Autor: Fernando Valladares
Profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (MNCN-CSIC), España
Reporte Epidemiológico de Córdoba (REC 2303)
02/04/2020
Sumidos en un confinamiento y en una crisis sanitaria sin precedentes, nos afanamos en encontrar fármacos y vacunas para la enfermedad por el coronavirus 2019 (COVID-19). Estudiamos el funcionamiento del virus y su ciclo vital, valorando las distintas hipótesis sobre su origen. Pero lo que resulta indiscutible es que son nuestros hábitos y comportamientos los que nos ponen en peligro. Porque detrás de esta pandemia está la destrucción de la naturaleza. No hay sistema sanitario ni fuerzas de seguridad de ningún estado que pueda brindarnos la protección que nos brinda la naturaleza. Una naturaleza que, eso sí, sea rica en especies y que funcione bien.
La biodiversidad, escudo ante los virus
Hace quince años se aportaron las primeras indicaciones científicas sobre la función protectora de la biodiversidad. Gracias a efectos como la dilución de la carga viral y la amortiguación del contagio, la biodiversidad es una inmensa y eficaz barrera para las zoonosis. Se ha visto en multitud de casos prácticos, desde la influenza aviar a la enfermedad de Lyme, que han ido corroborando y reforzando los primeros estudios teóricos y las primeras simulaciones epidemiológicas. Cada día comprendemos mejor el origen de la actual pandemia. Los estudios moleculares permiten desentrañar algunos de los pasos claves en esta zoonosis: originada muy probablemente en los murciélagos, pasó en algún momento a los pangolines y de estos al ser humano. El SARS-CoV-2 ha coevolucionado largo tiempo con el murciélago de forma que cuando este está sano, la carga viral es mínima. Sin embargo, en estados de estrés, como cuando se le persigue, caza y manipula, el sistema inmune del animal se deprime y la carga viral se dispara. Les ocurre algo similar a los demás hospedadores como el pangolín, objeto de caza y tráfico ilegal en muchas regiones de Asia y de África. Es en esa situación, con el hospedador inmunodeprimido alcanzando una alta carga viral, cuando el virus resulta más peligroso para el ser humano.
Así nos protege la naturaleza
Una naturaleza sana, de ecosistemas funcionales y ricos en especies nos protege de una manera muy amplia ante infecciones por patógenos. No solo a través de la biodiversidad. Por ejemplo, la naturaleza puede frenar el polvo del desierto y reducir la contaminación atmosférica, dos vehículos que propagan virus12 y que acentúan los síntomas respiratorios13 en los pacientes afectados por la COVID-19. Cuando incorporamos el cambio climático en la ecuación, la naturaleza tiene menos margen para atenuar impactos y proteger nuestra salud. Este fenómeno global no solo lleva a muchos bosques a flaquear en su función de sumideros de carbono, sino que los hace más propensos a incendios de grandes dimensiones, como los ocurridos recientemente en Australia. El humo afectó a 80% de la población del país14. Pero el problema no lo tuvieron solo los australianos. Como ocurre ahora con la pandemia, el humo recorrió rápidamente el planeta. No hay organización nacional o internacional que pueda prevenir que el humo de los incendios llegue a las principales ciudades del mundo en diez días, acentuando sus problemas de contaminación. Del mismo modo, no hay industria ni empresa capaz de reducir los gases con efecto invernadero en la medida en que lo hacen los bosques tropicales. Las funciones que una naturaleza sana hace por nosotros, entre ellas la de protegernos de zoonosis, son impagables.
Globalización y migraciones climáticas
Buena parte del problema con las zoonosis actuales es la globalización, que implica rápidos y masivos movimientos de la población humana. Por eso, las medidas más eficaces y urgentes que se han tomado han sido relacionadas con la limitación a los movimientos de personas. Pero quizá se nos olvida que el cambio climático lleva décadas amplificando movimientos migratorios a gran escala en diversas regiones del planeta. El fenómeno no solo dispara migraciones de regiones africanas o tropicales a Europa o Estados Unidos, sino que también las dispara dentro de estas zonas. Ya ocurre en Europa. Los movimientos provocados por causas ambientales generan, a su vez, graves problemas naturales, sociales y sanitarios.
La crisis climática sigue ahí
El confinamiento puede servirnos para aprender y reflexionar sobre el día después. Últimamente escuchamos el mantra de que todos nuestros esfuerzos ahora servirán para recuperar la normalidad pronto. Pero ¿Qué normalidad? ¿La que nos trajo aquí? ¿La normalidad que favorece pandemias, que destruye ecosistemas, que provoca el cambio climático, que genera desigualdad social y se basa en un modelo económico insostenible? En China vuelven ya a quemar carbón para generar energía, y más que antes si puede ser, porque su objetivo es relanzar la economía sin reparar en costos ambientales. La pandemia nos muestra con crudeza cuan sensibles somos a un medio natural que no funcione bien. La situación actual debería servir de ensayo para repensar una gran crisis que nos está esperando, que no cesa y que es aún más compleja de gestionar y atajar que la pandemia de la COVID-19: la del cambio climático. Los políticos no se ponen de acuerdo en las cumbres mundiales del clima, pero cada uno en su país y a su manera acaba convergiendo en relanzar una y otra vez la economía al modo tradicional. Si vamos a trabajar en no volver a esa normalidad inviable, sino a una nueva normalidad más en equilibrio con la naturaleza y sostenible en el tiempo, es necesario cuestionar profundamente el marco social y económico en el que nos movemos. Nadie querrá sufrir otra pandemia en unos meses. Una pandemia que, según la Organización Mundial de la Salud, puede ser mucho más letal que la de la COVID-19. En la ecuación de la biosfera, Homo sapiens no puede acaparar una cuota tan grande de recursos ni generar cambios ambientales a una tasa tan superior a la velocidad de regeneración y recuperación de los ecosistemas. Será solo mediante la mirada común de todos, expertos y no expertos, economistas, biólogos, médicos, matemáticos y sociólogos, como abordaremos un día después realmente diferente y con esperanzas fundadas de no caer en otro confinamiento a los pocos meses de salir de este.
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jueves, 9 de abril de 2020
miércoles, 28 de agosto de 2019
VIVEN EN LOS OCTILLONES, EN UN CALOR ABRASADOR BAJO LA TIERRA, Y ESTAMOS DESCUBRIENDO SOBRE ELLOS
POR MIHAI ANDREI
3 DE JULIO DE 2019
Mientras que algunos investigadores están tratando de encontrar vida en otros planetas, otros están aprendiendo más sobre la vida oculta aquí en la Tierra.
Decir que la vida del subsuelo no se comprende bien sería una subestimación. Tendemos a pensar que los hábitats y los ecosistemas están en la superficie, o como máximo dentro de los océanos, pero el subsuelo también es un lugar muy activo, es solo que sus habitantes son muy pequeños. Utilizando estudios de alta tecnología de todo tipo, diferentes equipos de investigadores han analizado todo tipo de entornos subsuperficiales, desde volcanes hasta minas de diamantes . Las criaturas microscópicas que una vez fueron completamente ignoradas están empezando a ser reveladas, y los investigadores del Observatorio Deep Carbon están tratando de dar sentido a todos estos nuevos hallazgos.
Recientemente, el Observatorio Deep Carbon anunció algunos de sus hallazgos recientes: hay 200 a 600 octillones de microbios que viven debajo de la corteza terrestre, y casi con certeza, incluso más de ellos viven en la corteza oceánica. Eso equivale a unos 20 mil millones de toneladas de materia viva , o el equivalente a 200 millones de ballenas azules.
"Creo que esta es una de las primeras veces en que alguien realmente ha mirado la combinación de muchos entornos diferentes en el subsuelo continental y ha intentado pensar en cuántas especies podrían existir", dijo Cara Magnabosco, autora principal del nuevo estudio. .
Para hacer las cosas aún más impresionantes, no solo hay una gran cantidad de microbios que sobreviven bajo tierra, sino que las condiciones en las que lo hacen son absolutamente infernales.
Tomemos Geogemma barossii , por ejemplo. Si lo pusieras en agua hirviendo (a 212 grados Fahrenheit), probablemente se congelaría. Eso es porque está acostumbrado a temperaturas mucho más altas, de alrededor de 250 grados Fahrenheit . Hasta hace poco, ni siquiera se sabía que las criaturas pudieran sobrevivir a esas temperaturas. Mientras tanto, Candidatus Desulforudis audaxviator , que vive a 2.8 kilómetros (1.7 mi) bajo tierra en la mina de oro Mponeng en Sudáfrica, esencialmente sobrevive respirando rocas, o para ser más precisos, lo que se libera cuando ciertas rocas se encuentran con el agua. Otras bacterias respiran uranio y expulsan pequeños cristales . Para muchas de estas criaturas, podrías sacar el sol mañana, y probablemente ni siquiera les importaría.
Los habitantes del subsuelo se dividen en gran parte en dos categorías: Archaea (microbios unicelulares sin núcleo) y bacterias. Pero también hay otros tipos de microbios, así como algunas criaturas pluricelulares como gusanos e insectos. Al igual que hay selvas tropicales y montañas y desiertos en la Tierra, hay una diversidad comparable debajo de la superficie, y apenas estamos empezando a conocerla.
El estudio "La biomasa y la biodiversidad del subsuelo continental" de Magnabosco et al. Ha sido publicado en Nature Geoscience .
3 DE JULIO DE 2019
Mientras que algunos investigadores están tratando de encontrar vida en otros planetas, otros están aprendiendo más sobre la vida oculta aquí en la Tierra.
Decir que la vida del subsuelo no se comprende bien sería una subestimación. Tendemos a pensar que los hábitats y los ecosistemas están en la superficie, o como máximo dentro de los océanos, pero el subsuelo también es un lugar muy activo, es solo que sus habitantes son muy pequeños. Utilizando estudios de alta tecnología de todo tipo, diferentes equipos de investigadores han analizado todo tipo de entornos subsuperficiales, desde volcanes hasta minas de diamantes . Las criaturas microscópicas que una vez fueron completamente ignoradas están empezando a ser reveladas, y los investigadores del Observatorio Deep Carbon están tratando de dar sentido a todos estos nuevos hallazgos.
Recientemente, el Observatorio Deep Carbon anunció algunos de sus hallazgos recientes: hay 200 a 600 octillones de microbios que viven debajo de la corteza terrestre, y casi con certeza, incluso más de ellos viven en la corteza oceánica. Eso equivale a unos 20 mil millones de toneladas de materia viva , o el equivalente a 200 millones de ballenas azules.
"Creo que esta es una de las primeras veces en que alguien realmente ha mirado la combinación de muchos entornos diferentes en el subsuelo continental y ha intentado pensar en cuántas especies podrían existir", dijo Cara Magnabosco, autora principal del nuevo estudio. .
Para hacer las cosas aún más impresionantes, no solo hay una gran cantidad de microbios que sobreviven bajo tierra, sino que las condiciones en las que lo hacen son absolutamente infernales.
Tomemos Geogemma barossii , por ejemplo. Si lo pusieras en agua hirviendo (a 212 grados Fahrenheit), probablemente se congelaría. Eso es porque está acostumbrado a temperaturas mucho más altas, de alrededor de 250 grados Fahrenheit . Hasta hace poco, ni siquiera se sabía que las criaturas pudieran sobrevivir a esas temperaturas. Mientras tanto, Candidatus Desulforudis audaxviator , que vive a 2.8 kilómetros (1.7 mi) bajo tierra en la mina de oro Mponeng en Sudáfrica, esencialmente sobrevive respirando rocas, o para ser más precisos, lo que se libera cuando ciertas rocas se encuentran con el agua. Otras bacterias respiran uranio y expulsan pequeños cristales . Para muchas de estas criaturas, podrías sacar el sol mañana, y probablemente ni siquiera les importaría.
Los habitantes del subsuelo se dividen en gran parte en dos categorías: Archaea (microbios unicelulares sin núcleo) y bacterias. Pero también hay otros tipos de microbios, así como algunas criaturas pluricelulares como gusanos e insectos. Al igual que hay selvas tropicales y montañas y desiertos en la Tierra, hay una diversidad comparable debajo de la superficie, y apenas estamos empezando a conocerla.
El estudio "La biomasa y la biodiversidad del subsuelo continental" de Magnabosco et al. Ha sido publicado en Nature Geoscience .
jueves, 9 de mayo de 2019
LOS CIENTÍFICOS DESCUBREN CASI 200,000 TIPOS DE VIRUS OCEÁNICOS
Por Jonathan Lambert
25 de abril de 2019
El nuevo trabajo eleva la diversidad estimada de virus en los mares más de doce veces y sienta las bases para una mejor comprensión de su impacto en los ciclos globales de nutrientes.
Cada vez que tragas un trago de agua de mar mientras nadas en la playa, estás atacando la cantidad de virus que hay en América del Norte.
Sin embargo, a pesar de la asombrosa abundancia de virus marinos y el papel clave que estos agentes infecciosos parecen jugar en procesos globales como el ciclo del carbono, los científicos aún saben relativamente poco acerca de la variedad de virus que existen. En 2015, un equipo documentó 5,476 tipos distintos de virus en el océano. En 2016 el mismo equipo actualizó su conteo a 15,222.
Pero en un estudio publicado hoy en Cell, ese número se dispara a 195,728 poblaciones virales distintas, un aumento de más de doce veces.
"Este es un estudio bastante sorprendente", dijo Louis-Marie Bobay, un genomicista microbiano de la Universidad de Carolina del Norte-Greensboro, que no participó en el trabajo. "Sabemos muy poco acerca de la ecología viral en gran parte del océano, y este es uno de los datos más impresionantes y globales que se hayan recopilado".
El salto de doce veces fue habilitado por una ambiciosa expedición de muestreo global y un análisis genómico más sofisticado.
Aunque los océanos cubren el 70 por ciento de nuestro planeta, hasta hace unos años, la mayor parte del conocimiento de la diversidad viral marina provenía solo de unos pocos lugares bien estudiados. Eso cambió con el proyecto Tara Oceans , que buscaba un inventario más completo de la diversidad microbiana y viral marina mediante un muestreo en todo el mundo. La goleta Tara ha hecho su camino alrededor del océano, recolectando muestras desde la superficie a las profundidades y de polo a polo. El nuevo estudio incluyó muestras de 43 ubicaciones en el Ártico que no se utilizaron en los estudios de 2015 y 2016.
Alrededor del 40 por ciento de las nuevas poblaciones de virus provinieron de las nuevas muestras del Ártico. El resto provino de un nuevo análisis de las muestras de Tara utilizadas para los estudios anteriores. "Los algoritmos que utilizamos para ensamblar genomas virales a partir de trozos de ADN mejoraron mucho", dijo Ann Gregory , ecologista microbiana de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y una de las autoras principales del estudio.
