

8 de enero, 2020 POR REDACCIÓN GENOTIPIA
Alba Chofre, Genotipia.

¿Alguna vez habéis pensado detenidamente en los científicos de las películas de ciencia ficción? Concretamente, en esos que crean algún supervirus que acaba exterminando casi a la totalidad de la especie humana. O en aquellos que consiguen traer de vuelta a especies ya extintas y crean un parque temático exitoso, pero al final todo se descontrola y los dinosaurios se dan un gran festín.

Lo cierto es que, como en muchos otros casos, la ficción se aleja mucho de la realidad. Los científicos reales ni están locos como los personajes de las películas, ni dirigen sus investigaciones a destruir la humanidad. Trabajan arduamente para conseguir mejorar la calidad de vida de las personas y, además, someten estos trabajos a controles muy estrictos.

Hoy hablaremos de ingeniería genética y aclararemos algunos conceptos con el fin de apartar esas ideas preconcebidas.

La ingeniería genética se dedica a la manipulación genética mediante la utilización de una serie de técnicas que permiten manejar y modificar el material genético de múltiples formas. Esto abre un amplio abanico de posibilidades en muchos ámbitos y campos de estudio. Tanto es así que, hoy en día, estamos rodeados de organismos modificados genéticamente y la mayor parte del tiempo no nos percatamos.

¿Qué es un organismo modificado genéticamente y qué es un transgénico?

Un organismo modificado genéticamente (OMG) es cualquier organismo que tiene su ADN alterado artificialmente. El punto clave de estos organismos está en entender que hay muchas formas de modificar el material genético en función de aquello que se pretenda conseguir. Es fácil caer en la idea de que los OMGs son una especie de Frankenstein genético hecho con partes recogidas de a saber dónde. Yo misma, en mi desconocimiento, también he llegado a pensarlo, pero no es cierto. Algunos OMGs presentan un gen que los investigadores han “dormido” para que no realice su función, otros tienen genes que rinden más que cualquier trabajador en su jornada más productiva, y a otros se les ha añadido un extra que nunca imaginaban que tendrían.

Por otra parte, el término transgénico incluye a aquellos organismos a los que se les ha introducido ADN que no pertenece a su genoma original, es decir, exógeno. Por esto mismo, todos los transgénicos son organismos modificados genéticamente. El problema viene cuando se emplean estas dos palabras indistintamente, hecho que es muy común pero no deja de ser incorrecto. Así como podemos decir que todas las margaritas son flores pero no todas las flores son margaritas, podemos decir que todos los transgénicos son OMGs pero no todos los OMGs son transgénicos. Esta puntualización, por pequeña que parezca, es muy importante a la hora de regular cada tipo de organismo modificado genéticamente.

La historia de los organismos modificados genéticamente

En 1973, un grupo de investigadores construyó in vitro un plásmido (molécula de ADN circular de bacterias, arqueas y virus) que confería resistencia a diferentes antibióticos. Posteriormente, los investigadores introdujeron el plásmido de resistencia en una bacteria de la cepa de Escherichia coli. Habían creado el primer organismo modificado genéticamente.
A partir de este momento, el campo de la ingeniería genética comenzó a despuntar. Un ejemplo de ello fue la creación del primer animal transgénico, un ratón al que le introdujeron ADN exógeno cuando era un embrión. Unos pocos años después, a principios de los 80, llegó el turno de las plantas, concretamente, una planta de tabaco a la que otorgaron resistencia a un antibiótico.

Inicialmente, el procedimiento de transgénesis se ideó con el fin de mejorar un organismo añadiéndole un carácter genético que inicialmente no tenía. Para ello, es necesario encontrar un organismo de otra especie que posea la característica de interés y localizar el gen o genes responsables de ella. Después de extraer y cortar el ADN del organismo que posee el caracter de forma natural, ha de clonarse e introducirse en un vector adecuado para que lo transfiera al genoma del organismo receptor. Para entendernos, un vector genético sería el medio que utilizan los investigadores para transportar genes al interior de la célula, casi como un tren entre organismos con una única parada.

En la actualidad, se han desarrollado muchas técnicas de manipulación genética diferentes a las que podríamos dedicar un post específico para cada una de ellas. El nivel de progreso es tal, que ahora es posible clonar genes, modificarlos e incluso sintetizarlos. Además, se puede controlar la expresión de genes específicos de diferentes formas, silenciándolos (genes knockout) o aumentando su nivel de expresión.

¿Cuáles son los usos de los organismos modificados genéticamente?
Los usos de los OMGs son casi innumerables y están presentes en muchísimos ámbitos, pero destacan especialmente en la industria agroalimentaria, en la industria farmacéutica y en medicina. En cuanto a la primera de ellas, la industria agroalimentaria, cabe mencionar que ha sido especialmente polémica, debido a los cultivos modificados genéticamente dirigidos al consumo. Esta práctica se realiza para crear cultivos resistentes a herbicidas y pesticidas, para aumentar la producción, para mejorar las características físicas de los alimentos, haciéndolos más apetecibles, o incluso para que aporten vitaminas.

En el caso de la industria farmacéutica, las favoritas por excelencia son las bacterias modificadas genéticamente. Se utilizan como pequeñas biofábricas para la producción de diversas sustancias, entre las que destacan las proteínas humanas como insulina, hormona del crecimiento, factores de coagulación, etc. Además, los OMGs han permitido el desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos, como es el caso de la terapia génica, que supuso una auténtica revolución.

Para concluir, cabe mencionar que la manipulación genética es un tema muy controvertido. Cuenta con muchos defensores y muchos detractores, pero lo más importante es tener criterio y aprender en qué consiste. No hablaremos de las diferentes opiniones porque no es esa la intención del post. Eso sí, ahora ya sabemos qué terminología utilizar para darle calidad a nuestros argumentos.

REFERENCIAS

Cohen S.N, Chang A.C, Boyer H.W, Helling R.B. Construction of biologically functional bacterial plasmids in vitro. 1973. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS). Volumen 70 número 11 páginas 3240-3244. Doi: 10.1073/pnas.70.11.3240
Murray J.D, Maga E.A. Genetically engineered livestock for agriculture: a generation after the first transgenic animal research conference. 2016. Transgenic Research. Volumen 25 número 3 páginas 321-327. Doi: 10.1007/s11248-016-9927-7
Key S, Ma J.K, Drake P.M. Genetically modified plants and human health. 2008. Journal of the Royal Society of Medicine. Volumen 101 número 6 páginas 290-298. Doi: 10.1258/jrsm.2008.070372

miércoles, 6 de noviembre de 2019

CADA PERSONA NACE CON ALREDEDOR DE 70 NUEVAS MUTACIONES

25 de octubre del 2019
Amparo Tolosa, Genotipia

La variabilidad genética es una de las riquezas de nuestra especie. Uno de los mecanismos por los que se genera, la mutación, es precisamente lo que hace que, aunque heredemos el ADN de nuestros progenitores (la mitad de nuestro ADN procede de la madre y la mitad del padre), este ADN no sea exactamente igual. Resulta que cada persona tiene mutaciones “de novo” que no están presentes en el ADN de sus padres. Esto ocurre porque se han producido mutaciones durante la formación del óvulo o del espermatozoide que formaron el embrión, o incluso en las etapas más tempranas del desarrollo embrionario.

Cada persona suma algunos de estos cambios genéticos al acervo genético de la población. Habitualmente los cambios no tienen efecto patente, pero en ciertos casos pueden ocasionar enfermedades, por lo que existe un gran interés en determinar con qué frecuencia ocurren o si existen factores que influyen en su aparición.

La variabilidad genética es una de las riquezas de nuestra especie y la mutación es uno de los mecanismos por los que se produce.

Un reciente estudio de la Universidad de Utah ha analizado 33 familias de tres generaciones caracterizadas por tener un gran número de integrantes y ha estimado por primera vez cuál es la tasa de aparición de mutaciones de novo y cómo influye la edad de los progenitores.

A partir del análisis del genoma de 603 integrantes de las 33 familias y la comparación del genoma de cada persona respecto al de sus progenitores, los investigadores han estimado que de media cada persona tiene alrededor de 70 mutaciones de novo que no estaban presentes en sus progenitores.

Los investigadores señalan que la edad de los progenitores influye en la frecuencia de mutaciones de novo. En esto además, influye si se trata del padre o de la madre. La mayor parte de las mutaciones de novo proceden de espermatozoides, donde el efecto de la edad es más prominente en cuanto a este tipo de mutaciones. Aproximadamente una de cada 5 mutaciones de novo procede de la madre. “Como progenitores no todos somos iguales a este respecto”, señala Aaron Quinlan, profesor de Genética Humana en la Universidad de Utah y director del estudio. “Algunos de nosotros pasamos más mutaciones que otros, y esta es una fuente importante de novedad genética y enfermedad genética”.

Un resultado interesante del trabajo es que el efecto de la edad de los progenitores sobre el número de mutaciones de novo que transmiten a su descendencia, es diferente en cada familia. Los investigadores todavía no pueden explicar a qué se deben estas diferencias pero Aaron Quinlan plantea que podría intervenir una combinación de factores genéticos, ambientales y exposición a agentes mutágenos. El investigador también considera que la variabilidad entre las tasas de mutación de cada familia debe ser elevada, puesto que los factores que pueden influir varían mucho de forma global.