Además de juntar cadenas de ADN a partir de fragmentos, Gregory y sus colegas tuvieron que buscar una forma de clasificar la variedad de genomas de virus que estaban viendo. Definir una "especie" viral es controvertido, ya que los virus se reproducen asexualmente y frecuentemente intercambian ADN entre sí y con sus anfitriones. Debido a que los virus no contienen la maquinaria necesaria para replicarse de manera independiente, algunos biólogos no consideran que los virus estén "vivos".
En lugar de especies, Gregory clasificó los virus en "poblaciones" en las que "hay más flujo de genes dentro de un grupo que entre grupos de virus". Si los virus secuenciados compartían al menos el 95 por ciento de su ADN, los llamó miembros de la misma población discreta.
Este método produjo cerca de 200,000 poblaciones. Aproximadamente el 90 por ciento de ellos no pudieron asignarse a ninguna taxonomía viral conocida, lo que los hace totalmente nuevos para la ciencia. Y, aunque los virus no se clasifican tradicionalmente en géneros, como Homo para humanos o Staphylococcus para estafilococos, Gregory concluyó que la diversidad de las poblaciones que muestreaban era del orden de muchos nuevos géneros.
Además, los investigadores infirieron la existencia de cinco grupos de virus a nivel comunitario que se mapearon en distintas zonas ecológicas marinas en función de la temperatura y la profundidad: Ártico, Antártico, superficie templada y tropical, subsuelo templado y tropical, y océano profundo. Dentro de los genomas de estas comunidades, los investigadores encontraron evidencia de adaptación genética a cada zona ecológica. "La temperatura fue el predictor más grande de la estructura de la comunidad", dijo Ahmed Zayed , un estudiante graduado de la Universidad Estatal de Ohio que fue uno de los líderes del análisis. Las diferentes temperaturas soportan diferentes tipos de comunidades huésped - microbianas, explicó Zayed, y los virus se adaptan en consecuencia.
A nivel mundial, los patrones observados de la biodiversidad entre los virus chocan un tanto con las tendencias ecológicas establecidas. "Existe el paradigma de que la diversidad es más alta en el ecuador y disminuye a medida que avanzas hacia los polos", dijo Zayed. Los investigadores encontraron una mayor diversidad en el ecuador, pero también encontraron una sorprendente cantidad de diversidad en el Ártico.
"Nos sorprendió ver al Ártico como un punto de acceso a la biodiversidad, lo cual es particularmente relevante ya que estas aguas se encuentran entre las que más rápidamente cambian en el planeta debido al cambio climático", dijo Matthew Sullivan, microbiólogo del Estado de Ohio y autor principal del estudiar. Gregory dijo que se necesita hacer más investigación para comprender por qué el Ártico es tan diverso, pero cree que podría tener que ver con las células huésped más pequeñas que viven en estas aguas frías. "Los hosts más pequeños significan más hosts, lo que podría significar más oportunidades para que los virus se diversifiquen".
En cuanto a si los investigadores esperan otro gran salto en las variedades dentro de unos años, Sullivan piensa que no. "¿Creo que hay más por descubrir? Claro, pero en este punto tengo la esperanza de que hayamos capturado en gran medida los abundantes virus que podemos con este método ", dijo, y agregó," al menos hasta que lleguemos a entornos totalmente nuevos con presiones selectivas totalmente diferentes ".
Según Curtis Suttle, un ecologista microbiano de la Universidad de Columbia Británica, los virus desempeñan un papel importante en los ciclos biogeoquímicos globales, incluido el ciclo del carbono, por el cual el carbono se mueve entre la biosfera y la atmósfera de la Tierra. "He estado tratando de demostrar que los virus marinos son de importancia crucial durante mucho tiempo", dijo Suttle, quien no participó en el nuevo estudio. "Llevar este tipo de datos a la comunidad es sumamente importante para comprender el papel de los virus en los procesos globales".
Suttle explicó que los océanos actualmente absorben aproximadamente la mitad de las emisiones de carbono causadas por los seres humanos, y la cantidad de dióxido de carbono absorbido continúa aumentando. Los virus afectan el nivel de saturación: de acuerdo con Suttle, entre el 20 y el 40 por ciento de la población bacteriana global es asesinada cada día por los virus. Cuando una bacteria es matada por una infección viral, su pared celular explota. "Todo el carbono que hizo que las bacterias se liberen en los océanos", dijo, y parte del carbono termina siendo secuestrado en las profundidades del océano.
Algunos científicos han especulado con la posibilidad de que algún día se utilicen virus para modificar el ciclo del carbono y reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, según Suttle. Zayed, quien se interesó en los virus mientras estudiaba la terapia con fagos como una alternativa a los antibióticos para tratar infecciones, llama a este esquema de geoingeniería potencialmente peligroso "terapia con fagos para el medio ambiente"
Ya sea que el descubrimiento viral tenga aplicaciones prácticas o no, Melissa Duhaime , una ecóloga microbiana en la Universidad de Michigan, está emocionada por el "factor cool" del nuevo estudio. "Cuando empiezas a ver datos nuevos como este, es como aterrizar en Marte y mirar a tu alrededor por primera vez", dijo Duhaime, "pero un Marte con pequeñas criaturas nunca antes descrito antes de mirarte".
25 de abril de 2019
El nuevo trabajo eleva la diversidad estimada de virus en los mares más de doce veces y sienta las bases para una mejor comprensión de su impacto en los ciclos globales de nutrientes.
Cada vez que tragas un trago de agua de mar mientras nadas en la playa, estás atacando la cantidad de virus que hay en América del Norte.
Sin embargo, a pesar de la asombrosa abundancia de virus marinos y el papel clave que estos agentes infecciosos parecen jugar en procesos globales como el ciclo del carbono, los científicos aún saben relativamente poco acerca de la variedad de virus que existen. En 2015, un equipo documentó 5,476 tipos distintos de virus en el océano. En 2016 el mismo equipo actualizó su conteo a 15,222.
Pero en un estudio publicado hoy en Cell, ese número se dispara a 195,728 poblaciones virales distintas, un aumento de más de doce veces.
"Este es un estudio bastante sorprendente", dijo Louis-Marie Bobay, un genomicista microbiano de la Universidad de Carolina del Norte-Greensboro, que no participó en el trabajo. "Sabemos muy poco acerca de la ecología viral en gran parte del océano, y este es uno de los datos más impresionantes y globales que se hayan recopilado".
El salto de doce veces fue habilitado por una ambiciosa expedición de muestreo global y un análisis genómico más sofisticado.
Aunque los océanos cubren el 70 por ciento de nuestro planeta, hasta hace unos años, la mayor parte del conocimiento de la diversidad viral marina provenía solo de unos pocos lugares bien estudiados. Eso cambió con el proyecto Tara Oceans , que buscaba un inventario más completo de la diversidad microbiana y viral marina mediante un muestreo en todo el mundo. La goleta Tara ha hecho su camino alrededor del océano, recolectando muestras desde la superficie a las profundidades y de polo a polo. El nuevo estudio incluyó muestras de 43 ubicaciones en el Ártico que no se utilizaron en los estudios de 2015 y 2016.
Alrededor del 40 por ciento de las nuevas poblaciones de virus provinieron de las nuevas muestras del Ártico. El resto provino de un nuevo análisis de las muestras de Tara utilizadas para los estudios anteriores. "Los algoritmos que utilizamos para ensamblar genomas virales a partir de trozos de ADN mejoraron mucho", dijo Ann Gregory , ecologista microbiana de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y una de las autoras principales del estudio.
Además de juntar cadenas de ADN a partir de fragmentos, Gregory y sus colegas tuvieron que buscar una forma de clasificar la variedad de genomas de virus que estaban viendo. Definir una "especie" viral es controvertido, ya que los virus se reproducen asexualmente y frecuentemente intercambian ADN entre sí y con sus anfitriones. Debido a que los virus no contienen la maquinaria necesaria para replicarse de manera independiente, algunos biólogos no consideran que los virus estén "vivos".
En lugar de especies, Gregory clasificó los virus en "poblaciones" en las que "hay más flujo de genes dentro de un grupo que entre grupos de virus". Si los virus secuenciados compartían al menos el 95 por ciento de su ADN, los llamó miembros de la misma población discreta.
Este método produjo cerca de 200,000 poblaciones. Aproximadamente el 90 por ciento de ellos no pudieron asignarse a ninguna taxonomía viral conocida, lo que los hace totalmente nuevos para la ciencia. Y, aunque los virus no se clasifican tradicionalmente en géneros, como Homo para humanos o Staphylococcus para estafilococos, Gregory concluyó que la diversidad de las poblaciones que muestreaban era del orden de muchos nuevos géneros.
Además, los investigadores infirieron la existencia de cinco grupos de virus a nivel comunitario que se mapearon en distintas zonas ecológicas marinas en función de la temperatura y la profundidad: Ártico, Antártico, superficie templada y tropical, subsuelo templado y tropical, y océano profundo. Dentro de los genomas de estas comunidades, los investigadores encontraron evidencia de adaptación genética a cada zona ecológica. "La temperatura fue el predictor más grande de la estructura de la comunidad", dijo Ahmed Zayed , un estudiante graduado de la Universidad Estatal de Ohio que fue uno de los líderes del análisis. Las diferentes temperaturas soportan diferentes tipos de comunidades huésped - microbianas, explicó Zayed, y los virus se adaptan en consecuencia.
A nivel mundial, los patrones observados de la biodiversidad entre los virus chocan un tanto con las tendencias ecológicas establecidas. "Existe el paradigma de que la diversidad es más alta en el ecuador y disminuye a medida que avanzas hacia los polos", dijo Zayed. Los investigadores encontraron una mayor diversidad en el ecuador, pero también encontraron una sorprendente cantidad de diversidad en el Ártico.
"Nos sorprendió ver al Ártico como un punto de acceso a la biodiversidad, lo cual es particularmente relevante ya que estas aguas se encuentran entre las que más rápidamente cambian en el planeta debido al cambio climático", dijo Matthew Sullivan, microbiólogo del Estado de Ohio y autor principal del estudiar. Gregory dijo que se necesita hacer más investigación para comprender por qué el Ártico es tan diverso, pero cree que podría tener que ver con las células huésped más pequeñas que viven en estas aguas frías. "Los hosts más pequeños significan más hosts, lo que podría significar más oportunidades para que los virus se diversifiquen".
En cuanto a si los investigadores esperan otro gran salto en las variedades dentro de unos años, Sullivan piensa que no. "¿Creo que hay más por descubrir? Claro, pero en este punto tengo la esperanza de que hayamos capturado en gran medida los abundantes virus que podemos con este método ", dijo, y agregó," al menos hasta que lleguemos a entornos totalmente nuevos con presiones selectivas totalmente diferentes ".
Según Curtis Suttle, un ecologista microbiano de la Universidad de Columbia Británica, los virus desempeñan un papel importante en los ciclos biogeoquímicos globales, incluido el ciclo del carbono, por el cual el carbono se mueve entre la biosfera y la atmósfera de la Tierra. "He estado tratando de demostrar que los virus marinos son de importancia crucial durante mucho tiempo", dijo Suttle, quien no participó en el nuevo estudio. "Llevar este tipo de datos a la comunidad es sumamente importante para comprender el papel de los virus en los procesos globales".
Suttle explicó que los océanos actualmente absorben aproximadamente la mitad de las emisiones de carbono causadas por los seres humanos, y la cantidad de dióxido de carbono absorbido continúa aumentando. Los virus afectan el nivel de saturación: de acuerdo con Suttle, entre el 20 y el 40 por ciento de la población bacteriana global es asesinada cada día por los virus. Cuando una bacteria es matada por una infección viral, su pared celular explota. "Todo el carbono que hizo que las bacterias se liberen en los océanos", dijo, y parte del carbono termina siendo secuestrado en las profundidades del océano.
Algunos científicos han especulado con la posibilidad de que algún día se utilicen virus para modificar el ciclo del carbono y reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, según Suttle. Zayed, quien se interesó en los virus mientras estudiaba la terapia con fagos como una alternativa a los antibióticos para tratar infecciones, llama a este esquema de geoingeniería potencialmente peligroso "terapia con fagos para el medio ambiente"
Ya sea que el descubrimiento viral tenga aplicaciones prácticas o no, Melissa Duhaime , una ecóloga microbiana en la Universidad de Michigan, está emocionada por el "factor cool" del nuevo estudio. "Cuando empiezas a ver datos nuevos como este, es como aterrizar en Marte y mirar a tu alrededor por primera vez", dijo Duhaime, "pero un Marte con pequeñas criaturas nunca antes descrito antes de mirarte".
viernes, 10 de marzo de 2017
LA CADENA ALIMENTARIA ES OTRA VÍA DE TRANSMISIÓN DE SARM
13 de febrero de 2017 – Fuente: Trends in Food Science & Technology
La resistencia a los antibióticos es uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la medicina. Incluso, en la reunión del G8 que tuvo lugar a fines de 2015, se equiparó con el cambio climático. De hecho, cerca de 25.000 personas fallecen anualmente en Europa debido a la resistencia a antibióticos y se estima que en 2050 este número superará los siete millones en el mundo. Además, el problema va en aumento, y cada vez se están detectando más cepas multirresistentes. En este marco, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM, por sus siglas en inglés) es una bacteria particularmente problemática. Ahora, un equipo de investigadores analizó la presencia de SARM a lo largo de la cadena alimentaria y en el potencial que tienen los animales de granja y los productos alimenticios derivados en su propagación. A principios de la década de 1990 se describieron las primeras cepas de Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina, un antibiótico betalactámico, en hospitales de Estados Unidos. Estas cepas empezaron a producir procesos infecciosos bastante graves, principalmente de carácter respiratorio. Años después, se detectó un segundo linaje de carácter comunitario, más virulento aunque con menor resistencia a antibióticos. Finalmente, hace aproximadamente una década se descubrió un tercer linaje, más asociado a animales, una serie de cepas con nuevas resistencias a antibióticos utilizados en la producción animal. Como ya no se trata solo de un problema nosocomial, si no que se ha superado la barrera de los hospitales y SARM ha llegado a los humanos a través de los animales, se intenta entender qué papel tiene la cadena alimentaria en esa transmisión. De este modo, se trata de caracterizar este tipo de cepas multirresistentes y en cómo los alimentos pueden ser otra vía de transmisión. El trabajo señala cómo el uso masivo de antibióticos en piensos para promover el crecimiento y el uso inadecuado de agentes antimicrobianos en medicina veterinaria y humana se consideran los principales contribuyentes a la aparición de SARM. Y deja claro cómo la cadena alimentaria, desde la producción animal hasta la mesa, puede tener un papel relevante en la transmisión de dicha resistencia. De esta forma, SARM tiene implicaciones para la seguridad de los alimentos y se requieren programas de vigilancia para su detección y control rápido.
Posibles estrategias para acabar con un problema complejo
Paliar la transmisión de SARM es un problema complejo que requiere una solución multifactorial. Aunque, a priori, el desarrollo de nuevos antibióticos –un asunto que se encuentra parado desde hace tres décadas– permitiría salvar el problema a corto plazo, la solución no puede pasar únicamente por ello, ya que las bacterias podrían adaptarse nuevamente. Se debe plantear una estrategia combinada en tres ámbitos, la sanidad humana, animal y ambiental. En general, es necesario realizar un uso responsable de los antibióticos en todos los niveles. En el caso de la producción animal, los medicamentos deben ser prescritos por un profesional veterinario ante un problema que realmente sea de carácter bacteriano. Por otro, se deben tomar medidas de bioseguridad y buscar alternativas que permitan un manejo más racional de la producción animal, como el uso de compuestos antibacterianos de carácter natural, procedentes de plantas, para añadirlos a la alimentación animal y reducir así el uso de antibióticos. También se podrían utilizar virus que atacan a las bacterias de forma selectiva para eliminar posibles agentes infecciosos en la producción animal, y además realizar una gestión adecuada de subproductos de la ganadería, como las heces, que si se liberan de manera descontrolada pueden contaminar las aguas. En cualquier caso, la aproximación no puede ser unidireccional: debe plantearse un ataque integral, utilizando diferentes enfoques para que, si falla uno de ellos, exista otro que pueda paliar ese defecto. Se debe buscar una serie de barreras conjuntas o asociadas que hagan mucho más difícil el proceso evolutivo de las resistencias.
La resistencia a los antibióticos es uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la medicina. Incluso, en la reunión del G8 que tuvo lugar a fines de 2015, se equiparó con el cambio climático. De hecho, cerca de 25.000 personas fallecen anualmente en Europa debido a la resistencia a antibióticos y se estima que en 2050 este número superará los siete millones en el mundo. Además, el problema va en aumento, y cada vez se están detectando más cepas multirresistentes. En este marco, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM, por sus siglas en inglés) es una bacteria particularmente problemática. Ahora, un equipo de investigadores analizó la presencia de SARM a lo largo de la cadena alimentaria y en el potencial que tienen los animales de granja y los productos alimenticios derivados en su propagación. A principios de la década de 1990 se describieron las primeras cepas de Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina, un antibiótico betalactámico, en hospitales de Estados Unidos. Estas cepas empezaron a producir procesos infecciosos bastante graves, principalmente de carácter respiratorio. Años después, se detectó un segundo linaje de carácter comunitario, más virulento aunque con menor resistencia a antibióticos. Finalmente, hace aproximadamente una década se descubrió un tercer linaje, más asociado a animales, una serie de cepas con nuevas resistencias a antibióticos utilizados en la producción animal. Como ya no se trata solo de un problema nosocomial, si no que se ha superado la barrera de los hospitales y SARM ha llegado a los humanos a través de los animales, se intenta entender qué papel tiene la cadena alimentaria en esa transmisión. De este modo, se trata de caracterizar este tipo de cepas multirresistentes y en cómo los alimentos pueden ser otra vía de transmisión. El trabajo señala cómo el uso masivo de antibióticos en piensos para promover el crecimiento y el uso inadecuado de agentes antimicrobianos en medicina veterinaria y humana se consideran los principales contribuyentes a la aparición de SARM. Y deja claro cómo la cadena alimentaria, desde la producción animal hasta la mesa, puede tener un papel relevante en la transmisión de dicha resistencia. De esta forma, SARM tiene implicaciones para la seguridad de los alimentos y se requieren programas de vigilancia para su detección y control rápido.
Posibles estrategias para acabar con un problema complejo
Paliar la transmisión de SARM es un problema complejo que requiere una solución multifactorial. Aunque, a priori, el desarrollo de nuevos antibióticos –un asunto que se encuentra parado desde hace tres décadas– permitiría salvar el problema a corto plazo, la solución no puede pasar únicamente por ello, ya que las bacterias podrían adaptarse nuevamente. Se debe plantear una estrategia combinada en tres ámbitos, la sanidad humana, animal y ambiental. En general, es necesario realizar un uso responsable de los antibióticos en todos los niveles. En el caso de la producción animal, los medicamentos deben ser prescritos por un profesional veterinario ante un problema que realmente sea de carácter bacteriano. Por otro, se deben tomar medidas de bioseguridad y buscar alternativas que permitan un manejo más racional de la producción animal, como el uso de compuestos antibacterianos de carácter natural, procedentes de plantas, para añadirlos a la alimentación animal y reducir así el uso de antibióticos. También se podrían utilizar virus que atacan a las bacterias de forma selectiva para eliminar posibles agentes infecciosos en la producción animal, y además realizar una gestión adecuada de subproductos de la ganadería, como las heces, que si se liberan de manera descontrolada pueden contaminar las aguas. En cualquier caso, la aproximación no puede ser unidireccional: debe plantearse un ataque integral, utilizando diferentes enfoques para que, si falla uno de ellos, exista otro que pueda paliar ese defecto. Se debe buscar una serie de barreras conjuntas o asociadas que hagan mucho más difícil el proceso evolutivo de las resistencias.
lunes, 10 de octubre de 2016
EL COMERCIO ILEGAL DE CARNE DE ANIMALES SALVAJES PODRÍA CAUSAR LA PRÓXIMA PANDEMIA GLOBAL
29 de septiembre de 2016 – Fuente: Mosaic
A primera vista, no parece haber nada inusual en Ridley Road Market. Al igual que cualquier otro mercado de Londres, hay puestos de venta de frutas y hortalizas frescas, productos electrónicos baratos, joyas artificiales, y algunas otras cosas. Entonces, el olor te golpea. Detrás de los puestos improvisados están las carnicerías. Hay una docena de ellas en menos de 100 metros, cada una mostrando una variedad de carnes y canales colgados en ganchos. Hay costillas de cerdo, jamones, patas de cordero, muslos de pollo, todas las variantes normales que se encuentran en la mayoría de las carnicerías. Pero también hay cortes más inusuales, como cabezas de cordero, riñones y pezuñas de vaca, y otros menos reconocibles. Algunos de los carniceros presentan una dudosa higiene: manejan la carne con las manos desnudas, la sangre rezuma sobre el suelo del comercio, y las moscas se posan sobre la carne. La mayoría de las mercaderías no tienen etiquetas. Nada de esto disuade a los compradores, pero no es lo que se espera de un mercado que ya ha estado en el centro de atención por la venta de carne de animales silvestres de contrabando. La carne de animales silvestres proviene de los trópicos, principalmente África Occidental y Central. Es ilegal en Gran Bretaña y muchos otros países, los cuales se vieron obligados a adoptar reglas estrictas a causa de brotes de enfermedades que estaban vinculados a la importación de esta carne. Los humanos, por supuesto, han cazado y consumido la carne de animales salvajes por cientos de miles de años. Antes de la invención de la agricultura y los animales domésticos, la vida salvaje era una importante fuente de nutrientes, y los sigue siendo en algunas regiones del mundo. Sin este tipo de caza, jamás los humanos se hubieran convertido en la especie dominante del planeta. Pero la ecuación ha cambiado. En la actualidad hay demasiados humanos y muy pocos animales silvestres. Peor aún, el desequilibrio que se ha creado ha abierto el camino a enfermedades que de otro modo habrían permanecido en los animales silvestres ‘reservorios’. Si confluye un conjunto específico de circunstancias, una enfermedad infecciosa que salta de un animal a un humano puede propagarse rápidamente y matar indiscriminadamente en el actual mundo hiperconectado. Las enfermedades infecciosas son causadas por patógenos de todas las formas y tamaños, desde moléculas simples llamadas priones a parásitos multicelulares como las tenias. Estos patógenos pueden dar lugar a una serie de enfermedades, desde las leves, como el resfrío común, a las devastadoras y fatales, como la rabia. En conjunto, las infecciones causan una de cada cinco muertes cada año, y enferman a miles de millones de personas. Afortunadamente, no todos los patógenos son capaces de producir la próxima pandemia. La muerte negra, que acabó con un tercio de la población de Europa en el siglo XIV, fue causada por la bacteria Yersinia pestis. Con los antibióticos modernos, por lo general no es necesario preocuparse por las bacterias, al menos hasta que una súper bacteria resistente a todos los antibióticos encuentra una manera de propagarse. Sin embargo, algunas infecciones tienen el potencial de causar lo que los científicos llaman simplemente the next big one (la próxima grande). “Próxima”, porque este tipo de cosas ya ha ocurrido antes -pensemos en la pandemia de gripe española de 1918- y “grande” debido a que la escala y el costo para la sociedad pueden ser enormes. La siguiente grande podría ser una amenaza conocida, como el virus del Ébola o la influenza aviar, o podría ser algo de lo que nunca hemos oído hablar. Los expertos están de acuerdo en el agente que más probabilidades tiene de causar la próxima pandemia será un virus, más específicamente, un virus de ARN. Estos virus son las bestias negras de los infectólogos, y son responsables de la influenza, el síndrome respiratorio de Medio Oriente, la enfermedad por el virus del Ébola (EVE), el síndrome respiratorio agudo severo, la poliomielitis y el VIH, entre otros. También causan enfermedades menos conocidas, pero con el potencial de convertirse en la próxima grande: la fiebre hemorrágica de Marburg, la fiebre hemorrágica de Lassa, la infección por el virus Nipah, la fiebre del Valle del Rift y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, por nombrar algunas. (A principios de septiembre un hombre murió a causa de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España, el primer caso autóctono en Europa occidental). Al contrario de lo que ocurre con las células que componen los seres vivos, los virus son austeros. Sólo portan la cantidad de código genético que sea necesario para entrar en una célula y hacerse cargo de su maquinaria. Los virus de ARN carecen del código genético para producir una enzima que corrige errores llamada ADN-polimerasa. Esto significa que su tasa de mutación es mucho mayor que cualquier otro tipo de organismo. Esta alta tasa de mutación sería una maldición para un organismo mayor, pero para los virus de ARN, es una gran ayuda. La mayoría de las mutaciones producirán un virus menos potente, pero de vez en cuando una le dará un nuevo y desagradable poder: la capacidad de ser más perjudicial para un nuevo huésped. Si un virus con esta evolución encuentra un nuevo huésped, puede desatar una nueva epidemia. La otra cosa de la que los expertos están muy seguros es que la próxima grande será una enfermedad zoonótica: una capaz de saltar de los animales a los humanos. El temor de tal evento es la razón por la que la carne de animales salvajes tiene tan mala reputación. A diferencia de la viruela –erradicada- y la poliomielitis -casi erradicada-, las enfermedades zoonóticas no pueden ser erradicadas, a menos que también se pueda erradicar todas las especies que sirven como reservorios de estos patógenos. La peste negra, la gripe española y el VIH –las causas de las tres más grandes pandemias conocidas- son todas enfermedades zoonóticas, y así, casi con total seguridad, será la próxima grande. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una lista de las principales enfermedades emergentes “susceptibles de causar brotes graves en un futuro próximo”. No es casualidad que todas las enfermedades de la lista son enfermedades zoonóticas causadas por virus de ARN, que convierten a los animales –en su mayoría silvestres- en reservorios donde esconderse. Para entender por qué la preocupa de la OMS, tenemos el ejemplo del virus de la influenza A(H5N1). Entre 2003 y 2014, este virus de ARN, que causa la influenza aviar, infectó a unas 600 personas, matando a más de la mitad de ellas. Aunque las cepas actualmente conocidas del virus pueden matar, no tienen la capacidad de pasar de un humano a otro. Esto es lo que, según la OMS, mantiene la mayoría de los casos de influenza A(H5N1) restringidos a contagios directos de un reservorio, principalmente patos silvestres, a un humano. Pero un estudio de 2012 en hurones mostró la facilidad con que este virus de la influenza podría adquirir mutaciones que le permitan pasar de un mamífero a otro. Científicos del Centro Médico Erasmus, en los Países Bajos, transfirieron virus A(H5N1) de la nariz de un hurón a otro y luego a otro. Repitieron esto diez veces, y al final del experimento, a través de una mera mutación aleatoria y replicación, el virus había adquirido la capacidad de transferirse de un hurón a otro sin la ayuda de los científicos. La implicación de su estudio, que estuvo envuelto en polémica, es que una mutación tan crucial de hecho podría ocurrir por azar. En el caso de los hurones, los científicos tiraron los dados diez veces para dar con una cepa mortal y fácilmente transmisible. No se sabe cuántas tiradas serán necesarias para lograr un efecto similar en una cepa humana. Lo que sí sabemos es que cada interacción humano-animal, tal como la caza de un animal salvaje, representa una tirada de dados para que el virus salte a una nueva especie. Los faisanes son un manjar en Gran Bretaña. En Estados Unidos, el ciervo canadiense (Cervus canadensis) es una popular presa de caza. Los avestruces (Struthio camelus) proporcionan la carne roja más magra que se puede comprar en Sudáfrica. La marmota mongol (Marmota sibirica) es un manjar en su tierra de origen. Y la lista continúa. Riesgoso o no, hay un enorme mercado para la carne de animales silvestres en todo el mundo. Toda la carne silvestre es peligrosa hasta cierto punto. Se debe tener en cuenta el brote de triquinelosis de 2012 en Europa, el primero en más de 20 años. Los investigadores encontraron en Italia que salchichas sin cocinar elaboradas con carne de jabalí (Sus scrofa) eran responsables de infectar a más de 30 personas con el patógeno Trichinella britovi. Un brote de carbunco en la Península de Yamal, en Rusia, causó la muerte de 2.349 renos (Rangifer tarandus), cuatro perros y un niño de 12 años, infectando además a 25 personas. El origen puede remontarse a cadáveres de renos que habían muerto 75 años atrás durante un brote de carbunco. El calentamiento global puede haber hecho que los cadáveres se descongelaran, y el patógeno Bacillus anthracis probablemente contaminara el suelo circundante. Sin embargo, algunas carnes silvestres son mucho más peligrosas que otras. Los bosques tropicales son el hogar de un número mucho mayor de especies que otros tipos de bosque, lo que significa que sus habitantes pueden portar más tipos de microbios causantes de enfermedades que los animales salvajes de otras partes del mundo. La carne de animales silvestres de África ha demostrado ser la fuente de flagelos tales como el VIH y, más recientemente, del brote de EVE de 2014, que hizo correr un escalofrío por la espalda de los epidemiólogos. Como el escritor David Quammen relata en su libro de 2012 Spillover, los científicos habían predicho una gran epidemia de EVE. Durante décadas, un trabajo cuidadoso había detectado brotes en África Occidental y Central. Ninguno, sin embargo, había matado a más de unos pocos cientos de personas. El brote de 2014 se veía diferente, y eso es lo que era preocupante. Se estaba propagando más rápidamente, mientras mantenía una notablemente elevada tasa de letalidad (cercana a 70%). Cuando se la dio por terminada, dos años más tarde, había infectado a 28.000 personas y matado a más de 11.000. A pesar de que se ha estado estudiando durante décadas el virus del Ébola, no se conocían entonces, y aún no hoy no se conocen, algunas de las cosas más básicas sobre el virus. Por ejemplo, ¿qué animal es el reservorio a partir del cual se contagian las personas? La falta de preparación fue asombrosa: no había ninguna vacuna contra la EVE cuando estalló en 2014, y desarrollar una podría tomar años. Incluso con las vacunas candidatas existentes hoy, tomará al menos un año testearla, aprobarla, y fabricarla, y el test sólo puede realizarse durante un brote de EVE para asegurar que los resultados