Por último, el equipo ha detectado que aproximadamente un 10% de las mutaciones de novo no se producen por cambios en el óvulo o el espermatozoide, sino que ocurren en las primeras etapas embrionarias, poco después de la fecundación. Este tipo de mutaciones pueden llevar a que haya diferencias en la composición genética de diferentes tejidos u órganos de una persona, según deriven de las células con la mutación o sin la mutación. Este fenómeno, conocido como mosaicismo puede tiene implicaciones tanto en el estudio de las enfermedades como en asesoramiento genético. Por ejemplo, si se produce en la línea germinal, podrán producirse gametos con y sin el cambio, lo que dificulta estimar la probabilidad de transmitir el cambio a la descendencia o de que dos hermanos sean portadores.

Los resultados del trabajo muestran que los estudios genéticos con familias de múltiples generaciones son útiles para estudiar la frecuencia de las mutaciones de novo en nuestra especie y proporcionan información sobre cómo afectan algunos factores como la edad o la familia a esta tasa.

Investigación original: Sasani TA, et al. Large, three-generation human families reveal post-zygotic mosaicism and variability in germline mutation accumulation. eLife. 2019. Doi: https://doi.org/10.7554/eLife.46922

Fuente: We Are All Mutants, More or Less. https://healthcare.utah.edu/publicaffairs/news/2019/09/mutants.php

miércoles, 28 de agosto de 2019

ELOGIO PARA UN GLACIAR: LOS CIENTÍFICOS HONRAN EL PRIMER GLACIAR DE ISLANDIA PERDIDO POR EL CAMBIO CLIMÁTICO

24 DE JULIO DE 2019
POR MIHAI ANDREI

El primer glaciar de Islandia perdido por el cambio climático será recordado con un monumento y una placa que pronto se dará a conocer en el sitio del antiguo glaciar. El mensaje de la placa es un severo recordatorio de que sabemos lo que está sucediendo.

¿Cómo mirarán las futuras generaciones este monumento? Palabras de Andri Snaer Magnason. Crédito de la foto: Rice University.
“Ok es el primer glaciar islandés que pierde su estatus de glaciar. En los próximos 200 años, se espera que todos nuestros glaciares sigan el mismo camino. Este monumento es para reconocer que sabemos lo que está sucediendo y lo que debe hacerse. Solo tú sabes si lo hicimos”, se lee.
El estado de cosas es bastante claro: el clima de la Tierra se está calentando debido a las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por la actividad humana. Claro, hay mucho debate entre los políticos, especialmente en los círculos que tienen mucho que ganar al no tomar medidas en su contra, pero la negación del cambio climático no tiene credibilidad científica . En pocas palabras, sabemos que está sucediendo y sabemos que es por nosotros.
Esta es la razón por la que investigadores de la Rice University en Houston se unieron con el autor Andri Snær Magnason y el geólogo Oddur Sigurðsson y la Icelandic Hiking Society para instalar un monumento que reconoce el lugar del antiguo glaciar Okjökull en Borgarfjörður, Islandia.
Ok, como se llama el glaciar ("jökull" es simplemente un sufijo que significa "glaciar") es oficialmente el primer iceberg que hemos perdido debido al cambio climático antropogénico. Ahora, se dará a conocer una placa en el sitio del monumento anterior, junto con una carta para el futuro. Grabado en la placa también está "415 ppm", la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera reportada en mayo.
"Este será el primer monumento a un glaciar perdido por el cambio climático en cualquier parte del mundo", dijo Howe. “Al marcar el paso de Ok, esperamos llamar la atención sobre lo que se está perdiendo a medida que los glaciares de la Tierra expiran. Estos cuerpos de hielo son las reservas de agua dulce más grandes del planeta y congelados dentro de ellos son historias de la atmósfera. También son a menudo importantes formas culturales que están llenas de importancia ".

Por supuesto, derretir el hielo del glaciar no es más que uno de los principales efectos del cambio climático. Ok fue el primero, pero ciertamente no será el último. A medida que el clima se calienta, seguiremos perdiendo más y más. Queda por verse si tomamos medidas o no para evitar que se produzcan daños catastróficos.
Antes de la Revolución industrial, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera se mantenían estables a 280 ppm, creciendo constantemente y sin mostrar signos de detenerse. La tasa de aumento de hoy es más de 100 veces más rápida que el aumento que se produjo cuando terminó la última era glacial.
La quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural es la causa principal del aumento de CO2 antropogénico, y la deforestación es la segunda causa.

martes, 11 de junio de 2019

PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD FRENA LOGRO DE ODS, CONCLUYE INFORME

Por: Inga Vesper
10/05/2019

Una pérdida “sin precedentes” de la biodiversidad global amenaza el progreso de más de 80 por ciento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, poniendo en riesgo de extinción a más de un millón especies de animales y plantas, de acuerdo con las advertencias de un informe científico de carácter histórico.

El 6 de mayo, la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) dio a conocer una evaluación global —la más completa hasta la fecha— durante la séptima sesión plenaria realizada en Paris, Francia.

La evaluación concluyó que el planeta no podrá cumplir con 35 de los 44 ODS porque la pérdida de especies y la degradación de los suelos afectan la agricultura y el crecimiento económico, principalmente en el Sur Global.

El presidente del IPBES, Sir Robert Watson, dijo que los humanos estaban “erosionando la base de la economía, los medios de vida, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida en el mundo entero”.

Un 25 por ciento de las especies del planeta está amenazado y un millón enfrenta la extinción debido a la influencia directa del sr humano, de acuerdo con el informe, el cual también subraya las implicaciones económicas de la pérdida de biodiversidad.

El uso del suelo para la producción de cultivos ha aumentado en 300 por ciento desde 1980, por ejemplo. Pero la productividad del 23 por ciento de la tierra a nivel global ha disminuido por el sobreuso, mientras US$577 mil millones en cultivos al año están en riesgo por escasa polinización.

Eduardo Brondizio, antropólogo brasileño y co-presidente del comité a cargo del informe de evaluación, dijo que el cambio climático también estaba empezando a desempeñar un papel en la tendencia a la pérdida de la biodiversidad.

Desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado, aumentando la temperatura promedio global en al menos 0,7 grados Celsius, anota el informe.

“El cambio en el uso del suelo solía ser el mayor impulsor [de la pérdida de biodiversidad], seguido de la extracción de los recursos, pero ahora el cambio climático es más pronunciado en el Sur Global”, dijo Brondizio a SciDev.Net.

Esta pérdida está ralentizando el progreso de la mayoría de ODS, incluyendo aquellos relacionados con la salud de los océanos, el bienestar, la equidad económica, el agua limpia y el uso responsable de los recursos, asegura el informe de evaluación.
“En este momento, la gente avanza en los ODS agotando nuestro capital natural”, dijo a SciDev.Net EJ Milner-Gulland, profesor de biodiversidad en la Universidad de Oxford, Reino Unido. “Tenemos que aclarar mucho más que si queremos tener éxito con los ODS, éstos deben estar respaldados por la naturaleza”.

El ritmo acelerado de la extinción de especies también ha incidido en la destrucción de los objetivos de Aichi para mejorar la biodiversidad, acordados por 27 organizaciones internacionales en 2011. Se suponía que se lograría este conjunto de 20 objetivos el año entrante, pero Sandra Díaz, ecologista española y co-presidenta del IPBES, dijo que solo cuatro de los objetivos tienen aún probabilidades de lograrse.

La evaluación es resultado del trabajo de 145 científicos de 50 países quienes compilaron la información durante tres años. El informe final se votó y aprobó a las 3 de la mañana del 4 de mayo, luego de 45 horas de intensas negociaciones entre los gobiernos de los países miembros del IPBES.

Brondizio señaló que los países en desarrollo, en particular Suráfrica, Bolivia, México, Brasil y Argentina, se unieron en una “sola voz” llamando la atención sobre el reconocimiento del impacto regional y local de la pérdida de la biodiversidad.

El problema se siente mucho más fuerte entre las poblaciones indígenas y pobres del Sur Global, afirma el informe.

La evaluación advierte que el estado de conservación de las tierras que pertenecen o son administradas por los indígenas está cada vez peor, con 9 por ciento de los mamíferos domesticados que usan para su subsistencia extintos en 2016.

Brondizio y su grupo evaluaron el cambio en el uso del suelo en los territorios habitados por los indígenas y encontraron que 70 por ciento de estos indicadores demostraron haber disminuido.

Sin embargo, el informe también concluyó que la participación local y el conocimiento indígena pueden mejorar de manera contundente la protección de las especies.

“Treinta y cinco por ciento de las áreas más diversas del planeta son administradas por los indígenas, así que son muy importantes para la discusión”, dijo Brondizio.

“Encontramos que la biodiversidad disminuye menos rápido en esas áreas. Cuando involucramos a las comunidades locales en la gobernanza, el impacto tiende a ser más positivo en sus medios de vida y en los logros relacionados con la biodiversidad”.

Este artículo fue producido por la Edición Global de SciDev.Net.