de los ensayos son fiables. El brote de 2014 mostró que no estamos ni siquiera cerca de estar preparados para hacer frente a la próxima grande. El único aspecto positivo fue que el mundo comenzó a tomar más en serio los contagios de enfermedades a partir de animales. Muchos países africanos intensificaron su lucha contra la carne de caza ilegal, con el agregado de algunos murciélagos, el principal sospechoso como reservorio del virus del Ébola, a la lista de especies cuya caza está prohibida. The Guardian destacó la práctica de comer smokies, un manjar de África Occidental que es ilegal en Gran Bretaña. Newsweek publicó un artículo acerca de cómo los neoyorquinos pueden comprar fácilmente carne de caza ilegal, en la que, a pesar de que no se detectó el virus del Ébola, si se encontraron otros posibles patógenos humanos, tales como el virus espumoso del simio y herpesvirus. El informe más pertinente, sin embargo, provino de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En él anotó las etapas necesarias para que un europeo se infectado por el virus del Ébola a partir de carne de animales silvestres: “1) la carne de un animal silvestre es contaminada con el virus del Ébola; 2) esa carne es introducida ilegalmente en la Unión Europea; 3) esa carne importada debe contener virus viables cuando llega a la persona; 4) la persona debe ser expuesta al virus; y 5) la persona debe infectarse después de la exposición”. La EFSA concluyó entonces en que, a pesar de que no se conocen las probabilidades para cada uno de esas etapas para evaluar el riesgo absoluto de un caso de EVE en Europa, con base en la experiencia pasada acerca de este tipo de eventos, se puede “suponer” que el riesgo es bajo. Y, sin embargo, es este tipo de eventos el que tiene el potencial de causar estragos. El Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos describe una pandemia de este tipo como un ‘evento de cisne negro’. El escritor y ex corredor de bolsa Nassim Nicholas Taleb, quien desarrolló la Teoría de Eventos de Cisne Negro, dice que es inútil tratar de predecirlos. En su lugar, hay que prepararse para los negativos (y, por supuesto, aprender a explotar los positivos).8 Entonces, ¿qué se puede hacer para prevenir o prepararse ante un brote causado por la carne de animales silvestres? En primer lugar, se pueden encontrar maneras de reducir la propagación de patógenos de los animales a los humanos, reduciendo el consumo de carne de animales silvestres en África y en el resto del mundo. En segundo lugar, se puede desarrollar una estrategia para enfrentar esta propagación cuando se produce, para evitar que se convierta en un brote. Pero antes de que podamos empezar a reducir el número de animales salvajes muertos por su carne, es necesario entender las distintas respuestas a una pregunta: ¿por qué la gente la come? En las áreas rurales de África, las personas dependen de la carne de animales silvestres para su sustento. La carne de las ratas espinosas (Thryonomys sp.), los duikers (subfamlia Cephalophinae, de la familia Bovidae), y otros animales silvestres es generalmente más barata que las carnes de granja, tales como las de pollo y cordero. Es por ello que la transición de consumir carne de animales silvestres a la de animales domésticos no ha ocurrido en muchos lugares de África Occidental y Central. “Criar animales domésticos es bastante difícil. No hay pasto y hay muchas moscas tsé-tsé”, dice Michelle Wieland, de la Wildlife Conservation Society. “En una pequeña ciudad de África Central, una madre debe decidir entre si debe gastar lo poco que tiene en comprar un cuarto kilo de pollo o un kilo de carne de caza. Las personas prefieren comer animales silvestres, ya que son casi gratis”, añade. Sin embargo, en la situación correcta y con la ayuda de los gobiernos, algunos lugares han hecho esa transición. “En Camerún, hace diez años, se estaban vaciando las selvas. A cada lugar que se iba, había campamentos de caza. Cuando volví este año, no había ninguno”, dice Liz Greengrass, de la Born Free Foundation. “Hay muchas razones. Estas áreas probablemente fueron sobreexplotadas. Hay una mejor aplicación de la ley en la actualidad. Muchos se han convertido en cultivadores de cacao”. Más allá de la accesibilidad y la asequibilidad, hay un lado humano más matizado de lo que elegimos para comer. “La mayoría de la gente prefiere comer lo que han crecido comiendo”, dice Greengrass. Ella cree que una gran cantidad de la demanda proviene de aquellos que han nacido en las zonas rurales y luego emigraron a las ciudades africanas o incluso a Occidente. Por lo tanto, en el África urbana y en el resto del mundo, la carne de animales silvestres es generalmente considerada un plato exótico y tiene un precio más alto que el de la carne de granja. Aunque en términos absolutos la cantidad de carne de animales silvestres que se consume fuera del África rural es pequeña, su precio está promoviendo la proliferación de cazadores profesionales. Una rata espinosa puede costar en Londres más de 38 dólares. Un mono en Francia puede costar más de 130 dólares. Los precios en el país de origen pueden ser inferiores a la décima parte de los que se perciben en Occidente. “Los cazadores comerciales pueden obtener mucho dinero”, dice Greengrass, algunos más de 1.000 dólares al mes, varias veces el ingreso promedio mensual de un ciudadano de un país de África Occidental o Central. Y, desde la perspectiva de la conservación, Michelle Wieland cree que la caza con fines de contrabando –para alimentar a las personas de las ciudades o enviar la carne a otros países- es un problema mayor que las personas que consumen carne de animales silvestres para obtener la suficiente proteína para sobrevivir. “Los individuos llevan carne de animales silvestres al volver a Occidente para su uso personal o para la familia y amigos”, dice Jenny Morris, del Chartered Institute of Environmental Health, el cuerpo profesional de trabajadores de salud ambiental. “Lo que está menos claro es el volumen de este tráfico comercial. Debido que se trata de un producto de alto valor, y está prohibida su venta, conocer el volumen de ese mercado es casi imposible”. En 2012, una investigación encontró que los carniceros de Ridley Road Market en Londres estaban vendiendo carne de animales silvestres. No estaba a la vista, pero si se la pedía adecuadamente, se podía conseguir una rata espinosa, una prima más grande de la rata común que se encuentra en África Occidental y que allí es considerada un manjar. La investigación también reveló que entre 2009 y 2012, a pesar de que tenían conocimiento de la venta de carne ilegal, los funcionarios de salud ambiental sólo habían realizado dos visitas de control. Peor aún, a ninguno de los comercios se les revocó su licencia. El Concejo local manifestó que el número de visitas de control se ha incrementado considerablemente desde 2012. Uno de los mayores problemas del comercio internacional de carne de animales silvestres es que no se tiene una buena idea de la dimensión real del problema. En Gran Bretaña, el Departamento de Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA) publica informes anuales sobre el embargo de mercaderías ilícitas que entran al país. En 2014 se confiscaron unas 40 toneladas de carne de todo el mundo. Sin embargo, no aclara cuánta era carne de animales silvestres. Se estima que sólo 10% de la carne de animales silvestres que llega a Gran Bretaña es confiscada en las aduanas. Y se sabe poco acerca de la carne que llega. “Actualmente se confisca, se empaqueta, y luego se incinera antes siquiera de que entre formalmente a Gran Bretaña, sin que nadie inspeccione para detectar las especies o probables agentes patógenos”, dice Rob Ogden, presidente de la Society for Wildlife Forensic Science. En 2005, cuando Ogden formaba parte de una compañía que él creó, llamada Wildlife DNA Services, convenció al gobierno de Gran Bretaña para tratar de hacer algo por el problema de la carne de caza. Con la ayuda de Hacienda y Aduanas de Su Majestad y DEFRA, Ogden y su colega Ross McEwing comenzaron a trabajar. “Fuimos a Heathrow. Montamos un laboratorio. Teníamos un perro rastreador para revisar el equipaje de los pasajeros y recoger todo tipo de productos alimenticios. Luego de esas muestras extrajimos ADN y lo secuenciamos.” Su informe de 2007 analizó 230 muestras de carne. Siete fueron reconocidos como carne de animales silvestres (cuatro pangolines, un sitatunga, una rata espinosa, y una especie de cerdo salvaje). Incluso analizaron algunas muestras compradas por las autoridades locales en los mercados de Londres con la ayuda de la Agencia de Estándares de Alimentos (FSA). Tres de estas muestras eran de rata espinosa. Tras el informe, Ogden convenció a la FSA para desarrollar un método estandarizado para detectar carnes de animales silvestres. Pero entonces el interés del gobierno disminuyó y, por lo que él sabe, nunca se ha utilizado. “No creo que los oficiales vayan de rutina a los mercados y traten de identificar la carne de caza que se vende ilegalmente, o analizarla incluso cuando la están confiscando. Cuando saben que es ilegal, tienen motivos para confiscar y enviarla para su incineración. Rara vez se hace un seguimiento. Si no necesitan conocer los detalles a nivel de especie para confiscar, entonces es poco probable que la analicen”, dice Ogden. Un informe del DEFRA de 2013 respaldó su reclamo, afirmando que “no hay laboratorios que analicen la carne de caza o exótica debido a la falta de demanda por parte de la autoridad local”. La recesión de 2008 puede haber tenido, en parte, algún efecto. “Especialmente después de la crisis financiera, todos los departamentos con los que hemos hablado fueron cerrados o reducidos”, dice Ogden. “No hay recursos para hacer cosas que no son responsabilidad inmediata y directa de un departamento”. La carne de animales silvestres también sufre de otro obstáculo burocrático: debido a que múltiples departamentos gubernamentales están implicados en el comercio de vida silvestre, las responsabilidades del manejo de la carne de caza también está dividida. El DEFRA se ocupa de los organismos internacionales que establecen los reglamentos para el comercio de vida silvestre, por ejemplo; el Ministerio del Interior se ocupa de la seguridad fronteriza para confiscar la carne de caza que se mueve a través de los puertos y aeropuertos; la FSA trabaja con las autoridades locales para detener la venta de carne de animales silvestres; y así. Para Europa en su conjunto, la estimación más reciente de la dimensión del mercado ilegal de la carne de caza proviene de un estudio de incautaciones efectuadas en el Aeropuerto ‘Charles de Gaulle’ en París en 2010. Marcus Rowcliffe, de la Sociedad Zoológica de Londres y sus colegas confiscaron cerca de 200 kilogramos de carne de animales silvestres durante esos controles. Con la ayuda del análisis estadístico, estimaron que alrededor de cinco toneladas de carne de animales silvestres entra a Europa cada semana. 10 “El volumen y la naturaleza de la importación y el comercio sugiere la emergencia de un mercado de lujo de carne de caza africana en Europa. Las importaciones son el suministro de un sistema organizado de comercio que no satisface exclusivamente el consumo personal”, escribieron Rowcliffe y sus colegas en su estudio. “Esto lo indica el gran tamaño de muchos envíos individuales de carne de caza, y la presencia de comerciantes en París que pueden proveer carne de animales silvestres a pedido”. Los informes sugieren una operación realizada en aeropuertos belgas en 2013 que detectó cantidades similares de carne de animales silvestres, lo que indica que el comercio internacional sigue siendo muy fuerte. Sin embargo, no ha habido estimaciones más recientes. Rowcliffe dijo que trató de actualizar su propio análisis a partir de 2010, pero se encontró con que los gobiernos o bien no disponen de los datos o no están dispuestos a compartirlos. En ausencia de datos, y sin el compromiso del gobierno para conocer más, es difícil dimensionar el contrabando de carne de caza ilegal. Pero una manera de reducirlo –junto con el riesgo del contagio de una enfermedad humana a partir de un animal infectado- sin importar dónde está sucediendo, es encontrar una fuente sustentable para las especies ‘salvajes’ de las que gusta el paladar de la gente. En la Experimental Burger Society, en Londres, se pueden saborear carnes exóticas sin los riesgos concomitantes, gracias a un proveedor llamado Freedown Food. La empresa cumple con todas las regulaciones de Gran Bretaña y Europa. Su lista incluye cocodrilo de Namibia, avestruz de España, bisontes de Canadá, y cebras y antílopes de Sudáfrica. Incluso algunos países que se sabe que son el origen de la carne de caza están buscando este tipo de opción. Por ejemplo, las ratas espinosas, una delicatessen de Ghana, están siendo criadas en Accra, la capital del país, para sus residentes urbanos. Otras especies, como antílopes, erizos y ardillas, también podrían potencialmente ser criadas, y tal vez disminuir la demanda de carne de animales silvestres de especies en peligro de extinción, tales como simios, monos, elefantes, pangolines, y grandes felinos. Es posible también que los habitantes de las ciudades estarían dispuestos a pagar un poco más para saber que los animales en sus platos fueron tratados bien y están libres de enfermedades. La realidad es que, incluso con un mayor apoyo de los gobiernos y más formas sustentables de satisfacer la demanda por especies “salvajes”, es poco probable que se detenga por completo el comercio de carne de animales silvestres. Es imposible regular el consumo rural en África Occidental y Central. Y, al igual que lo que ocurre con el comercio ilegal de drogas, siempre habrá gente dispuesta a pagar por ciertos productos y vendedores que encontrarán la forma de contrabandearlos. Entonces, ¿qué podemos hacer para prepararnos ante el salto de un patógeno animal a un humano y evitar que se convierta en una pandemia en toda la regla? Además, los países más pobres del mundo no pueden permitirse el lujo de invertir mucho, en todo caso, en la preparación y la prevención de epidemias. Y, como las enfermedades infecciosas no respetan fronteras, es vital un enfoque conjunto. Por lo tanto, debemos pensar globalmente, y el candidato obvio para liderar las acciones es la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por desgracia, la OMS es un candidato imperfecto. Un análisis independiente de su respuesta al brote de EVE de 2014 encontró tres grandes problemas: falta de preparación, subestimación de los riesgos y escasez de fondos. La OMS aprendió las lecciones de la manera difícil y desde entonces ha trabajado mucho para mejorar. La respuesta de la organización al brote de fiebre zika de 2015, una enfermedad menos mortal que la EVE, pero que se ha extendido más ampliamente, ha sido mejor. La OMS dio la voz de alarma relativamente pronto y utilizó algo del dinero del fondo de emergencia creado después de la investigación del virus del Ébola. Sin embargo, aún todavía no se ha detenido la propagación de la fiebre zika, que hoy afecta a más de 60 países y territorios de las Américas, África y Asia. Las cosas podrían haber sido diferentes si se hubiera contado con una vacuna contra el virus del Ébola o el Zika. Pero el desarrollo de vacunas no es trabajo de la OMS. Afortunadamente, hay un pequeño pero creciente número de organizaciones que trabajan para llenar este vacío crucial. Uno de ellos son los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de Estados Unidos, creado en la década de 1940 como una unidad de lucha contra la malaria. Uno de sus objetivos principales hoy es entender las enfermedades infecciosas emergentes. Apoyando el trabajo de los CDC está la organización no lucrativa Global Viral. Desde 2003, ha estado recolectando muestras de sangre de los cazadores de animales silvestres en toda África. Su objetivo es detectar nuevos virus y desarrollar sistemas de alerta temprana para prevenir pandemias. Más recientemente, en agosto de 2016, comenzó su trabajo la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI). Espera crear vacunas candidatas para todas las enfermedades infecciosas emergentes en el orden de prioridad que la OMS ha establecido. La premisa es simple: las vacunas son la mejor póliza de seguro se puede comprar contra la próxima grande. Después de pasar milenios con los animales salvajes, por fin estamos comprendiendo mejor las conexiones invisibles, microbianas que nos unen. Aunque hemos coexistido sin problemas durante la mayor parte del tiempo, sólo se necesita un patógeno que salte de un animal a un humano para cambiar el mundo. Puede que no seamos capaces de predecir cuándo y cuán grande será la próxima. Pero hay una cosa que sí sabemos: debemos estar preparados.
A primera vista, no parece haber nada inusual en Ridley Road Market. Al igual que cualquier otro mercado de Londres, hay puestos de venta de frutas y hortalizas frescas, productos electrónicos baratos, joyas artificiales, y algunas otras cosas. Entonces, el olor te golpea. Detrás de los puestos improvisados están las carnicerías. Hay una docena de ellas en menos de 100 metros, cada una mostrando una variedad de carnes y canales colgados en ganchos. Hay costillas de cerdo, jamones, patas de cordero, muslos de pollo, todas las variantes normales que se encuentran en la mayoría de las carnicerías. Pero también hay cortes más inusuales, como cabezas de cordero, riñones y pezuñas de vaca, y otros menos reconocibles. Algunos de los carniceros presentan una dudosa higiene: manejan la carne con las manos desnudas, la sangre rezuma sobre el suelo del comercio, y las moscas se posan sobre la carne. La mayoría de las mercaderías no tienen etiquetas. Nada de esto disuade a los compradores, pero no es lo que se espera de un mercado que ya ha estado en el centro de atención por la venta de carne de animales silvestres de contrabando. La carne de animales silvestres proviene de los trópicos, principalmente África Occidental y Central. Es ilegal en Gran Bretaña y muchos otros países, los cuales se vieron obligados a adoptar reglas estrictas a causa de brotes de enfermedades que estaban vinculados a la importación de esta carne. Los humanos, por supuesto, han cazado y consumido la carne de animales salvajes por cientos de miles de años. Antes de la invención de la agricultura y los animales domésticos, la vida salvaje era una importante fuente de nutrientes, y los sigue siendo en algunas regiones del mundo. Sin este tipo de caza, jamás los humanos se hubieran convertido en la especie dominante del planeta. Pero la ecuación ha cambiado. En la actualidad hay demasiados humanos y muy pocos animales silvestres. Peor aún, el desequilibrio que se ha creado ha abierto el camino a enfermedades que de otro modo habrían permanecido en los animales silvestres ‘reservorios’. Si confluye un conjunto específico de circunstancias, una enfermedad infecciosa que salta de un animal a un humano puede propagarse rápidamente y matar indiscriminadamente en el actual mundo hiperconectado. Las enfermedades infecciosas son causadas por patógenos de todas las formas y tamaños, desde moléculas simples llamadas priones a parásitos multicelulares como las tenias. Estos patógenos pueden dar lugar a una serie de enfermedades, desde las leves, como el resfrío común, a las devastadoras y fatales, como la rabia. En conjunto, las infecciones causan una de cada cinco muertes cada año, y enferman a miles de millones de personas. Afortunadamente, no todos los patógenos son capaces de producir la próxima pandemia. La muerte negra, que acabó con un tercio de la población de Europa en el siglo XIV, fue causada por la bacteria Yersinia pestis. Con los antibióticos modernos, por lo general no es necesario preocuparse por las bacterias, al menos hasta que una súper bacteria resistente a todos los antibióticos encuentra una manera de propagarse. Sin embargo, algunas infecciones tienen el potencial de causar lo que los científicos llaman simplemente the next big one (la próxima grande). “Próxima”, porque este tipo de cosas ya ha ocurrido antes -pensemos en la pandemia de gripe española de 1918- y “grande” debido a que la escala y el costo para la sociedad pueden ser enormes. La siguiente grande podría ser una amenaza conocida, como el virus del Ébola o la influenza aviar, o podría ser algo de lo que nunca hemos oído hablar. Los expertos están de acuerdo en el agente que más probabilidades tiene de causar la próxima pandemia será un virus, más específicamente, un virus de ARN. Estos virus son las bestias negras de los infectólogos, y son responsables de la influenza, el síndrome respiratorio de Medio Oriente, la enfermedad por el virus del Ébola (EVE), el síndrome respiratorio agudo severo, la poliomielitis y el VIH, entre otros. También causan enfermedades menos conocidas, pero con el potencial de convertirse en la próxima grande: la fiebre hemorrágica de Marburg, la fiebre hemorrágica de Lassa, la infección por el virus Nipah, la fiebre del Valle del Rift y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, por nombrar algunas. (A principios de septiembre un hombre murió a causa de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España, el primer caso autóctono en Europa occidental). Al contrario de lo que ocurre con las células que componen los seres vivos, los virus son austeros. Sólo portan la cantidad de código genético que sea necesario para entrar en una célula y hacerse cargo de su maquinaria. Los virus de ARN carecen del código genético para producir una enzima que corrige errores llamada ADN-polimerasa. Esto significa que su tasa de mutación es mucho mayor que cualquier otro tipo de organismo. Esta alta tasa de mutación sería una maldición para un organismo mayor, pero para los virus de ARN, es una gran ayuda. La mayoría de las mutaciones producirán un virus menos potente, pero de vez en cuando una le dará un nuevo y desagradable poder: la capacidad de ser más perjudicial para un nuevo huésped. Si un virus con esta evolución encuentra un nuevo huésped, puede desatar una nueva epidemia. La otra cosa de la que los expertos están muy seguros es que la próxima grande será una enfermedad zoonótica: una capaz de saltar de los animales a los humanos. El temor de tal evento es la razón por la que la carne de animales salvajes tiene tan mala reputación. A diferencia de la viruela –erradicada- y la poliomielitis -casi erradicada-, las enfermedades zoonóticas no pueden ser erradicadas, a menos que también se pueda erradicar todas las especies que sirven como reservorios de estos patógenos. La peste negra, la gripe española y el VIH –las causas de las tres más grandes pandemias conocidas- son todas enfermedades zoonóticas, y así, casi con total seguridad, será la próxima grande. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una lista de las principales enfermedades emergentes “susceptibles de causar brotes graves en un futuro próximo”. No es casualidad que todas las enfermedades de la lista son enfermedades zoonóticas causadas por virus de ARN, que convierten a los animales –en su mayoría silvestres- en reservorios donde esconderse. Para entender por qué la preocupa de la OMS, tenemos el ejemplo del virus de la influenza A(H5N1). Entre 2003 y 2014, este virus de ARN, que causa la influenza aviar, infectó a unas 600 personas, matando a más de la mitad de ellas. Aunque las cepas actualmente conocidas del virus pueden matar, no tienen la capacidad de pasar de un humano a otro. Esto es lo que, según la OMS, mantiene la mayoría de los casos de influenza A(H5N1) restringidos a contagios directos de un reservorio, principalmente patos silvestres, a un humano. Pero un estudio de 2012 en hurones mostró la facilidad con que este virus de la influenza podría adquirir mutaciones que le permitan pasar de un mamífero a otro. Científicos del Centro Médico Erasmus, en los Países Bajos, transfirieron virus A(H5N1) de la nariz de un hurón a otro y luego a otro. Repitieron esto diez veces, y al final del experimento, a través de una mera mutación aleatoria y replicación, el virus había adquirido la capacidad de transferirse de un hurón a otro sin la ayuda de los científicos. La implicación de su estudio, que estuvo envuelto en polémica, es que una mutación tan crucial de hecho podría ocurrir por azar. En el caso de los hurones, los científicos tiraron los dados diez veces para dar con una cepa mortal y fácilmente transmisible. No se sabe cuántas tiradas serán necesarias para lograr un efecto similar en una cepa humana. Lo que sí sabemos es que cada interacción humano-animal, tal como la caza de un animal salvaje, representa una tirada de dados para que el virus salte a una nueva especie. Los faisanes son un manjar en Gran Bretaña. En Estados Unidos, el ciervo canadiense (Cervus canadensis) es una popular presa de caza. Los avestruces (Struthio camelus) proporcionan la carne roja más magra que se puede comprar en Sudáfrica. La marmota mongol (Marmota sibirica) es un manjar en su tierra de origen. Y la lista continúa. Riesgoso o no, hay un enorme mercado para la carne de animales silvestres en todo el mundo. Toda la carne silvestre es peligrosa hasta cierto punto. Se debe tener en cuenta el brote de triquinelosis de 2012 en Europa, el primero en más de 20 años. Los investigadores encontraron en Italia que salchichas sin cocinar elaboradas con carne de jabalí (Sus scrofa) eran responsables de infectar a más de 30 personas con el patógeno Trichinella britovi. Un brote de carbunco en la Península de Yamal, en Rusia, causó la muerte de 2.349 renos (Rangifer tarandus), cuatro perros y un niño de 12 años, infectando además a 25 personas. El origen puede remontarse a cadáveres de renos que habían muerto 75 años atrás durante un brote de carbunco. El calentamiento global puede haber hecho que los cadáveres se descongelaran, y el patógeno Bacillus anthracis probablemente contaminara el suelo circundante. Sin embargo, algunas carnes silvestres son mucho más peligrosas que otras. Los bosques tropicales son el hogar de un número mucho mayor de especies que otros tipos de bosque, lo que significa que sus habitantes pueden portar más tipos de microbios causantes de enfermedades que los animales salvajes de otras partes del mundo. La carne de animales silvestres de África ha demostrado ser la fuente de flagelos tales como el VIH y, más recientemente, del brote de EVE de 2014, que hizo correr un escalofrío por la espalda de los epidemiólogos. Como el escritor David Quammen relata en su libro de 2012 Spillover, los científicos habían predicho una gran epidemia de EVE. Durante décadas, un trabajo cuidadoso había detectado brotes en África Occidental y Central. Ninguno, sin embargo, había matado a más de unos pocos cientos de personas. El brote de 2014 se veía diferente, y eso es lo que era preocupante. Se estaba propagando más rápidamente, mientras mantenía una notablemente elevada tasa de letalidad (cercana a 70%). Cuando se la dio por terminada, dos años más tarde, había infectado a 28.000 personas y matado a más de 11.000. A pesar de que se ha estado estudiando durante décadas el virus del Ébola, no se conocían entonces, y aún no hoy no se conocen, algunas de las cosas más básicas sobre el virus. Por ejemplo, ¿qué animal es el reservorio a partir del cual se contagian las personas? La falta de preparación fue asombrosa: no había ninguna vacuna contra la EVE cuando estalló en 2014, y desarrollar una podría tomar años. Incluso con las vacunas candidatas existentes hoy, tomará al menos un año testearla, aprobarla, y fabricarla, y el test sólo puede realizarse durante un brote de EVE para asegurar que los resultados de los ensayos son fiables. El brote de 2014 mostró que no estamos ni siquiera cerca de estar preparados para hacer frente a la próxima grande. El único aspecto positivo fue que el mundo comenzó a tomar más en serio los contagios de enfermedades a partir de animales. Muchos países africanos intensificaron su lucha contra la carne de caza ilegal, con el agregado de algunos murciélagos, el principal sospechoso como reservorio del virus del Ébola, a la lista de especies cuya caza está prohibida. The Guardian destacó la práctica de comer smokies, un manjar de África Occidental que es ilegal en Gran Bretaña. Newsweek publicó un artículo acerca de cómo los neoyorquinos pueden comprar fácilmente carne de caza ilegal, en la que, a pesar de que no se detectó el virus del Ébola, si se encontraron otros posibles patógenos humanos, tales como el virus espumoso del simio y herpesvirus. El informe más pertinente, sin embargo, provino de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En él anotó las etapas necesarias para que un europeo se infectado por el virus del Ébola a partir de carne de animales silvestres: “1) la carne de un animal silvestre es contaminada con el virus del Ébola; 2) esa carne es introducida ilegalmente en la Unión Europea; 3) esa carne importada debe contener virus viables cuando llega a la persona; 4) la persona debe ser expuesta al virus; y 5) la persona debe infectarse después de la exposición”. La EFSA concluyó entonces en que, a pesar de que no se conocen las probabilidades para cada uno de esas etapas para evaluar el riesgo absoluto de un caso de EVE en Europa, con base en la experiencia pasada acerca de este tipo de eventos, se puede “suponer” que el riesgo es bajo. Y, sin embargo, es este tipo de eventos el que tiene el potencial de causar estragos. El Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos describe una pandemia de este tipo como un ‘evento de cisne negro’. El escritor y ex corredor de bolsa Nassim Nicholas Taleb, quien desarrolló la Teoría de Eventos de Cisne Negro, dice que es inútil tratar de predecirlos. En su lugar, hay que prepararse para los negativos (y, por supuesto, aprender a explotar los positivos).8 Entonces, ¿qué se puede hacer para prevenir o prepararse ante un brote causado por la carne de animales silvestres? En primer lugar, se pueden encontrar maneras de reducir la propagación de patógenos de los animales a los humanos, reduciendo el consumo de carne de animales silvestres en África y en el resto del mundo. En segundo lugar, se puede desarrollar una estrategia para enfrentar esta propagación cuando se produce, para evitar que se convierta en un brote. Pero antes de que podamos empezar a reducir el número de animales salvajes muertos por su carne, es necesario entender las distintas respuestas a una pregunta: ¿por qué la gente la come? En las áreas rurales de África, las personas dependen de la carne de animales silvestres para su sustento. La carne de las ratas espinosas (Thryonomys sp.), los duikers (subfamlia Cephalophinae, de la familia Bovidae), y otros animales silvestres es generalmente más barata que las carnes de granja, tales como las de pollo y cordero. Es por ello que la transición de consumir carne de animales silvestres a la de animales domésticos no ha ocurrido en muchos lugares de África Occidental y Central. “Criar animales domésticos es bastante difícil. No hay pasto y hay muchas moscas tsé-tsé”, dice Michelle Wieland, de la Wildlife Conservation Society. “En una pequeña ciudad de África Central, una madre debe decidir entre si debe gastar lo poco que tiene en comprar un cuarto kilo de pollo o un kilo de carne de caza. Las personas prefieren comer animales silvestres, ya que son casi gratis”, añade. Sin embargo, en la situación correcta y con la ayuda de los gobiernos, algunos lugares han hecho esa transición. “En Camerún, hace diez años, se estaban vaciando las selvas. A cada lugar que se iba, había campamentos de caza. Cuando volví este año, no había ninguno”, dice Liz Greengrass, de la Born Free Foundation. “Hay muchas razones. Estas áreas probablemente fueron sobreexplotadas. Hay una mejor aplicación de la ley en la actualidad. Muchos se han convertido en cultivadores de cacao”. Más allá de la accesibilidad y la asequibilidad, hay un lado humano más matizado de lo que elegimos para comer. “La mayoría de la gente prefiere comer lo que han crecido comiendo”, dice Greengrass. Ella cree que una gran cantidad de la demanda proviene de aquellos que han nacido en las zonas rurales y luego emigraron