EL CO2 ATMOSFÉRICO ALCANZA UN RÉCORD DE 415 PPM: EL MÁS ALTO EN MILLONES DE AÑOS

POR TIBI PUIU
13 DE MAYO DE 2019

En menos de un siglo, los humanos han logrado la hazaña innoble de elevar los niveles de CO2 en la atmósfera en más de 100 partes por millón (ppm). Como cada año, las estaciones meteorológicas están midiendo nuevos niveles récord de CO2 en la atmósfera y, según los datos del Observatorio de Mauna Loa en Hawai, la concentración de CO2 en la atmósfera es ahora más de 415 ppm, que es mayor que en cualquier otro punto durante la existencia de nuestro linaje.
Algunos creen que el calentamiento global, que es responsable de al menos 1ºC (1,8ºF) de calentamiento en comparación con los niveles de la era preindustrial, ya ha activado un circuito de retroalimentación irreversible que verá cómo se derriten gran parte de las capas de hielo polar. Cualquiera que sea el caso, los efectos del cambio climático provocado por el hombre se sienten terriblemente en todo el mundo ahora. El Ártico, que se calienta dos veces más rápido que el promedio mundial, perdió cerca de un millón de kilómetros cuadrados (620,000 millas cuadradas) de hielo marino invernal desde 1979, lo que representa un área dos veces más grande que Texas. Las olas de calor y las sequías son más comunes y cada año nuevo parece ser el más cálido de la historia.
Los científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y el Instituto Scripps de Oceanografía han estado midiendo el carbono atmosférico desde 1958, cuando el programa fue iniciado por el difunto Charles David Keeling. El famoso gráfico que se actualiza constantemente y que muestra el aumento acelerado de CO2 en la atmósfera, conocido como la curva de Keeling.
La última cifra registrada, que se sitúa en 415.26 ppm de CO2, no tiene precedentes en millones de años. La última vez que sucedió esto, durante la época del Plioceno, el Ártico estaba cubierto de árboles y los niveles del mar global eran 25 metros más altos que en la actualidad.
El aumento de CO2 en la atmósfera durante el año se debió en parte a las condiciones de El Niño, cambios en la temperatura de la superficie del mar en el Océano Pacífico tropical. Esto calienta y seca los ecosistemas tropicales, reduciendo su absorción de carbono y exacerbando los incendios forestales. Sin embargo, el principal factor responsable de la tendencia en alza es, con mucho, la quema de combustibles fósiles.
Según un estudio de 2017 si el mundo continúa en este negocio como ruta habitual, para 2050 los niveles de CO2 podrían aumentar más allá de lo que la atmósfera terrestre ha visto en los últimos 50 millones de años (600 ppm). Esa no es una sentencia de muerte en sí misma: la vida ha florecido en esas condiciones antes, pero el cambio es demasiado rápido y brutal para que los animales se adapten. A muchas de las especies de hoy les resultará difícil (si no imposible) adaptarse a esas condiciones en tan poco tiempo. En cuanto a los seres humanos, el cambio climático amenaza a las comunidades a través del aumento del nivel del mar, el clima extremo más frecuente, las olas de calor y la escasez de alimentos.
Todas las señales apuntan a un desastre inminente si no hacemos algo al respecto. Esto significa pasar a la generación de energía de cero emisiones lo más rápido posible. Pero eso no es suficiente, también necesitamos aumentar la captura y el secuestro de carbono plantando más bosques y desarrollando nuevas tecnologías que puedan bloquear de manera segura el exceso de carbono de la atmósfera.
La noción de que el cambio climático que estamos experimentando hoy está impulsada principalmente por un ciclo climático natural es tonta y no está arraigada en la realidad científica.

lunes, 15 de abril de 2019

HA COMENZADO UNA NUEVA EXTINCIÓN MASIVA

Los insectos podrían desaparecer dentro de un siglo según la tasa actual de disminución, según un nuevo estudio.
Sarah Romero (Muy Interesante)
Podemos pensar en algunos insectos como plagas, pero no podemos obviar que desempeñan un papel importantísimo en el mantenimiento del orden natural del planeta. Proporcionan alimento para muchas otras especies, polinizan las plantas, reciclan nutrientes...

Sin embargo, nos enfrentamos a una situación preocupante. Una revisión de 73 estudios publicada en la revista Biological Conservation pone de manifiesto que más del 40% de las especies de insectos están en peligro de extinción. En algunos de los casos, la tasa de extinción de especies locales es ocho veces más rápida de lo que estamos viendo en vertebrados, como los mamíferos, las aves y los reptiles.

El informe advierte que la dramática caída de la cantidad de insectos en todo el mundo nos enfrenta a un colapso "catastrófico" de los ecosistemas naturales.

Los insectos están disminuyendo rápidamente

"Las tendencias confirman que el sexto evento de extinción importante está afectando profundamente las formas de vida en nuestro planeta", escribieron los investigadores en su conclusión.

Ya en octubre de 2018, un equipo de investigadores alemanes anunció que la población de insectos del país había disminuido en un 77% entre 1989 y 2016. Un experto de Puerto Rico también informó de disminuciones similares en la biomasa de insectos tras comparar los datos de los años 70 con los de los tiempos actuales.

Sin embargo, lo local a menudo puede ser global, y la revisión que acaba de ser publicada apunta en esta dirección.

Además de la disminución del 40% de los insectos, un tercio de las especies de insectos están en peligro de extinción. Si unimos al hallazgo de que la biomasa de insectos, la masa de organismos que viven en un área, está disminuyendo en un 2,5% al año obtenemos una conclusión clara:podría haber extinciones generalizadas de insectos para finales de siglo. En 100 años no quedará ninguno.

"Debido a que los insectos constituyen el grupo animal más abundante y (diverso en especies) del mundo y brindan servicios críticos dentro de los ecosistemas, tales eventos no pueden ser ignorados y deben provocar una acción decisiva para evitar un colapso catastrófico de los ecosistemas de la naturaleza", explica Francisco Sánchez-Bayo de la Universidad de Sídney (Australia) y coautor del trabajo.

Para juzgar el declive de los insectos, los científicos recolectaron 73 de los mejores estudios realizados hasta el momento acerca de las caídas de la población de insectos. La mayoría se centró en las poblaciones de insectos europeos y estadounidenses, pero también incluyeron estudios de Australia, China, Brasil y toda América del Sur.

Las especies más afectadas


Según el trabajo, las mariposas y las polillas se encuentran entre las más afectadas, con las abejas y los escarabajos siguiéndoles de cerca. Como ejemplo, las poblaciones de mariposas han disminuido en un 58% en las tierras cultivadas en Inglaterra entre 2000 y 2009. La población de mariposas monarca de California se redujo en un 86% entre 2017 y 2018.

Otras especies, como las hormigas, las moscas y los grillos son difíciles de medir, pero hay pocas razones para creer que estén mucho mejor que las mariposas.

El motivo

En cuanto a las razones detrás de este descenso, los autores señalan que nuestras prácticas agrícolas actuales son las culpables. Eliminar los árboles y arbustos que habitualmente rodean los campos es fatal para los insectos. Además, los insecticidas que dañan a los insectos y al suelo alrededor de los cultivos tampoco ayudan.

Los expertos recomiendan cambios drásticos en nuestros métodos agrícolas, reduciendo seriamente el uso de pesticidas "y su sustitución por prácticas más sostenibles y basadas en la ecología".
Si no cambiamos este ritmo, todos los insectos seguirán el camino de la extinción en unas pocas décadas.
Referencia: Worldwide decline of the entomofauna: A review of its drivers. Francisco Sánchez-Bayoa, Kris A.G.Wyckhuys. Biological Conservation 2019 DOI: https://doi.org/10.1016/j.biocon.2019.01.020

jueves, 20 de septiembre de 2018

CADA CINCO SEGUNDOS MUERE UN NIÑO POR CAUSAS PREVENIBLES

17 de septiembre de 2018 – Fuente: Organización de Naciones Unidas

Durante el año 2017 falleció un niño cada cinco segundos por causas prevenibles, según indica un nuevo informe conjunto del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial de la Salud, la división de población de la Organización de Naciones Unidas y el Banco Mundial.
El estudio cifra en 6,3 millones el número de menores de 15 años que fallecieron durante el año pasado e indica que la gran mayoría de ellos, 5,4 millones, perecieron durante los primeros cinco años de vida, casi la mitad de ellos recién nacidos. De no tomarse medidas urgentes morirán 56 millones de niños menores de cinco años entre 2018 y 2030, señaló la directora de Datos, Investigaciones y Políticas del UNICEF, Laurence Chandy. “A pesar de los progresos notables que hemos logrado desde 1990, millones de niños siguen muriendo simplemente debido a su identidad o al lugar donde han nacido. Si aplicamos soluciones sencillas como el suministro de medicamentos, agua potable, electricidad y vacunas podemos cambiar esa realidad para todos los niños”, dijo la experta.
África y Asia encabezan la lista de defunciones
Asimismo, el informe destaca que la mitad de los fallecimientos de menores de cinco años durante 2017 se produjeron en África Subsahariana, mientras que 30% ocurrieron en Asia Meridional. Una de las grandes disparidades recogidas en el informe muestra que en los países de altos ingresos solamente muere uno de cada 185 menores de cinco años, y uno de cada 13 en la misma franja de edad en África Subsahariana. La Dra. Princess Nono Simelela, subdirectora general de Salud Familiar, de la Mujer y el Niño de la OMS, manifestó que no se puede permitir la muerte de millones de menores por falta de acceso a agua, saneamiento, nutrición adecuada o servicios básicos de salud. “Debemos priorizar la tarea de facilitar a todos los niños el acceso universal a servicios de salud de calidad, especialmente en el momento del nacimiento y durante los primeros años de vida, a fin de darles la mejor oportunidad posible de sobrevivir y prosperar”, señaló. La mayoría de los niños menores de 5 años mueren por causas que se pueden evitar o tratar, como complicaciones durante el parto, neumonía, diarrea, sepsis neonatal y malaria. Dentro de este grupo de edad también existen diferencias regionales, ya que el riesgo que corre un niño de morir en África Subsahariana es quince veces mayor que en Europa. El primer mes de vida es el más peligroso
A nivel global, el período más arriesgado de la vida de un bebé es su primer mes. Durante 2017, 2,5 millones de recién nacidos murieron durante los primeros 30 días de vida. Así, por ejemplo, un bebé nacido en África Subsahariana o en Asia Meridional tiene nueve veces más probabilidades de morir que un bebé nacido en un país de altos ingresos durante ese periodo. Otras disparidades apuntadas en el informe indican que las tasas de mortalidad de menores de cinco años entre los niños que habitan en zonas rurales son, de media, 50% más altas que las de los niños de zonas urbanas, y que los bebés nacidos de madres sin formación tienen más del doble de probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años que los de madres que han cursado estudios secundarios o superiores. La noticia positiva del informe la proporciona la reducción de las muertes anuales de los niños menores de cinco años desde 1990 hasta 2017. De los 12,6 millones de fallecimientos que se registraron al inicio de la década de 1990, se pasó a 5,4 millones el año pasado. Entre los 5 y los 14 años, la cifra se redujo de 1,7 millones a menos de un millón durante el mismo período de tiempo.

miércoles, 5 de julio de 2017

EL “ESCUCHATORIO” EN LA RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE

La necesidad ética del “otro”. El valor de la narrativa.
Dr. Francisco “Paco” Maglio

Decía Lain Entralgo que la relación médico-paciente es el encuentro entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que quiere que lo curen.
Enfocada esta relación solamente en la necesidad del “curar” obviando el “cuidar” (socráticamente la “tekné” y el “medeos” respectivamente), resulta alienante tanto para el médico como para el paciente.
La relación médico paciente se “tecnologiza” y se “despersonaliza”, por eso es alienante, desparece el “otro” como persona.
Para el paciente, el médico es un técnico con guardapolvo que extiende recetas y para el médico, el enfermo es un “libro de texto”, con signos y síntomas que hay que interpretar y codificar.
En este tipo de relación médico-paciente desaparece la “otredad” humanizada, son dos “yoidades” despersonalizadas, un (des)encuentro. Desaparece aquel concepto de enfermo de Miguel de Unamuno: “Un ser humano de carne y hueso que sufre, piensa, ama y sueña”. Esta despersonalización lleva al desgaste, al desánimo y a la desesperanza, tríada característica del burnout.
Esta “medicina basada en la evidencia”, en la que el paciente es un dato estadístico y el médico un administrador, más allá de su eventual valor técnico-científico, la debemos “desalienar” con una “medicina basada en la narrativa”, que no se opone a la visión médico-técnica sino que la enriquece con la visión desde el paciente.
Medicina Basada en la Narrativa
La medicina basada en la narrativa consiste básicamente en las subjetividades dolientes (más que en las objetividades medibles), esto es, lo que el enfermo siente qué es su enfermedad, la representación de su padecimiento, la experiencia social de lo vivido humano como enfermo.
A un adolescente con granos en la cara le decimos: “vos tenés acné”, pero él siente vergüenza.
Cuando le decimos a un paciente, “vos tenés sida”, el siente discriminación.
Para la medicina basada en la narrativa, más que en el interrogatorio se necesita un “escuchatorio”, más que un “dígame” y un oír es un “cuénteme” y escuchar.
Un aforismo hipocrático ya lo manifestaba hace 2.500 años: “Muchos pacientes se curan con la satisfacción que le produce un médico que los escucha”.
Con la medicina basada en la narrativa podemos desentrañar el verdadero proyecto de vida del paciente y esto es trascendental porque constituye el “motor” para vivir tanto en la salud como en la enfermedad.
En palabras de Nietzsche: “Cuando se tiene un por qué vivir, se asume cualquier cómo vivir”.
La medicina basada en la narrativa es un modelo explicatorio: es la búsqueda del sentido del sufrimiento, porque como explica Spinoza: “Cuando tenemos una idea clara de por qué sufrimos, dejamos de sufrir, sigue el dolor pero es un dolor puramente físico, para el cual tenemos analgésicos, pero el sufrimiento como dolor total desaparece”.
La narrativa es “invisible” a la biología, se “visibiliza” en la biografía, de esta manera convierte “el caso” en una historia de vida.
La narrativa en sí misma es terapéutica no sólo para el paciente sino también para el médico, porque al “re-personalizar” esa relación la “desalieniza”, vuelven a ser dos personas, dos seres humanos en un encuentro de “inter-fecundidad”.
Es la “yoidad” a través de la “otredad”. Como decía Levinas: “Yo no soy el otro, pero necesito al otro para ser yo”.
Ya no serán “médico-robot” y “enfermo-robot”, sino médico-persona y enfermo-persona.
Renacerá el ánimo y la esperanza, desaparecerá el desgaste y en consecuencia también el burnout.
Pacientes y médicos se sentirán útiles entre sí: la relación médico-paciente será una relación solidaria y “desmedicalizante”.
Al sentirse kantianamente personas, tendrán dignidad y no precio, serán sujetos y no objetos, se convertirán en fines en sí mismos y no en medios.
Algunas experiencias personales con la medicina basada en la narrativa
“Me siento leproso”
Un paciente afectado de estafilodermia psoriasiforme (el enfermo tiene profusión de escamas en todo el cuerpo) era rechazado (debido a su aspecto) por familiares y amigos. Al preguntarle cómo se siente, dijo: “Me siento leproso”. Esa era la experiencia social de su padecimiento, más allá de lo biológico.
Al conocer esa narrativa me expliqué por qué la cortisona (medicación electiva) que estaba tomando hacia un mes, no surtía efecto.
Una persona desafectivizada, excluida, es un inmunodeprimido (la psicoinmunología lo ha demostrado) y con la cortisona se estaba deprimiendo más.
Hablé con la familia y los amigos y les expliqué que hasta que no volvieran a comportarse con él como antes, con afecto y respeto, sobreponiéndose a la impresión de su aspecto, no se iba a curar. Así lo entendieron y actuaron.
A los diez días se había curado, manteniendo la cortisona. A la eficacia biológica se había agregado la eficacia simbólica, que la psicoinmunología ha demostrado que actúa por los mismos intermediarios inmuno citoquímicos; no es simplemente sugestión.
“Me toma el pulso”
En una oportunidad una viejita (el diminutivo es cariñoso) me pidió que le tomara el pulso. Miré el cardioscopio y sin acceder a su pedido, le dije: “tranquila abuela, tiene 80, está muy bien”. Pero me seguía pidiendo que le tomara el pulso y ante su insistencia le pregunto por qué, ya que la máquina era muy confiable y me contestó: “es que aquí nadie me toca”. La palpábamos pero no la tocábamos.
Razón tenía Benjamin cuando dijo: “En los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”. En nosotros está saciarla.
Los proyectos de vida son fundamentales, a tal punto, que podemos afirmar que más allá del comienzo biológico de la enfermedad (el día que aparecen los primeros síntomas), en sentido antropológico nos enfrentamos el día en que debido a esos síntomas, se ve interrumpido nuestro proyecto de vida. Por el contrario, empezamos a “sanarnos” el día en que a pesar de esos síntomas podamos reiniciar dicho proyecto.
Relataré algunas experiencias que avalan estas posturas.
“Eto non é vita”
Don Antonio (italiano, 75 años) era un hombre sano, pero a requerimiento de su familia le hago un “chequeo”. Dada su edad los valores de laboratorio estaban un poco por encima de los normales, nada significativo.
Como médico recién recibido y con poca experiencia, le indico un estricto “régimen higiénico-dietético” dentro del cual estaba la prohibición absoluta del alcohol.
A la semana, la familia me llama porque Don Antonio estaba enfermo y al revisarlo, realmente no estaba bien: hipotenso, adinámico, asténico. Cuando le pregunto cómo se sentía, me dice en un enternecedor cocoliche: “Eto non é vita”. Como no le encontraba explicación, le pregunto a la familia si en esa semana había pasado algo que lo pusiera mal. Me dicen que desde que le instalé ese régimen no salía. ¿Y a dónde salía? pregunté. Me explicaron que todos los días invariablemente iba al bar de la esquina a tomar un “vermutino” con unos amigos veteranos de la guerra en Abisinia.
Entonces comprendí: ese “vermutino” con los amigos era su proyecto de vida y al desconocerlo, mi prescripción se había convertido en una “proscripción”.
Fue suficiente que volviera a esas salidas para que desaparecieran los antes mencionados síntomas.
“Ese es mi proyecto de vida”