a las ciudades africanas o incluso a Occidente. Por lo tanto, en el África urbana y en el resto del mundo, la carne de animales silvestres es generalmente considerada un plato exótico y tiene un precio más alto que el de la carne de granja. Aunque en términos absolutos la cantidad de carne de animales silvestres que se consume fuera del África rural es pequeña, su precio está promoviendo la proliferación de cazadores profesionales. Una rata espinosa puede costar en Londres más de 38 dólares. Un mono en Francia puede costar más de 130 dólares. Los precios en el país de origen pueden ser inferiores a la décima parte de los que se perciben en Occidente. “Los cazadores comerciales pueden obtener mucho dinero”, dice Greengrass, algunos más de 1.000 dólares al mes, varias veces el ingreso promedio mensual de un ciudadano de un país de África Occidental o Central. Y, desde la perspectiva de la conservación, Michelle Wieland cree que la caza con fines de contrabando –para alimentar a las personas de las ciudades o enviar la carne a otros países- es un problema mayor que las personas que consumen carne de animales silvestres para obtener la suficiente proteína para sobrevivir. “Los individuos llevan carne de animales silvestres al volver a Occidente para su uso personal o para la familia y amigos”, dice Jenny Morris, del Chartered Institute of Environmental Health, el cuerpo profesional de trabajadores de salud ambiental. “Lo que está menos claro es el volumen de este tráfico comercial. Debido que se trata de un producto de alto valor, y está prohibida su venta, conocer el volumen de ese mercado es casi imposible”. En 2012, una investigación encontró que los carniceros de Ridley Road Market en Londres estaban vendiendo carne de animales silvestres. No estaba a la vista, pero si se la pedía adecuadamente, se podía conseguir una rata espinosa, una prima más grande de la rata común que se encuentra en África Occidental y que allí es considerada un manjar. La investigación también reveló que entre 2009 y 2012, a pesar de que tenían conocimiento de la venta de carne ilegal, los funcionarios de salud ambiental sólo habían realizado dos visitas de control. Peor aún, a ninguno de los comercios se les revocó su licencia. El Concejo local manifestó que el número de visitas de control se ha incrementado considerablemente desde 2012. Uno de los mayores problemas del comercio internacional de carne de animales silvestres es que no se tiene una buena idea de la dimensión real del problema. En Gran Bretaña, el Departamento de Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA) publica informes anuales sobre el embargo de mercaderías ilícitas que entran al país. En 2014 se confiscaron unas 40 toneladas de carne de todo el mundo. Sin embargo, no aclara cuánta era carne de animales silvestres. Se estima que sólo 10% de la carne de animales silvestres que llega a Gran Bretaña es confiscada en las aduanas. Y se sabe poco acerca de la carne que llega. “Actualmente se confisca, se empaqueta, y luego se incinera antes siquiera de que entre formalmente a Gran Bretaña, sin que nadie inspeccione para detectar las especies o probables agentes patógenos”, dice Rob Ogden, presidente de la Society for Wildlife Forensic Science. En 2005, cuando Ogden formaba parte de una compañía que él creó, llamada Wildlife DNA Services, convenció al gobierno de Gran Bretaña para tratar de hacer algo por el problema de la carne de caza. Con la ayuda de Hacienda y Aduanas de Su Majestad y DEFRA, Ogden y su colega Ross McEwing comenzaron a trabajar. “Fuimos a Heathrow. Montamos un laboratorio. Teníamos un perro rastreador para revisar el equipaje de los pasajeros y recoger todo tipo de productos alimenticios. Luego de esas muestras extrajimos ADN y lo secuenciamos.” Su informe de 2007 analizó 230 muestras de carne. Siete fueron reconocidos como carne de animales silvestres (cuatro pangolines, un sitatunga, una rata espinosa, y una especie de cerdo salvaje). Incluso analizaron algunas muestras compradas por las autoridades locales en los mercados de Londres con la ayuda de la Agencia de Estándares de Alimentos (FSA). Tres de estas muestras eran de rata espinosa. Tras el informe, Ogden convenció a la FSA para desarrollar un método estandarizado para detectar carnes de animales silvestres. Pero entonces el interés del gobierno disminuyó y, por lo que él sabe, nunca se ha utilizado. “No creo que los oficiales vayan de rutina a los mercados y traten de identificar la carne de caza que se vende ilegalmente, o analizarla incluso cuando la están confiscando. Cuando saben que es ilegal, tienen motivos para confiscar y enviarla para su incineración. Rara vez se hace un seguimiento. Si no necesitan conocer los detalles a nivel de especie para confiscar, entonces es poco probable que la analicen”, dice Ogden. Un informe del DEFRA de 2013 respaldó su reclamo, afirmando que “no hay laboratorios que analicen la carne de caza o exótica debido a la falta de demanda por parte de la autoridad local”. La recesión de 2008 puede haber tenido, en parte, algún efecto. “Especialmente después de la crisis financiera, todos los departamentos con los que hemos hablado fueron cerrados o reducidos”, dice Ogden. “No hay recursos para hacer cosas que no son responsabilidad inmediata y directa de un departamento”. La carne de animales silvestres también sufre de otro obstáculo burocrático: debido a que múltiples departamentos gubernamentales están implicados en el comercio de vida silvestre, las responsabilidades del manejo de la carne de caza también está dividida. El DEFRA se ocupa de los organismos internacionales que establecen los reglamentos para el comercio de vida silvestre, por ejemplo; el Ministerio del Interior se ocupa de la seguridad fronteriza para confiscar la carne de caza que se mueve a través de los puertos y aeropuertos; la FSA trabaja con las autoridades locales para detener la venta de carne de animales silvestres; y así. Para Europa en su conjunto, la estimación más reciente de la dimensión del mercado ilegal de la carne de caza proviene de un estudio de incautaciones efectuadas en el Aeropuerto ‘Charles de Gaulle’ en París en 2010. Marcus Rowcliffe, de la Sociedad Zoológica de Londres y sus colegas confiscaron cerca de 200 kilogramos de carne de animales silvestres durante esos controles. Con la ayuda del análisis estadístico, estimaron que alrededor de cinco toneladas de carne de animales silvestres entra a Europa cada semana. 10 “El volumen y la naturaleza de la importación y el comercio sugiere la emergencia de un mercado de lujo de carne de caza africana en Europa. Las importaciones son el suministro de un sistema organizado de comercio que no satisface exclusivamente el consumo personal”, escribieron Rowcliffe y sus colegas en su estudio. “Esto lo indica el gran tamaño de muchos envíos individuales de carne de caza, y la presencia de comerciantes en París que pueden proveer carne de animales silvestres a pedido”. Los informes sugieren una operación realizada en aeropuertos belgas en 2013 que detectó cantidades similares de carne de animales silvestres, lo que indica que el comercio internacional sigue siendo muy fuerte. Sin embargo, no ha habido estimaciones más recientes. Rowcliffe dijo que trató de actualizar su propio análisis a partir de 2010, pero se encontró con que los gobiernos o bien no disponen de los datos o no están dispuestos a compartirlos. En ausencia de datos, y sin el compromiso del gobierno para conocer más, es difícil dimensionar el contrabando de carne de caza ilegal. Pero una manera de reducirlo –junto con el riesgo del contagio de una enfermedad humana a partir de un animal infectado- sin importar dónde está sucediendo, es encontrar una fuente sustentable para las especies ‘salvajes’ de las que gusta el paladar de la gente. En la Experimental Burger Society, en Londres, se pueden saborear carnes exóticas sin los riesgos concomitantes, gracias a un proveedor llamado Freedown Food. La empresa cumple con todas las regulaciones de Gran Bretaña y Europa. Su lista incluye cocodrilo de Namibia, avestruz de España, bisontes de Canadá, y cebras y antílopes de Sudáfrica. Incluso algunos países que se sabe que son el origen de la carne de caza están buscando este tipo de opción. Por ejemplo, las ratas espinosas, una delicatessen de Ghana, están siendo criadas en Accra, la capital del país, para sus residentes urbanos. Otras especies, como antílopes, erizos y ardillas, también podrían potencialmente ser criadas, y tal vez disminuir la demanda de carne de animales silvestres de especies en peligro de extinción, tales como simios, monos, elefantes, pangolines, y grandes felinos. Es posible también que los habitantes de las ciudades estarían dispuestos a pagar un poco más para saber que los animales en sus platos fueron tratados bien y están libres de enfermedades. La realidad es que, incluso con un mayor apoyo de los gobiernos y más formas sustentables de satisfacer la demanda por especies “salvajes”, es poco probable que se detenga por completo el comercio de carne de animales silvestres. Es imposible regular el consumo rural en África Occidental y Central. Y, al igual que lo que ocurre con el comercio ilegal de drogas, siempre habrá gente dispuesta a pagar por ciertos productos y vendedores que encontrarán la forma de contrabandearlos. Entonces, ¿qué podemos hacer para prepararnos ante el salto de un patógeno animal a un humano y evitar que se convierta en una pandemia en toda la regla? Además, los países más pobres del mundo no pueden permitirse el lujo de invertir mucho, en todo caso, en la preparación y la prevención de epidemias. Y, como las enfermedades infecciosas no respetan fronteras, es vital un enfoque conjunto. Por lo tanto, debemos pensar globalmente, y el candidato obvio para liderar las acciones es la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por desgracia, la OMS es un candidato imperfecto. Un análisis independiente de su respuesta al brote de EVE de 2014 encontró tres grandes problemas: falta de preparación, subestimación de los riesgos y escasez de fondos. La OMS aprendió las lecciones de la manera difícil y desde entonces ha trabajado mucho para mejorar. La respuesta de la organización al brote de fiebre zika de 2015, una enfermedad menos mortal que la EVE, pero que se ha extendido más ampliamente, ha sido mejor. La OMS dio la voz de alarma relativamente pronto y utilizó algo del dinero del fondo de emergencia creado después de la investigación del virus del Ébola. Sin embargo, aún todavía no se ha detenido la propagación de la fiebre zika, que hoy afecta a más de 60 países y territorios de las Américas, África y Asia. Las cosas podrían haber sido diferentes si se hubiera contado con una vacuna contra el virus del Ébola o el Zika. Pero el desarrollo de vacunas no es trabajo de la OMS. Afortunadamente, hay un pequeño pero creciente número de organizaciones que trabajan para llenar este vacío crucial. Uno de ellos son los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de Estados Unidos, creado en la década de 1940 como una unidad de lucha contra la malaria. Uno de sus objetivos principales hoy es entender las enfermedades infecciosas emergentes. Apoyando el trabajo de los CDC está la organización no lucrativa Global Viral. Desde 2003, ha estado recolectando muestras de sangre de los cazadores de animales silvestres en toda África. Su objetivo es detectar nuevos virus y desarrollar sistemas de alerta temprana para prevenir pandemias. Más recientemente, en agosto de 2016, comenzó su trabajo la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI). Espera crear vacunas candidatas para todas las enfermedades infecciosas emergentes en el orden de prioridad que la OMS ha establecido. La premisa es simple: las vacunas son la mejor póliza de seguro se puede comprar contra la próxima grande. Después de pasar milenios con los animales salvajes, por fin estamos comprendiendo mejor las conexiones invisibles, microbianas que nos unen. Aunque hemos coexistido sin problemas durante la mayor parte del tiempo, sólo se necesita un patógeno que salte de un animal a un humano para cambiar el mundo. Puede que no seamos capaces de predecir cuándo y cuán grande será la próxima. Pero hay una cosa que sí sabemos: debemos estar preparados.
martes, 11 de agosto de 2015
Brasil: Conservar la Amazônia reduce los casos de malaria y de otras enfermedades
16 de junio de 2015
Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences
Un estudio realizado en la Amazônia brasileña demuestra que en zonas de protección ambiental estricta la incidencia de malaria, diarrea e infecciones respiratorias es significativamente menor a la de otros tipos de áreas protegidas, carreteras y áreas mineras. “En general se considera que las unidades de conservación de protección completa imponen más costos para la población local y tienen como beneficios solamente bienes públicos globales, como la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, nuestro estudio muestra que estas áreas también son más eficaces en generación de beneficios públicos de salud local”, explicó Simone Bauch, investigadora del Banco Interamericano de Desarrollo en Brasília y coautora del trabajo. El estudio muestra que si bien la construcción de carreteras se asocia a menores tasas de infecciones respiratorias y diarrea, aumenta la incidencia de malaria, porque la deforestación deja más lugares para la reproducción de mosquitos. Las áreas de uso sostenible –que permiten la ocupación y el uso humano– tienen mayor incidencia de malaria, mientras que las áreas de protección estricta ostentan tasas más bajas de las tres enfermedades, de lo que los autores deducen que el tipo de protección ambiental es importante. Los investigadores analizaron datos de enfermedades, salud pública, clima, demografía, políticas de conservación y otros de 700 municipios de la Amazônia brasileña. Subhrendu Pattanayak, de la Duke University (Estados Unidos), coautor del estudio, dijo que antes de este estudio la comunidad científica solo intuía que la conservación del ambiente ofrecía beneficios para la salud, pero sin datos concretos. Para Felipe Pessoa, investigador en Salud Pública de Fiocruz Amazônia, institución de investigación en salud, la gran cantidad de datos analizados brindan evidencia estadística de cómo “el deterioro de la calidad ambiental de la Amazônia empeora las condiciones de salud”. Según Pessoa, estos resultados implican que los “tomadores de decisiones en la esfera política deberían unir esfuerzos de políticas de salud pública y de conservación” pues no siempre se comunican con la velocidad que se espera ante evidencias tan importantes, señaló. Pattanayak dijo que la ciencia se ha especializado tanto, que a veces resulta difícil abordar cuestiones de políticas públicas que abarcan varios temas como medicina, salud pública, ciencias ambientales, economía y ciencias políticas. Los factores económicos e intereses particulares dificultan aún más invertir esfuerzos en la creación de una base de datos de salud, cambios ambientales, servicios públicos (carreteras, médicos), condiciones sociales y factores económicos para un determinado grupo de personas. “Hay un amplio reconocimiento de la importancia de la investigación multi e interdisciplinaria –como esta– pero muy pocos incentivos para realizarla, así que los investigadores no están motivados a investigar estos temas”, refirió.
Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences
Un estudio realizado en la Amazônia brasileña demuestra que en zonas de protección ambiental estricta la incidencia de malaria, diarrea e infecciones respiratorias es significativamente menor a la de otros tipos de áreas protegidas, carreteras y áreas mineras. “En general se considera que las unidades de conservación de protección completa imponen más costos para la población local y tienen como beneficios solamente bienes públicos globales, como la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, nuestro estudio muestra que estas áreas también son más eficaces en generación de beneficios públicos de salud local”, explicó Simone Bauch, investigadora del Banco Interamericano de Desarrollo en Brasília y coautora del trabajo. El estudio muestra que si bien la construcción de carreteras se asocia a menores tasas de infecciones respiratorias y diarrea, aumenta la incidencia de malaria, porque la deforestación deja más lugares para la reproducción de mosquitos. Las áreas de uso sostenible –que permiten la ocupación y el uso humano– tienen mayor incidencia de malaria, mientras que las áreas de protección estricta ostentan tasas más bajas de las tres enfermedades, de lo que los autores deducen que el tipo de protección ambiental es importante. Los investigadores analizaron datos de enfermedades, salud pública, clima, demografía, políticas de conservación y otros de 700 municipios de la Amazônia brasileña. Subhrendu Pattanayak, de la Duke University (Estados Unidos), coautor del estudio, dijo que antes de este estudio la comunidad científica solo intuía que la conservación del ambiente ofrecía beneficios para la salud, pero sin datos concretos. Para Felipe Pessoa, investigador en Salud Pública de Fiocruz Amazônia, institución de investigación en salud, la gran cantidad de datos analizados brindan evidencia estadística de cómo “el deterioro de la calidad ambiental de la Amazônia empeora las condiciones de salud”. Según Pessoa, estos resultados implican que los “tomadores de decisiones en la esfera política deberían unir esfuerzos de políticas de salud pública y de conservación” pues no siempre se comunican con la velocidad que se espera ante evidencias tan importantes, señaló. Pattanayak dijo que la ciencia se ha especializado tanto, que a veces resulta difícil abordar cuestiones de políticas públicas que abarcan varios temas como medicina, salud pública, ciencias ambientales, economía y ciencias políticas. Los factores económicos e intereses particulares dificultan aún más invertir esfuerzos en la creación de una base de datos de salud, cambios ambientales, servicios públicos (carreteras, médicos), condiciones sociales y factores económicos para un determinado grupo de personas. “Hay un amplio reconocimiento de la importancia de la investigación multi e interdisciplinaria –como esta– pero muy pocos incentivos para realizarla, así que los investigadores no están motivados a investigar estos temas”, refirió.
jueves, 13 de octubre de 2011
LOS MICROBIOS PUEDEN VIAJAR MILES DE KILÓMETROS ACARREADOS POR LOS VIENTOS
7 de octubre de 2011 –
Fuente: Journal of Biogeography
Un nuevo estudio revela hasta qué distancia pueden viajar los microbios, transportados por el aire, y hasta qué punto ello depende del tamaño de cada microbio. La capacidad de dispersión aérea de los microorganismos es una cuestión importante ante ciertas epidemia
Los investigadores, de la Universidad John Moores de Liverpool, en Gran Bretaña, el Instituto Forestal Federal suizo, y otras instituciones, se valieron de extensos modelos digitales de la atmósfera terrestre para estudiar hasta dónde podrían ser dispersados los microbio
El equipo dirigido por el Dr. Dave Wilkinson de la Universidad John Moores de Liverpool y Symeon Koumoutsaris del Instituto Internacional de Ciencias Espaciales en Berna, Suiza, adaptó modelos que fueron diseñados originalmente para estudiar la dispersión de partículas de polvo. Una vez modificados y puestos en marcha, observaron lo que ocurriría si soltasen microbios virtuales desde el extremo sur de Sudamérica y también desde México. Una vez en el aire, los microbios que poseen un diámetro medio inferior a 20 μm pueden recorrer con facilidad miles de kilómetros, arrastrados por los vientos.
Los microbios con un diámetro medio inferior a los 9 μm llegaron hasta la lejana Australia. Con tales tamaños podemos encontrar en la naturaleza muchas bacterias y también bastantes amebas, así como algunas esporas de hongos.
El equipo de investigación constató que para microbios más pequeños, una vez que pasan a ser transportados por las masas de aire, la dispersión es muy eficiente durante un período de un año.
Entre los resultados más sorprendentes, cabe destacar que mientras que se obtuvo una extensa distribución de los microbios virtuales dentro de cada hemisferio, no hubo dispersión significativa de microbios entre el Hemisferio Norte y el Sur durante el periodo simulado de un año.
Las simulaciones del nuevo estudio dejan claro que sólo los microbios más pequeños viajan con facilidad entre continentes. A los más grandes (con más de 20 μm) les resulta difícil viajar entre continentes en el transcurso de un año.
La mayoría de los microbios arrastrados por el viento suelen ser inofensivos, pero de vez en cuando en el pasado han surgido brotes epidémicos de ciertas enfermedades, como la meningitis en la región del Sahel en África, los cuales han sido asociados a estos microbios aerotransportados. Estos procesos también pueden transportar de una región a otra del planeta enfermedades de tipo agrícola o animal provocadas por microbios.
Fuente: Journal of Biogeography
Un nuevo estudio revela hasta qué distancia pueden viajar los microbios, transportados por el aire, y hasta qué punto ello depende del tamaño de cada microbio. La capacidad de dispersión aérea de los microorganismos es una cuestión importante ante ciertas epidemia
Los investigadores, de la Universidad John Moores de Liverpool, en Gran Bretaña, el Instituto Forestal Federal suizo, y otras instituciones, se valieron de extensos modelos digitales de la atmósfera terrestre para estudiar hasta dónde podrían ser dispersados los microbio
El equipo dirigido por el Dr. Dave Wilkinson de la Universidad John Moores de Liverpool y Symeon Koumoutsaris del Instituto Internacional de Ciencias Espaciales en Berna, Suiza, adaptó modelos que fueron diseñados originalmente para estudiar la dispersión de partículas de polvo. Una vez modificados y puestos en marcha, observaron lo que ocurriría si soltasen microbios virtuales desde el extremo sur de Sudamérica y también desde México. Una vez en el aire, los microbios que poseen un diámetro medio inferior a 20 μm pueden recorrer con facilidad miles de kilómetros, arrastrados por los vientos.
Los microbios con un diámetro medio inferior a los 9 μm llegaron hasta la lejana Australia. Con tales tamaños podemos encontrar en la naturaleza muchas bacterias y también bastantes amebas, así como algunas esporas de hongos.
El equipo de investigación constató que para microbios más pequeños, una vez que pasan a ser transportados por las masas de aire, la dispersión es muy eficiente durante un período de un año.
Entre los resultados más sorprendentes, cabe destacar que mientras que se obtuvo una extensa distribución de los microbios virtuales dentro de cada hemisferio, no hubo dispersión significativa de microbios entre el Hemisferio Norte y el Sur durante el periodo simulado de un año.
Las simulaciones del nuevo estudio dejan claro que sólo los microbios más pequeños viajan con facilidad entre continentes. A los más grandes (con más de 20 μm) les resulta difícil viajar entre continentes en el transcurso de un año.
La mayoría de los microbios arrastrados por el viento suelen ser inofensivos, pero de vez en cuando en el pasado han surgido brotes epidémicos de ciertas enfermedades, como la meningitis en la región del Sahel en África, los cuales han sido asociados a estos microbios aerotransportados. Estos procesos también pueden transportar de una región a otra del planeta enfermedades de tipo agrícola o animal provocadas por microbios.
jueves, 11 de agosto de 2011
Acudir al hospital, más peligroso que viajar en avión
La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que actualmente es más arriesgado y peligroso acudir a un hospital que volar en avión, sobre todo teniendo en cuenta que cada año mueren millones de personas por errores médicos o infecciones nosocomiales.
En concreto, y según ha asegurado Liam Donaldso, el nuevo representante de los pacientes de este organismo de Naciones Unidas, "si un ciudadano es ingresado en un hospital de cualquier país del mundo, tiene un 10% de probabilidades de sufrir algún error en su cuidado, que en uno de cada 300 casos puede llevarle a la muerte".
Sin embargo, añade este experto, el riesgo de morir en un accidente aéreo es muchísimo menor, ya que hay una probabilidad entre 10 millones, lo que "demuestra que la atención sanitaria en general en todo el mundo tiene todavía un largo camino por recorrer", dijo.
Actualmente, hay cientos de millones de personas que cada año sufren infecciones relacionadas con su atención sanitaria, lo que se conoce como infecciones nosocomiales, por lo que la OMS pide a los pacientes que hagan preguntas y se impliquen más en las decisiones que se toman durante su estancia hospitalaria para controlar que, por ejemplo, se tomen las medidas de higiene adecuadas, ya que, según aseguran, más de la mitad de estas infecciones se podrían prevenir si los profesionales sanitarios se lavasen las manos antes de tratar a los pacientes.
Asimismo, ha explicado Donaldson, "cuanto más tiempo pasan los pacientes en la UCI, mayor es su riesgo de contraer una infección", ya que hay determinados dispositivos, como los catéteres o los ventiladores, que se asocian a una tasa de infección más elevada.
La OMS ha destacado además que la tasa de fallecimientos por infecciones nosocomiales es mayor en Estados Unidos que en Europa. Así, mientras que en este país se producen 1,7 millones de infecciones y 100.000 muertes, en Europa hay 4,5 millones de infecciones que, en cambio, causan 37.000 fallecimientos.
"La infección es un gran problema, las lesiones después de las caídas en los hospitales son un gran problema, y hay problemas que están en una escala más pequeña pero que resultan en muertes prevenibles, como los errores en la medicación, que son comunes", ha sentenciado.
martes, 14 de diciembre de 2010
EL DESCUBRIMIENTO DE UN "BICHO DE ARSÉNICO" EXPANDE LA DEFINICIÓN DE LA VIDA

Diciembre 2, 2010: Con el apoyo de la NASA, un grupo de investigadores ha descubierto el primer microorganismo terrestre capaz de desarrollarse y reproducirse utilizando arsénico, un elemento químico muy tóxico. El microorganismo, que vive en el Lago Mono, California, sustituye al fósforo por arsénico para construir su ADN y otros componentes celulares.
"La definición de la vida acaba de expandirse", dijo Ed Weiler, administrador asociado de la NASA para el Directorio de Misiones Científicas, en las oficinas centrales de la agencia, ubicadas en Washington. "Conforme avanzamos en nuestros esfuerzos por encontrar signos de vida en el sistema solar, tenemos que ampliar nuestro pensamiento, hacerlo más diverso y considerar que puede existir vida de una manera diferente a la que conocemos".
El hallazgo de una composición bioquímica alternativa alterará los libros de texto de biología y expandirá el alcance de la búsqueda de vida fuera del planeta Tierra. La investigación será publicada en la edición de esta semana de la revista Science Express.
Carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre son las seis piezas básicas de todas las formas de vida conocidas en la Tierra. El fósforo es parte de la columna vertebral química del ADN y del ARN, las estructuras que transportan las instrucciones genéticas para la vida, y es considerado un elemento esencial para todas las células vivas.
El fósforo es un componente esencial de la molécula que transporta la energía en todas las células (el adenosín trifosfato) y también de los fosfolípidos que conforman todas las membranas celulares. El arsénico, aunque es químicamente similar al fósforo, es venenoso para la mayoría de los seres vivos en la Tierra. El arsénico destruye los senderos del metabolismo porque, químicamente, se comporta de manera similar al fosfato.
"Sabemos que algunos microbios pueden respirar arsénico, pero lo que encontramos es un microbio que hace algo completamente distinto: construye partes de sí mismo con el arsénico", dijo Felisa Wolfe-Simon, una becaria de Investigación en Astrobiología para la NASA, en el Centro de Estudios Geológicos de Estados Unidos (U.S. Geological Survey, en idioma inglés), en Menlo Park, California, y quien dirigió al equipo que llevó a cabo la investigación. "Si algo aquí en la Tierra puede hacer algo tan inesperado, ¿qué más puede hacer la vida que aún no hemos visto?"
El microbio recién descubierto, la cepa GFAJ-1, es miembro de un grupo común de bacterias, las Gammaproteobacterias. En el laboratorio, los investigadores lograron exitosamente que los microbios del lago crecieran con una dieta muy baja en fósforo y muy generosa en arsénico. Cuando los investigadores quitaron el fósforo y lo reemplazaron con arsénico, los microbios continuaron creciendo. Análisis posteriores indicaron que el arsénico estaba siendo usado para producir los componentes básicos de las nuevas células de GFAJ-1.
El punto crucial que los científicos investigaron consistió en saber, para el microbio que creció en el arsénico, cuándo fue el arsénico incorporado en la maquinaria bioquímica vital del organismo, como lo es el ADN, las proteínas y las membranas celulares. Una variedad de técnicas sofisticadas de laboratorio fueron usadas para determinar dónde fue incorporado el arsénico.
El equipo escogió explorar el Lago Mono debido a su química inusual, especialmente su alta salinidad, su alta alcalinidad y sus altos niveles de arsénico. Esta química es, en parte, una consecuencia del aislamiento del Lago Mono de sus fuentes de agua dulce durante un período de 50 años.
Los resultados de este estudio aportarán información valiosa a investigaciones en muchas áreas, incluyendo el estudio de la evolución de la Tierra, la química orgánica, los ciclos bioquímicos, la lucha contra las enfermedades y la investigación de la Tierra como sistema. Estos hallazgos también abren nuevas fronteras en el campo de la microbiología y de otras áreas del conocimiento.
"La idea de bioquímicas alternativas para la vida es común en la ciencia ficción", dijo Carl Pilcher, quien es el director del Instituto de Astrobiología de la NASA (NASA Astrobiology Institute, en idioma inglés), en el Centro de Investigaciones Ames (Ames Research Center, en idioma inglés), ubicado en Moffet Field, California. "Hasta ahora, una forma de vida que usa el arsénico como bloque fundamental era solamente teoría, pero ahora sabemos que un tipo de vida como ese existe en el Lago Mono".
El equipo de investigación incluye a científicos del Centro de Estudios Geológicos de Estados Unidos, de la Universidad Estatal de Arizona (Arizona State University, en idioma inglés), localizado en Tempe, Arizona, del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (Lawrence Livermore National Laboratory, en idioma inglés), ubicado en Livermore, California, de la Universidad Duquesne (Duquesne University, en idioma inglés), en Pittsburgh, Pennsilvannia, y de la Fuente de Radiación Sincrotrónica de Stanford (Standford Synchroton Radiation LightSource, en idioma inglés), en Menlo Park, California.
El Programa de Astrobiología de la NASA (NASA Astrobiology Program, en idioma inglés), en Washington, contribuyó con fondos para las investigaciones a través de su Programa de Exobiología y Biología Evolutiva (Exobiology and Evolutionary Biology, en idioma inglés), así como del Instituto de Astrobiología (Institute for Astrobiology, en idioma inglés), de la NASA. El Programa de Astrobiología de la NASA apoya investigaciones sobre el origen, la evolución, la distribución y el futuro de la vida en la Tierra.