A veces los proyectos de vida no son tan obvios y se necesita profundizar en la narrativa. Una buena estrategia es pedirle al paciente que nos relate un día habitual de su vida cuando estaba sano.
Un pastor protestante estaba en una unidad coronaria por un infarto agudo de miocardio, con un angor inestable, asociación de gravísimo pronóstico.
En el relato a que nos referimos manifiesta lo siguiente: “Me levanto muy temprano, rezo, estudio, ordeno el templo (hablaba muy nervioso y angustiado, lo que se reflejaba en el cardioscopio por su gran inestabilidad eléctrica), y por la tarde vienen unos feligreses con los que tenemos un grupo de reflexión (a esta altura del relato se va calmando, no estaba tan nervioso, lo que se refleja también en el trazado electrocardiográfico), y si viera, doctor, qué bien nos hacemos, yo a ellos y ellos a mí, pero ahora vaya a saber dónde están y yo aquí rodeado de tubos y aparatos” (vuelve a ponerse nervioso y también su corelato en el cardioscopio). Le pregunto si ese grupo de reflexión era muy importante para él y después de pensar un poco me dice: “Ahora que no lo puedo hacer, me doy cuenta que ese es mi proyecto de vida”.
Se localizó a ese grupo y dos veces por día, media hora, concurrían a la unidad coronaria y restablecieron aquel contacto. A los tres días seguía el infarto pero había desparecido el angor inestable: se había reintegrado a su proyecto de vida.
“No me dejen morir”
Teresita era una joven que a la mañana siguiente de su fiesta de 15 años amanece con una cuadriplejía por una polio-mielitis. Estuvo once años en un pulmotor moviendo nada más que la cabeza.
Nunca en mi vida profesional conocí a alguien tan aferrado a la vida. Había aprendido a dibujar con la boca y hacía tarjetas de Navidad que las mandaba al Hospital de Niños: era su proyecto de vida.
Un día se complica con un cuadro abdominal agudo por una apendicitis. En esa época no existían los respiradores modernos que permiten que el paciente esté afuera del aparato; en el pulmotor estaba adentro y para revisar al enfermo se le ponía una campana con aire a presión cubriendo la cabeza. Este procedimiento permitía abrir el pulmotor pero por un lapso de no más de 15 a 20 minutos.
En esta situación la revisamos comprobando el abdomen agudo y ante la imposibilidad de la cirugía (dado el escasísimo tiempo disponible) cruzamos nuestras miradas como diciendo: “Dios se apiadó de ella”. Cuando sacamos la campana y volvimos a poner a Teresita dentro del pulmotor me dijo (como adivinando nuestro pensamiento): “Paco, háganme todo, hasta lo imposible, pero no me dejen morir, mirá que los chicos del Hospital de Niños esperan mis tarjetas”.
Ante ese pedido, un cirujano, uno de los más brillantes que he conocido, se animó y la operó fuera del pulmotor (dentro era imposible) con la mencionada campana. La operación duró exactamente 12 minutos y Teresita vivió 7 años más, mandando sus tarjetas al Hospital de Niños.
“Doctor, ¿me puede abrazar?”
Tenía que dar la tristísima noticia a una mamá que su hijito de 7 años con un sida terminal (post-transfusional, al comienzo de la epidemia), se iba a morir. Dije la consabida frase: “Ya no hay nada que hacer”. A lo que la mamá me contestó: “Sí hay por hacer”. “¿Qué puedo hacer?” le pregunté, y con lágrimas en los ojos me dijo: “Doctor, ¿me puede abrazar?”.
Nunca volví a decir “no hay nada que hacer”, sino “ya no hay nada que tratar, como médico ya no puedo hacer nada, pero como persona, ¿puedo hacer algo por usted?”. Y siempre se puede hacer algo. Cuando ya no hay “tekné”, siempre hay “medeos”.
Estamos (mal)acostumbrados a decidir por el paciente, pensando que nuestras decisiones son las mejores, pero éstas pertenecen siempre al enfermo y no a nosotros, por mejor intencionados que estemos.
Ante un paciente terminal, frecuentemente (y muchas veces a pedido de la familia) aumentamos la dosis de sedantes para que no sufra, para que “no se dé cuenta”. Pero, ¿siempre, es así? En muchas ocasiones debemos tener el coraje (porque no es fácil) de avisarle al enfermo de sus últimos momentos.
En la Edad Media la gente elegía a un amigo que tenía la obligación de anunciarle su final. Le llamaban el nuncius mortis.
¿Por qué debemos proceder así? Porque la inminencia de la muerte es el momento reflexivo más trascendente de la vida, el momento de las grandes decisiones, y no me refiero solamente a las testamentarias sino, más importante aún, a las afectivas. En mi experiencia de años en terapia intensiva fueron muchos los pacientes que me decían: “Cuando llegue el momento, no quiero sufrir, pero quiero estar lúcido”.
Relataré algunas de ellas:
“Llamen a un juez”
Un paciente en esas condiciones pidió: “Llamen a un juez”. Vivía en concubinato hacía 10 años. Llegó el juez, llamó a su concubina y… ¡se casó!!!! Me dijo: “Recién ahora me atrevo”. Falleció al día siguiente.
“Doctor, llame a este teléfono”
En similares circunstancias, un paciente me dio un número de teléfono y me pidió que llamara, y a la persona que atendiera le dijera que él estaba internado y quería verlo.
Cumplí su deseo, y al rato llegó un señor corriendo, preguntando dónde estaba el paciente. Fue a su cama, quedó in-móvil unos segundos, se entrelazaron en un estremecedor abrazo y lloraron un largo rato. Cuando se fue, el paciente me llamó y me dijo: “Doctor, gracias por la gauchada de llamar por teléfono. El que se fue es mi hermano. Hace 15 años lo eché de mi casa, lo eché mal, yo tenía la culpa. Nunca tuve el coraje de pedirle perdón. Ahora que sé que voy a morir, recién ahora me atreví a pedirle perdón y me perdonó”.
Tuvo un gesto que nunca voy a olvidar. Me tomó las manos y me dijo: “Gracias por dejarme morir en paz”.
Volví a la mañana siguiente, se había muerto la noche anterior.
Le pregunto a la enfermera de ese turno (para no inducirle la respuesta): “Vos estuviste cuando se murió ese enfermo, ¿notaste algo diferente?”. Me respondió: “Mira, Paco, en años de terapia intensiva nunca vi morir a alguien con tanta paz. Aún muerto parecía que estaba sonriendo”.
En conclusión, y volviendo a las fuentes, uno de los aforismos de Hipócrates lo revela con claridad meridiana: “Muchos enfermos se curan solamente con la satisfacción de un médico que los escucha”, (se adelantó 2.500 años a Freud).
Dentro de una formación biologicista-positivista, nos enseñan en la Facultad de Medicina a interrogar y no a escuchar.
Con el interrogatorio estamos al lado del enfermo, pero con el “escuchatorio” estamos del lado del enfermo.
Ni más ni menos es la narrativa y lo más importante es que es terapéutica.

INTENTAN PREDECIR EL SURGIMIENTO DE POTENCIALES BROTES ZOONÓTICOS

21 de junio de 2017 – Fuente: Nature
La mayoría de las enfermedades infecciosas emergentes que afectan a los humanos son zoonosis, con virus que se originan en mamíferos salvajes y se transmiten de forma natural a las personas. Murcié- lagos, primates y roedores, entre otros, son algunos de los animales que contagian el virus del Ébola, el VIH o el del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) a las personas. 12 Hasta ahora, pocos métodos permitían identificar qué especies huéspedes albergarán con más probabilidad los futuros virus humanos o qué virus serán capaces de atravesar las fronteras entre especies. El nuevo estudio revela que el número total de virus que infectan una especie determinada y la probabilidad de que se convierta en zoonosis es predecible. El número de virus zoonóticos por especie se puede prever por la filogenia relacionada con los seres humanos, la taxonomía del huésped y la población humana dentro de un rango de especies, lo que puede reflejar el contacto humano y la vida silvestre. Se creó y analizó una base de datos de más de 2.800 asociaciones entre mamíferos y virus. De las 586 especies virales analizadas, 263 (44,8%) se han detectado en seres humanos, y 188 (71,5% de los virus humanos) se definen como zoonóticos, es decir, que se han detectado al menos una vez en humanos y al menos una vez en otra especie de mamíferos. Algunas especies de mamíferos son mejores huéspedes que otras. Depende del número total de virus de una especie concreta o de la diversidad de los virus, que es influenciada por el rango geográfico de la especie, por el solapamiento con otros mamíferos, el tamaño del cuerpo y el orden al que pertenece. Según el estudio, otros factores que influyen en la transmisión de los virus de mamíferos a humanos son la cercanía entre unos y otros, y la cantidad de coincidencias con las poblaciones humanas y las áreas urbanas. Los murciélagos son también significativos en cuanto al número de zoonosis que transportan, independiente de estos otros rasgos. Les siguen primates y roedores. Predecir las futuras amenazas El trabajo también ha permitido proporcionar mapas de las localizaciones geográficas en las que los diferentes tipos de mamíferos son más propensos de albergar nuevas amenazas para la salud humana. Se han identificado los taxones y las regiones geográficas con el mayor número estimado de virus que aún quedan por aparecer y que serán de gran importancia para futuras vigilancias. Se ha mapeado en qué lugares del planeta puede encontrarse el próximo virus antes de que emerja. Los patrones varían según las especies huésped. Por ejemplo, los virus zoonóticos de los murciélagos son más frecuentes en América del Sur y Centroamérica y partes de Asia. Por el contrario, los de primates tienden a agruparse en Centroamérica, África y el Sudeste Asiático, y los de roedores se encuentran principalmente en partes de Amé- rica del Norte y del Sur y África Central. Para los científicos, predecir qué virus son más probables de propagarse de animales a seres humanos podría ayudar a controlar las enfermedades emergentes y prevenir futuros brotes. El estudio permitiría así aportar información a los programas mundiales sobre la identificación de nuevos virus zoonóticos y evaluar su posible amenaza para la salud humana. Esta información ya está siendo utilizada como parte del proyecto USAID PREDICT7 para encontrar y caracterizar nuevos virus en todo el mundo y comprender mejor los factores de riesgo específicos de la localización y los comportamientos humanos en estos puntos calientes de virus zoonóticos.

viernes, 12 de mayo de 2017

VACÚNATE CONTRA LOS ANTIVACUNAS

13 de abril de 2017 – Fuente: Muy Interesante (España)
Imagínate que estamos en el año 2066. La prensa del día destaca en portada que la esperanza de vida ha alcanzado un nuevo mínimo en España: 56 años. Mientras, una epidemia de sarampión infantil descontrolada pone en jaque a los servicios de salud. En la sección de sociedad se anuncia la apertura de cinco nuevos hospitales pediátricos para dar cobertura a los casos de poliomielitis, difteria, tétanos y rubéola, que no paran de multiplicarse. Una campaña de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) se ocupa de recordar a los lectores que hay más sordos que nunca, como secuela de los numerosos casos de meningitis. Y reivindica más accesibilidad para los miles de nuevos minusválidos que ha provocado la poliomielitis. Entretanto, en el panorama internacional los diarios miran a Japón, donde la epidemia de tos convulsa hace estragos.
No se trata de una distopía futurista improbable. En 2015, el caso de un niño gerundense de seis años que murió víctima de la difteria veintiocho años después de que se erradicara este mal en España sacó a la palestra los peligros reales de dar credibilidad a los movimientos antivacunas. Y es que los padres del crío habían decidido no vacunarlo con la triple bacteriana (difteria, tétanos y tos convulsa) por temor a sus supuestos efectos adversos. Ese mismo año, los visitantes del parque de atracciones de Disneyland, en California (Estados Unidos), se enfrentaban a un brote de sarampión infantil por causas similares. Si la tendencia a saltarse los protocolos de vacunación sigue, podrían reaparecer otras muchas enfermedades. Con más fuerza incluso. Lo cierto es que los argumentos que esgrimen los detractores de la inmunización no se sostienen ante las últimas cifras aportadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, las vacunas evitan el fallecimiento de cerca de tres millones de personas; es decir, el equivalente a la población de Roma. Por primera vez en la historia documentada, la inmunización ha logrado que el número de niños que mueren cada año caiga por debajo de los diez millones. A todo ello se suma que, según Patrick Zuber, responsable del grupo de seguridad de vacunas de la OMS, con los recursos disponibles “sería técnicamente posible prevenir cuatro millones de muertes más cada año por influenza, neumococos, rotavirus, rabia, cólera, tifus, meningitis epidémica y encefalitis japonesa”. Y hay más datos irrebatibles, como que la mortalidad mundial por sarampión se ha reducido en 74%. O que desde 1988 la incidencia de poliomielitis ha disminuido en 99%, pasando de más de 350.000 casos a 1.410 casos en 2010. Si las bondades de las vacunas son tan evidentes, ¿por qué dejan de usarse de forma masiva? ¿Cómo es posible que, mientras las autoridades sanitarias internacionales dedican el decenio 2011-2020 a hacer realidad la inmunización universal, se dé la paradoja de que en los países desarrollados muchos padres renuncian a la inmunización de sus hijos de forma voluntaria? En gran medida, porque las vacunas están siendo víctimas de su propio éxito, tal y como explicaban hace poco expertos españoles del Observatorio para el Estudio de las Vacunas: “A medida que las vacunas van logrando su objetivo de acabar con alguna temida enfermedad, y antes de poder celebrarlo, se abre el camino hacia el olvido de esa enfermedad”. Y a partir de ese momento se magnifica cualquier efecto adverso que surja de la vacunación. Efectos, por otro lado, inevitables, porque ni las vacunas ni ningún otro tratamiento terapéutico o preventivo pueden ser inocuos al 100%. Por supuesto que resulta fácil caer en el error de pensar que, como las dolencias prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en España, ya no hay motivos para inmunizarnos. Pero es rotundamente falso. Aunque no se produzca ningún caso en décadas, los agentes infecciosos que las desencadenan continúan circulando –y mutando y evolucionando– en algunas partes del mundo. “Si decidiésemos apagar todos los radiadores porque la calefacción ya ha funcionado y estamos calentitos, el frío volvería tarde o temprano”, propone como símil José María Bayas Rodríguez, especializado en medicina preventiva y salud pública en el Hospital Clínic i Provincial de Barcelona. “Lo mismo exactamente sucedería si dejásemos de usar vacunas: regresarían las enfermedades que han remitido”, matiza Bayas. Según el experto, no hay que perder de vista que “aunque nos olvidemos de las enfermedades, ellas no se olvidan de nosotros”. Lo que sí hay que reconocer es que, normalmente, las consecuencias de que un puñado de personas decida no vacunarse no son graves gracias a que existe la inmunidad colectiva: si la grandísima mayoría de la población está vacunada, los microbios lo tienen muy difícil para propagarse. Dicho de otro modo, cuando 99% de la población se vacuna, el 1% restante está bastante protegido aun sin inmunización. El verdadero peligro surge cuando el porcentaje de no vacunados aumenta por la moda de los antivacunas. Es entonces cuando los virus y las bacterias a los que habíamos perdido definitivamente de vista pueden volver a cruzar nuestras fronteras, propagarse y alcanzar a las personas desprotegidas, con consecuencias fatales.
Nos vacunamos para asegurar el bien común
De ahí que la OMS insista en que no solo nos vacunamos para protegernos a nosotros mismos: también para proteger a quienes nos rodean. “Los programas eficaces de vacunación, al igual que las sociedades eficaces, dependen de la cooperación de cada persona para asegurar el bien común”, apuntan desde la organización. Si en un colectivo muchos sujetos se decantan por no vacunarse –o no vacunar a sus hijos–, la inmunización del grupo desciende y es más fácil que surjan epidemias. Como pasó en California con el sarampión. Por si fuera poco, una investigación alemana advertía de que cada vez son más los casos de panencefalitis esclerosante subaguda (PEES), una enfermedad neurológica mortal que aparece en adultos que de niños pasaron el sarampión, y que podría cobrar fuerza. Ante esta realidad, el Gobierno australiano decidió quitar beneficios sociales a las familias que opten por la no vacunación. Y en algunos estados de Norteamérica no se permite escolarizar a los niños si no están inmunizados para evitar brotes infecciosos en los colegios. Según un estudio aparecido en la revista Policy Insights from the Behavioral and Brain Sciences, las personas que no se vacunan se pueden clasificar en cuatro perfiles:
1. Porque se confían. Se trata de gente que no está preocupada por su inmunización ni participan en debates; simplemente descuidan este aspecto de su salud.
2. Por comodidad. Aquí entran los individuos que dejan de vacunarse por pereza, porque les pesan más los inconvenientes de tener que pedir cita, adquirir las vacunas y desplazarse a la consulta.
3. Por recelo. Hablamos de gente desinformada con una visión distorsionada del riesgo de las vacunas, que explícitamente desconfía de la inmunización.
4. Por cálculo. Sujetos que sopesan los pros y contras de las vacunas, y suelen descartarlas cuando encuentran información contradictoria.
En general, lo que salta a la vista es que el origen del rechazo a las vacunas casi siempre parte de la desinformación. O, para ser más exactos, de una mala información.
En todo caso, de catapultar el miedo a las vacunas se encargó en 1998 el médico británico Andrew Wakefield. Aquel año, publicó en la prestigiosa revista The Lancet un estudio que aseguraba que la vacuna triple viral, que inmuniza contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, causaba autismo. Investigaciones posteriores demostraron que se trataba de un fraude, y que Wakefield había mentido intencionadamente. Al parecer, el investigador había difundido aquella falsa idea porque pretendía enriquecerse comercializando vacunas alternativas. La revista retiró el artículo, pero el daño ya estaba hecho. Destaparle y quitarle la licencia para ejercer la medicina no impidió que el supuesto informe impulsase el movimiento antivacunación en todo el mundo. Pese a que Wakefield ha sido claramente desacreditado, sus ideas se han mantenido vigentes, y el riesgo de autismo sigue siendo uno de los argumentos a los que más recurren los movimientos antivacunas. La mala información se ha difundido como la pólvora.
A los científicos les encanta encontrar fundamento a los comportamientos humanos, y el crédito que damos a la mala información no ha sido una excepción: también tiene una explicación científica. Según advertía el investigador italiano Walter Quattrociocchi hace poco, lo que hace que se disemine información falaz es el sesgo de confirmación. Es decir, la tendencia a prestar atención solamente a aquello que confirma las ideas, el sistema de creencias e incluso prejuicios que ya teníamos. Por supuesto, dejando de lado la información que los cuestiona o los contradice. Quattrociocchi también ha encontrado respuesta en la proliferación de las cámaras de eco; es decir, comunidades polarizadas que consumen el mismo tipo de información. Y que son cada vez más frecuentes gracias a las redes sociales. Dentro de ellas, asegura, se produce una homogeneización: las informaciones o creencias se repiten constantemente y se impide que entren visiones alternativas. Como consecuencia, es fácil que los integrantes del grupo acepten como válidas informaciones objetivamente falsas o poco infundadas. Ya sea el peligro de las vacunas, el escepticismo climático, una idea pseudocientífica o una teoría conspirativa. Además, el estudio demostró que en internet y en las redes sociales las noticias científicas se expanden de forma rápida, pero su interés decae en poco tiempo. En cambio, las noticias conspirativas son de lenta asimilación, pero gradualmente generan discusión, lo que permite que ganen atención y persistan. Otro punto a su favor. “En ninguna época de la historia hemos sabido tanto sobre medicina y, sin embargo, hoy proliferan las dietas milagrosas, se extiende de un modo imparable la homeopatía y hay quien considera muy esnob oponerse a la vacunación; todo ello sin base científica alguna”, reflexiona Bayas. “Pero lo cierto es que no se puede decir ‘no creo en las vacunas’, igual que no se puede afirmar ‘no creo en la redondez de la Tierra’, porque no son cuestiones de fe, sino de ciencia”, añade. Según una investigación reciente de la Universidad de California (Estados Unidos), para sacar de su error a los padres que secundan el movimiento antivacunas no hay que afanarse en demostrar que las inyecciones no causan ni autismo ni daños cerebrales. Es mejor poner todo el empeño en que conozcan los enormes riesgos que entraña dejar de vacunar a un niño: los estragos de la poliomielitis, la difteria y el sarampión, las muertes y las minusvalías que causan, sus posibles secuelas, etcétera. “Se han centrado en el riesgo de decir sí al pinchazo, pero han olvidado el riesgo de decir no”, defendían los investigadores, convencidos de que todavía estamos a tiempo de recordárselo.

Stephen Hawking asegura que "los seres humanos tendremos que abandonar la Tierra en 100 años si queremos sobrevivir"

Stephen Hawking ha lanzado una seria advertencia: la Humanidad debería estar pensando muy en serio un plan de escape para huir de los problemas que se nos vienen encima.
El físico teórico, considerado como una de las voces más importantes de la ciencia, advierte que el futuro de los seres humanos está en el espacio, y que debemos pensar en colonizar otro planeta si queremos sobrevivir.
Para él, el gran enemigo que nos expulsará del planeta no solo es el Cambio Climático, sino la inteligencia artificial (IA), a la que define como “la mejor o la peor cosa que alguna vez le habría pasado a la Humanidad”.
Sobre lo positivo de esta creación que está revolucionando el mundo, el físico asegura que puede ayudarnos a hacer frente a enfermedades y a la pobreza, como también puede servirnos para deshacer algunos daños causados a la naturaleza por la industrialización.
Pero advierte que nos debe preocupar “que las compañías con fuertes IA y grandes volúmenes de información, implementen sus habilidades y recursos de una manera malvada. Así como, qué tipo de educación podremos ofrecer cuando la IA desplace al humano en una gran cantidad de trabajos que realiza el hombre en la actualidad”.
Para el científico inglés, la inteligencia artificial podría provocar nuestra desaparición si las máquinas se levantarán y nos alcanzaran en la carrera evolutiva. Así lo asegura en la serie de documentales ‘Expedición Tierra Nueva’, que la cadena de televisión BBC va a empezar a emitir, según informa The Sun.
Stephen Hawking ya expresó estos miedos en la tercera edición del ‘Festival Starmus’ que se celebró en Tenerife el pasado mes de septiembre, y que contó con su presencia. En aquel encuentro aseguró que “no podremos sobrevivir sin abandonar nuestro frágil planeta” y señaló que el Cambio Climático era el gran enemigo de la Humanidad.

SIETE RAZONES POR LAS QUE HOY EXISTE MÁS RIESGO QUE NUNCA DE QUE OCURRA UNA PANDEMIA GLOBAL

3 de abril de 2017 – Fuente: Cable News Network (Estados Unidos)

Solo es necesario un beso, una tos, un contacto o incluso un mordisco para cambiar nuestra vida y la de quienes nos rodean, por meses y hasta por años. En la mayoría de los casos, entre más cercanas sean a ti las personas, más grande el riesgo. Pero no siempre es tan simple. Expertos en salud pública creen que estamos en el momento de mayor riesgo de la historia de experimentar brotes infecciosos a gran escala y pandemias globales como las que hemos visto antes: síndrome respiratorio agudo grave (SARS), influenza A(H1N1), enfermedad por el virus del Ébola (EVE) y fiebre zika. Más de 28.000 personas se infectaron entre 2014 y 2016 durante la epidemia de EVE, dejando unos 11.000 muertos. Y el 10 de marzo pasado, 84 países habían reportado la transmisión del virus Zika, una enfermedad que fue descubierta en la década de 1940 pero que tuvo su primer brote en 2007 en Micronesia y solo comenzó a expandirse más recientemente, a fines de 2015. La llegada de la infección siempre es inesperada y su magnitud no tiene precedentes, lo que deja al mundo más vulnerable. Los expertos creen, de manera unánime, que lo más probable es que la próxima pandemia sea una sorpresa, para la cual tenemos que estar preparados. “Las enfermedades infecciosas no respetan fronteras”, dice Jimmy Whitworth, profesor de salud pública internacional de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de cientos de pequeños brotes cada mes. Hay pequeños brotes ocurriendo todo el tiempo, en todo el mundo”, destaca el experto, que investiga y usa para predecir las probabilidades de que ocurra un brote mayor. Sin embargo, cree que la forma en que vivimos actualmente aumenta el riesgo. “Muchos aspectos de la vida moderna nos ponen en un mayor riesgo. Estamos más listos hoy que antes”, dice, destacando el Reglamento Sanitario Internacional, la Red Mundial de Alerta y Respuesta a Brotes (GOARN) de la OMS y los equipos nacionales de respuesta rápida de países como Estados Unidos, Gran Bretaña y China, listos para enfrentar emergencias. Pero los desafíos siguen creciendo. Aquí están las siete razones para que así sea.
1. Más gente y más urbanización
Los hechos alrededor de la vida urbana son simples: vives, comes, trabajas y te desplazas más cerca de la gente que en cualquier asentamiento rural, y eso conlleva un serio riesgo de que una infección se expanda a través del aire, de los mosquitos o del agua no potable. A medida que crecen las poblaciones también aumentan las viviendas. La Organización de Naciones Unidas predice que 66% del total de la población mundial vivirá en áreas urbanas en 2050. Más personas en las ciudades “ponen más presión en el saneamiento”, dice David Heymann, cabeza del Centro para la Seguridad Sanitaria Global del centro de pensamiento Chatham House. Más allá de la cercanía de la gente, “esta es una segunda fuente de infecciones”, dice, y una tercera es el aumento en la demanda de comida, lo que hace que los agricultores cultiven más, con más animales, y genera que probablemente vivan cada vez más cerca de esos animales. Los animales son reservorios de muchas enfermedades, incluyendo la tuberculosis, la tripanosomosis africana y la influenza aviar. Dado que la gente se mueve cada vez más frecuentemente desde y entre las zonas rurales hacia las urbanas, hay cada vez más probabilidad de infección y si vivimos en barrios cada vez más pegados los unos a los otros, el potencial de expansión de la enfermedad es enorme.
2. Invasión de nuevos ambientes
A medida que crece el número de personas, también crece la cantidad de tierra necesaria para su vivienda. Las poblaciones se expanden cada vez más a territorios antes inhabitados, como bosques y selvas. Y con la llegada a estos nuevos territorios vienen el contacto con nuevos animales e, inevitablemente, nuevas infecciones. Por ejemplo, “la fiebre de Lassa ocurre porque la gente vive en el bosque y lo destruye para labores de agricultura”, dice Heymann. La fiebre hemorrágica de Lassa es una enfermedad viral que se expande mediante el contacto con heces de roedores infectados. También se transmite entre humanos, aunque es menos común. Los brotes suelen ocurrir en África Occidental, con altos niveles en Nigeria, por ejemplo, desde 2016. Heymann explica que la fiebre de Lassa es un ejemplo de gente que vive cerca de bosques donde residen roedores infectados, pero con la destrucción de esos bosques para la agricultura, los animales se quedan sin lugar a dónde ir y por eso terminan en las casas de los humanos.
3. Cambio climático
Cada vez hay más evidencia de que el cambio climático está produciendo olas de calor e inundaciones, el caldo de cultivo ideal para enfermedades que se transmiten por el agua, como el cólera, y vectores de enfermedades, como los mosquitos en nuevas regiones. Entre 2030 y 2050, el cambio climático causará cerca de 250.000 muertes adicionales anuales por estrés por calor, malnutrición y expansión de enfermedades infecciosas como la malaria, según la OMS. Con portadores de enfermedades, como los mosquitos, viviendo cada vez más en territorios nuevos que no están protegidos, el riesgo de un brote es muy alto. Whitworth cita la última epidemia de fiebre amarilla en Angola, durante la cual los trabajadores chinos que volvían a su país podían causar un brote de la enfermedad transmitida por los mosquitos locales.
4. Viajes globales
“Somos vulnerables porque cada vez viajamos más”, dice Whitworth. Los viajes turísticos internacionales alcanzaron un récord de casi 1.200 millones en 2015, según la Organización Mundial del Turismo. Ese fue el sexto año de crecimiento consecutivo de esa cifra. Y cuando grandes cantidades de personas se desplazan de un lugar a otro, al mismo tiempo, las opciones de que haya una pandemia se multiplican. “Muchas veces, los agentes infecciosos viajan en los humanos en su periodo de incubación”, dice Heymann. Ese periodo es el que transcurre entre la infección y la aparición de los síntomas, lo que significa que la gente puede transmitir una infección incluso sin sentirse enferma. Se cree que así fue como se desarrolló la pandemia de SARS de 2003, cuando un hombre que desarrolló los síntomas viajó de Huang Xingchu, en China, a visitar a su familia en Hong Kong. Infectó a personas en su hotel y a su familia. Fue hospitalizado y murió, lo que también le ocurrió a uno de sus parientes. En menos de cuatro meses se registraron cerca de 4.000 casos y 550 muertes por SARS en Hong Kong, y más de 8.000 personas resultaron infectadas en cerca de 30 países. Pero Heymann destaca que “no solo los humanos” expanden enfermedades al viajar. También los insectos, la comida y los animales que se mueven entre países.
5. Conflictos civiles
Si un país está a punto de entrar en una guerra civil, la capacidad de manejar un brote intenso y repentino puede poner de rodillas al pueblo y hacer que la infección florezca. “Los brotes pueden paralizar por completo a un país”, dice Whitworth, citando la epidemia de EVE de 2014, en la que Sierra Leona, Guinea y Liberia “estuvieron muy cerca del colapso”. En el caso de los tres países, conflictos civiles habían deteriorado previamente sus economías y sistemas de salud, incluidas las infraestructuras hospitalarias. Eso, sumado al movimiento humano entre los tres países y con otras naciones, permitió que la EVE se expandiera fácilmente. 13 “Si una infección se queda en lo local, se quema ahí. La gente aprende qué hacer”, dice Heymann.
6. Menos médicos y enfermeros en regiones con brotes
Más allá de la debilidad de los sistemas de salud, los países donde con mayor frecuencia ocurren los brotes suelen tener menos médicos y enfermeros para tratar a la población. La mayoría se han ido buscando mejores oportunidades en otras naciones. “Tenemos que enfrentar esto, es una realidad. Es difícil manejar la migración de los trabajadores de la salud”, dice Heymann, y agrega que incluso algunos países motivan a sus médicos jóvenes para que viajen a otras regiones.
7. Información más rápida
En la era de la información, nuevos niveles de comunicación traen nuevos niveles de miedo y multiplican las formas de expandir ese temor, aseguran los expertos. Aunque la mayoría de los brotes pequeños suelen quedarse sin ser conocidos por las poblaciones lejanas a su epicentro, las personas hoy están cada vez más informadas que nunca y requieren información transparente y completa para actuar rápido. Google ha utilizado las búsquedas sobre síntomas en su página para identificar cuándo puede ocurrir un brote, como en el caso de la influenza. “El mundo necesita una autoridad”, dice Heymann, quien cree que la OMS juega ese papel pero necesita ser más rápida y más transparente en la información que transmite. La organización fue muy criticada, de hecho, por haber respondido lentamente y sin la suficiente preparación al brote de EVE de 2014. “Pero las redes sociales se han vuelto muy activas... y eso es muy difícil de controlar. El hecho de que muchas personas publiquen y compartan información pueden cambiar el mensaje y lo que la gente lee y cree”, asegura Heymann.

martes, 4 de abril de 2017

“DE ÁFRICA SALDRÁN LAS EPIDEMIAS DEL FUTURO”

20 de marzo de 2017 – Fuente: El País (España)
En casi todos los libros, artículos y reseñas científicas aparece el nombre del científico belga Peter Karel Piot como descubridor del virus del Ébola. Y sí, fue él quien en 1976 analizó las muestras de sangre procedentes del Congo que le llevaron a la conclusión de que estaba ante un nuevo y peligroso patógeno. Sin embargo, esas pruebas no llegaron a Antwerpen por arte de magia sino que tienen detrás el esfuerzo y el riesgo asumido por el doctor congolés Jean Jacques Muyembe, de 74 años, considerado oficialmente como codescubridor del virus pero casi siempre ensombrecido por su colega europeo. Ahora que se cumple el tercer aniversario del comienzo oficial de la peor epidemia de enfermedad por el virus del Ébola de la historia, declarada el 22 de marzo de 2014, vale la pena recordar su historia y escuchar a este veterano virólogo cuando advierte: “las epidemias globales del futuro vendrán de África, no debemos bajar la guardia”. En 1976, Muyembe era el único virólogo de toda la República Democrática del Congo, entonces llamada Zaire. Con sus estudios recién terminados en Bélgica, esta joven promesa de la ciencia congolesa daba clases en la Universidad de Kinshasa hasta que un día recibió una inquietante llamada del Ministerio de Sanidad. “Una enfermedad misteriosa está matando a la gente en la misión católica de Yambuku. Debes ir a averiguar de qué se trata”, le dijeron. Junto a un médico epidemiólogo del Ejército, Muyembe viajó en avión militar hasta Bumba y luego recorrió por carretera otros 120 kilómetros. No tenía idea de a lo que se iba a enfrentar. “Por los síntomas que me habían explicado, pensaba que podía ser fiebre tifoidea o fiebre amarilla, pero estaba equivocado”, asegura. Llegaron sobre las 20:00 horas. “El hospital estaba vacío, todo el mundo había huido, así que comimos algo y fuimos a dormir”, explica. Pero la noche estuvo lejos de ser tranquila. En pocas horas murieron tres monjas, enfermeras del hospital, así como una mujer embarazada. Al correrse la voz de que habían llegado dos médicos desde la capital, la gente empezó a volver a la misión. “Examinamos a varios enfermos, todos tenían los mismos síntomas, fatiga, astenia, fiebre, dolores de cabeza y articular”, recuerda. Muyembe, pensando aún en la fiebre tifoidea, comenzó a sacarles sangre para analizarla. Sin embargo, ocurría algo extraño. “Cuando pinchaba para extraer la muestra, la sangre no dejaba de correr, no coagulaba. Era algo raro. Yo estaba sin guantes y me caía por las manos, no tenía ni idea del peligro que estaba corriendo”, asegura. Después, los dos médicos fueron hasta la habitación donde estaban las tres monjas fallecidas y les tomaron muestras del hígado. En el hospital las cosas iban de mal en peor, otra religiosa estaba con fiebre y, al examinarla, presentaba erupciones rojas en el cuerpo. “Nuestra misión en Yambuku era de una semana, pero decidimos volver ese mismo día a la capital para analizar las muestras. Decidimos llevarnos con nosotros a la hermana enferma”, revela. La monja fue directamente al hospital, donde empezó a recibir tratamiento para fiebre tifoidea, pero no respondía a los medicamentos y días después falleció. “Tras guardarlas en mi casa la primera noche, llevé las muestras a mi laboratorio desde donde las envié al Instituto de Medicina Tropical de Antwerpen, en el que trabajaba el Dr. Piot. Allí vieron que se trataba de un virus con una morfología similar a la del virus de Marburg”, que también provoca fiebres hemorrágicas. Mientras tanto, en Zaire, “empezó a cundir el pánico. Estaba claro que se trataba de una enfermedad grave así que comencé a medirme la temperatura con asiduidad. Incluso decidí dormir en el garaje unos días, alejado de mi mujer y mis dos hijos”. Al final, se confirmó que se trataba de un nuevo y letal virus al que bautizaron Ébola en honor a un pequeño río cercano a la localidad donde se produjo el brote. Muyembe cree que le salvó el gesto de lavarse las manos tras atender a cada paciente, tras cada toma de muestras. “Aún recuerdo aquellos seis tubos que llevé a mi casa, que trasladé luego al laboratorio sin ninguna protección. Pasé al lado de la muerte, pero no me tocó”. Desde aquel primer brote conocido, este virólogo y profesor de Microbiología ha participado en el control de casi todas las epidemias de enfermedad por el virus del Ébola que se han producido en África. Incluida la que se declaró oficialmente en Guinea el 22 de marzo de 2014 y se extendió rápidamente y fuera de control por Sierra Leona y Liberia, convirtiéndose en el peor brote de la historia con cerca de 29.000 personas contagiadas y más de 11.000 muertes.
“África Occidental no estaba preparada, les tomó por sorpresa. La gestión del brote comenzó mal, se puso el foco en los centros de tratamiento en lugar de hacerlo en el diálogo con la población y en el compromiso con la comunidad. No hubo buena coordinación, cada actor iba por su lado”, asegura el especialista congolés, quien se ha mostrado muy crítico con el papel desempeñado por la Organización Mundial de la Salud (OMS): “No contaba con personal experto ni con gente preparada para una reacción rápida, no jugó el papel de coordinación que se esperaba de este organismo. Incluso tardó mucho en declarar la emergencia global. Fue un caos”. Hoy en día, el Instituto Nacional de Investigación Biomédica (INRB) que preside Muyembe en un coqueto rincón de Kinshasa, imparte formaciones de respuesta rápida para futuras epidemias de enfermedad por el virus del Ébola. “Ya se sabía que el virus estaba circulando por el continente, pero también se sabe que su extensión es debida a los problemas que tenemos en África. Las epidemias se producen en países donde ha habido conflictos o que presentan carencias, donde no hay buena infraestructura sanitaria o está destruida, donde no funciona la vigilancia epidemiológica, en hospitales donde no hay agua, ni desinfectante, nada. En un contexto de pobreza, la enfermedad se extiende y es letal”. De la epidemia de 2014-2016, Muyembe extrae algunas lecciones. “Sabíamos que el virus estaba circulando por el continente, pero pensábamos que no podía llegar a Europa o Estados Unidos. Este brote ha enseñado al mundo que los virus pueden atravesar fronteras sin visado y que donde debemos pararlos es en origen. Tenemos que investigar más y reforzar la vigilancia en África porque aquí estamos muy en contacto con una naturaleza que aún no conocemos del todo, con el bosque, con animales salvajes. África es el punto de partida de nuevas enfermedades que vendrán y que pueden ser muy peligrosas si no estamos alerta”. El especialista repasa algunos brotes recientes para ilustrar su afirmación, como la fiebre amarilla que se originó en Angola el año pasado y llegó hasta China o el caso del virus Zika, que se detectó en Uganda en 1947 y que al salir del continente gracias a la expansión del mosquito transmisor se convirtió en un peligro público provocando microcefalias en recién nacidos. “La ciencia tiende a olvidarse de los virus africanos, pero los transportes, la globalización, el cambio climático están haciendo que esos virus salgan del continente”. En el INRB de Kinshasa, inaugurado en 1984, decenas de especialistas al mando de Muyembe se ven las caras cada día con dolencias tropicales que afectan y matan a miles de personas cada año, como la oncocercosis, la tripanosomosis africana o la filariosis, que cuentan con escasa financiación del mundo desarrollado. Este médico congolés, amable y bromista, que un día anticipó que la enfermedad por el virus del Ébola se podía combatir con la sangre de los supervivientes, tal y como se demostró luego pese al rechazo de la ciencia occidental, sigue mostrando el camino. “Las enfermedades hoy olvidadas pueden ser un peligro para todos”, culmina.