Créditos y Contactos
Autor: Dr. Tony Phillips
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips Traducción al Español: Carlos Román
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Carlos Román Zúñiga
lunes, 5 de julio de 2010
Estudio muestra que palomas son fuente de bacterias dañinas

22 de junio de 2010, 12:37 PM
Por Kate Kelland
LONDRES (Reuters) - Un equipo de científicos identificó que las palomas, que dominan las plazas de las ciudades de todo el mundo y gozan de mala fama, transportan dos bacterias causantes de enfermedades, lo que las convierte en una amenaza para la salud pública.
Los resultados del estudio en España mostraron que pese a que estos microorganismos pueden ser dañinos para los humanos, aparentemente no causan problemas a las aves. Por lo tanto las palomas, que a menudo son llamadas "ratas con alas", pueden actuar como fuentes de peligrosas bacterias.
"Los animales que viven en contacto cercano con los humanos pueden ser riesgosas reservas de patógenos humanos", escribió Fernando Esperon, del Centro de Investigación de Salud Animal en Madrid, que lideró el estudio.
Las personas que habitan de Londres a Venecia y de Nueva York a San Francisco tienden a tener una relación de amor y odio con los millones de palomas urbanas que dominan las plazas, bares y monumentos de sus ciudades.
Sus desechos cubren la Plaza Trafalgar, en Londres; la Plaza San Marcos, en Venecia, y Times Square, en Nueva York, donde picotean sin cesar las migas que quedan de la comida.
Para este estudio, que fue publicado en la revista BioMed Central del Acta Veterinaria Scandinavica, Esperon y su equipo analizaron 118 palomas de áreas urbanas de la capital española para detectar la prevalencia de ciertas bacterias conocidas como portadoras de enfermedades en los humanos.
Los investigadores hallaron una bacteria llamada Chlamydophila psittaci en el 52,6 por ciento de las aves capturadas, y otra llamada Campylobacter jejuni en el 69,1 por ciento.
En los humanos, la psitacosis a menudo comienza con síntomas gripales y se puede convertir en una neumonía peligrosa para la vida. Y, de acuerdo a Esperon, la bacteria de la especie campylobacter es una de las principales causas de diarrea aguda en todo el mundo.
"De hecho, en muchos países, como Inglaterra y Gales, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, la infección de Campylobacter jejuni provoca más casos de diarrea aguda que la infección con las especies de salmonella", escribió.
Al igual que otras bacterias, la salmonella también puede causar fiebre, diarrea, náuseas y vómitos.
Los científicos dijeron que, aunque las mismas aves parecían no enfermarse con las bacterias, podrían potencialmente transmitirlas a los humanos.
"Estos datos deberían tenerse en cuenta para controlar a la población de palomas", escribió el equipo.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Two Novel Cleaning Methods Remove Most Bacteria from Hospital Rooms

From Medscape Medical News
Barbara Boughton
September 23, 2009 (San Francisco, California) — Two novel methods for cleaning hospital rooms are not only easy to use, they are more effective than standard disinfection for removing hardy bacteria, researchers announced here at the 49th Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy (ICAAC).
Results of 2 studies on new cleaning methods show that they can reduce bacteria, including hard-to-remove Clostridium difficile spores, by almost 90%, according to researchers. One method uses an automated ultraviolet (UV) radiation device, and the other uses ultramicrofiber cloths and mops containing a copper-based biocide. The cleaning system with ultramicrofiber cloths, mops, and copper biocide also has a preventive residual effect, protecting surfaces from bacteria for hours after cleaning, researchers said.
In the Mayday Hospital Cleaning study, British investigators from London compared standard cleaning with mops, chlorine, and water, and cleaning with ultramicrofiber mops and cloths with water or with a copper biocide. Sampling for bacteria was performed 1 hour before and 1 hour after cleaning at 10 different sites on 4 hospital wards. Each site was cleaned using each of the 3 different methods. The study took place over 12 weeks.
Results revealed that cleaning with the ultramicrofiber mops and cloths plus copper biocide removed 80% to 85% of bacteria, and the analysis indicated that both the ultramicrofiber material and biocide contributed to these results. The antibacterial effect of the copper biocide persisted for 23 hours after cleaning. The study confirms the ability of ultramicrofiber to more effectively remove dirt, but the copper biocide was needed for bacterial control, the authors said in their poster at ICAAC.
"Other studies have found that microfiber mops are better than cotton ones," said John Boyce, MD, chief of the Infectious Diseases Section at the Hospital of Saint Raphael and clinical professor of medicine at Yale University School of Medicine in New Haven, Connecticut. Dr. Boyce was not involved with the study.
"The authors are to be commended for documenting the effects of a new kind of disinfectant or biocide that can be used in healthcare settings that also has a residual antibacterial effect," he said. Dr. Boyce noted that other novel compounds with antibacterial effects are being investigated by different teams of researchers, including those that contain copper and silver.
In another study presented at ICAAC, researchers used an automated UV radiation device to decontaminate hospital rooms at the Cleveland Veterans Affairs (VA) Medical Center in Ohio, and analyzed its ability to remove troublesome bacteria, including C. difficile spores. The Tru-D device, manufactured by Lumalier in Memphis, Tennessee, uses UVC radiation for decontamination.
Tru-D reduced methicillin-resistant Staphylococcus aureus (MRSA) and vancomycin-resistant Enterococcus bacteria by 89% and C. difficile spores by 83% in hospital rooms.
The Tru-D device was able to decontaminate all surfaces in 40 hospital rooms, including hard-to-clean surfaces such as the undersides of tables, said lead researcher Curtis Donskey, MD, chair of the Infection Control Committee at the Cleveland VA Medical Center. After testing, the researchers found that Tru-D cleaning removed all MRSA on the undersides of bedside tables, whereas 18% of sites tested after standard hospital cleaning remained contaminated with the bacteria.
C. difficile spores are especially challenging for hospital staff, since they can only be removed by soaking surfaces in bleach for 8 to 10 minutes, Dr. Donskey said in an interview with Medscape Infectious Diseases. The UV radiation device is computerized, and once placed in a room and turned on, can assess how much power is needed for decontamination by measuring the reflected UV radiation from surfaces in the room, Dr. Donskey said. It requires no special training to use. However, because the UV radiation produced can be dangerous to people, the device is placed in a closed, empty room, and operated with a remote control by housekeeping staff located outside the room. A sensor at the door turns the machine off if anyone enters the room.
Although the cost is steep, running from $75,000 to $100,000 per unit, it's inexpensive to operate; it requires no cleaning supplies and uses a small amount of electricity. Dr. Donskey has already put in a request for several units to the administration of the Cleveland VA Medical Center. The next step in his research is to incorporate the Tru-D into the standard cleaning routine of the housekeeping staff at the Center, and to assess how easy it is for "real world" housekeepers to use it as part of their daily routine.
UVC radiation is an exciting new technology for disinfecting patient rooms and contaminated surfaces in healthcare, said Luke Chen, MBBS, FRACP, assistant professor of medicine in the Division of Infectious Diseases at Duke University Medical Center in Durham, North Carolina. UVC technology has been used to disinfect water, to reduce food-borne microorganisms, and to purify air, he said, and is now being tested by the healthcare industry.
"UVC technology represents a major step forward for disinfection in hospitals and patient care areas," Dr. Chen explained. "The Tru-D device demonstrated consistency and rapidity in killing microorganisms." The safety profile in the study appeared to be good, but further research is needed to validate this finding, Dr. Chen said.
"There is potential to use this technology to rapidly clean and turn around patient rooms, clinic space, or waiting rooms," he added. "The technology could also be adapted for disinfection of surfaces of healthcare equipment, for example, monitoring devices, wheelchairs, and ventilators. Overall, I think technologies like this are versatile and are likely to be widely used."
Dr. Boyce noted that the advantages of the Tru-D device are that it is easy to employ and that it can reduce the number of positive bacterial cultures substantially. "It would be interesting to compare this device with other new methods for decontaminating hospital rooms," Dr. Boyce said.
In 2008, Dr. Boyce published a study on a disinfection system using vaporized hydrogen peroxide (Infect Control Hosp Epidemiol. 2008;29:723-729). "Our data so far indicate that it reduces contamination to virtually 0," he said. However, unlike the UV radiation device, the vaporized hydrogen peroxide system requires 4 to 6 hours to clean a room and operators with special training to manage it, Dr. Donskey said.
"The UV radiation device has the potential to be effective, faster, and less expensive to operate — a good supplement to bleach or more effective than bleach," he said.
September 23, 2009 (San Francisco, California) — Two novel methods for cleaning hospital rooms are not only easy to use, they are more effective than standard disinfection for removing hardy bacteria, researchers announced here at the 49th Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy (ICAAC).
Results of 2 studies on new cleaning methods show that they can reduce bacteria, including hard-to-remove Clostridium difficile spores, by almost 90%, according to researchers. One method uses an automated ultraviolet (UV) radiation device, and the other uses ultramicrofiber cloths and mops containing a copper-based biocide. The cleaning system with ultramicrofiber cloths, mops, and copper biocide also has a preventive residual effect, protecting surfaces from bacteria for hours after cleaning, researchers said.
In the Mayday Hospital Cleaning study, British investigators from London compared standard cleaning with mops, chlorine, and water, and cleaning with ultramicrofiber mops and cloths with water or with a copper biocide. Sampling for bacteria was performed 1 hour before and 1 hour after cleaning at 10 different sites on 4 hospital wards. Each site was cleaned using each of the 3 different methods. The study took place over 12 weeks.
Results revealed that cleaning with the ultramicrofiber mops and cloths plus copper biocide removed 80% to 85% of bacteria, and the analysis indicated that both the ultramicrofiber material and biocide contributed to these results. The antibacterial effect of the copper biocide persisted for 23 hours after cleaning. The study confirms the ability of ultramicrofiber to more effectively remove dirt, but the copper biocide was needed for bacterial control, the authors said in their poster at ICAAC.
"Other studies have found that microfiber mops are better than cotton ones," said John Boyce, MD, chief of the Infectious Diseases Section at the Hospital of Saint Raphael and clinical professor of medicine at Yale University School of Medicine in New Haven, Connecticut. Dr. Boyce was not involved with the study.
"The authors are to be commended for documenting the effects of a new kind of disinfectant or biocide that can be used in healthcare settings that also has a residual antibacterial effect," he said. Dr. Boyce noted that other novel compounds with antibacterial effects are being investigated by different teams of researchers, including those that contain copper and silver.
In another study presented at ICAAC, researchers used an automated UV radiation device to decontaminate hospital rooms at the Cleveland Veterans Affairs (VA) Medical Center in Ohio, and analyzed its ability to remove troublesome bacteria, including C. difficile spores. The Tru-D device, manufactured by Lumalier in Memphis, Tennessee, uses UVC radiation for decontamination.
Tru-D reduced methicillin-resistant Staphylococcus aureus (MRSA) and vancomycin-resistant Enterococcus bacteria by 89% and C. difficile spores by 83% in hospital rooms.
The Tru-D device was able to decontaminate all surfaces in 40 hospital rooms, including hard-to-clean surfaces such as the undersides of tables, said lead researcher Curtis Donskey, MD, chair of the Infection Control Committee at the Cleveland VA Medical Center. After testing, the researchers found that Tru-D cleaning removed all MRSA on the undersides of bedside tables, whereas 18% of sites tested after standard hospital cleaning remained contaminated with the bacteria.
C. difficile spores are especially challenging for hospital staff, since they can only be removed by soaking surfaces in bleach for 8 to 10 minutes, Dr. Donskey said in an interview with Medscape Infectious Diseases. The UV radiation device is computerized, and once placed in a room and turned on, can assess how much power is needed for decontamination by measuring the reflected UV radiation from surfaces in the room, Dr. Donskey said. It requires no special training to use. However, because the UV radiation produced can be dangerous to people, the device is placed in a closed, empty room, and operated with a remote control by housekeeping staff located outside the room. A sensor at the door turns the machine off if anyone enters the room.
Although the cost is steep, running from $75,000 to $100,000 per unit, it's inexpensive to operate; it requires no cleaning supplies and uses a small amount of electricity. Dr. Donskey has already put in a request for several units to the administration of the Cleveland VA Medical Center. The next step in his research is to incorporate the Tru-D into the standard cleaning routine of the housekeeping staff at the Center, and to assess how easy it is for "real world" housekeepers to use it as part of their daily routine.
UVC radiation is an exciting new technology for disinfecting patient rooms and contaminated surfaces in healthcare, said Luke Chen, MBBS, FRACP, assistant professor of medicine in the Division of Infectious Diseases at Duke University Medical Center in Durham, North Carolina. UVC technology has been used to disinfect water, to reduce food-borne microorganisms, and to purify air, he said, and is now being tested by the healthcare industry.
"UVC technology represents a major step forward for disinfection in hospitals and patient care areas," Dr. Chen explained. "The Tru-D device demonstrated consistency and rapidity in killing microorganisms." The safety profile in the study appeared to be good, but further research is needed to validate this finding, Dr. Chen said.
"There is potential to use this technology to rapidly clean and turn around patient rooms, clinic space, or waiting rooms," he added. "The technology could also be adapted for disinfection of surfaces of healthcare equipment, for example, monitoring devices, wheelchairs, and ventilators. Overall, I think technologies like this are versatile and are likely to be widely used."
Dr. Boyce noted that the advantages of the Tru-D device are that it is easy to employ and that it can reduce the number of positive bacterial cultures substantially. "It would be interesting to compare this device with other new methods for decontaminating hospital rooms," Dr. Boyce said.
In 2008, Dr. Boyce published a study on a disinfection system using vaporized hydrogen peroxide (Infect Control Hosp Epidemiol. 2008;29:723-729). "Our data so far indicate that it reduces contamination to virtually 0," he said. However, unlike the UV radiation device, the vaporized hydrogen peroxide system requires 4 to 6 hours to clean a room and operators with special training to manage it, Dr. Donskey said.
"The UV radiation device has the potential to be effective, faster, and less expensive to operate — a good supplement to bleach or more effective than bleach," he said.
Dr. Boyce reports being a consultant to Bioquell, 3M, Clorox, Advanced Sterilization Products, and Cardinal Health. Dr. Donskey and Dr. Chen have disclosed no relevant financial relationships.
49th Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy (ICAAC): Abstracts K-2107a and K-2107b. Presented September 15, 2009.
Authors and Disclosures
Journalist
Barbara Boughton
Barbara Boughton is a freelance writer for Medscape.
Authors and Disclosures
Journalist
Barbara Boughton
Barbara Boughton is a freelance writer for Medscape.
martes, 22 de septiembre de 2009
Un estafilococo mortal puede sobrevivir dos meses en juguetes

Por Anthony J. Brown
NUEVA YORK (Reuters Health) - El "supergermen" mortal, resistente a los fármacos, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) puede sobrevivir por semanas o meses en los juguetes y en otros objetos inanimados, lo que eleva el riesgo de transmisión a la piel.
El SARM fue un gran problema en los hospitales, porque atacaba a los pacientes debilitados por una enfermedad. Pero brotes recientes en la comunidad en personas sanas generaron una nueva preocupación.
Estudios previos habían demostrado que el SARM puede permanecer en varios objetos del entorno, indicó a Reuters Health el autor principal del estudio, doctor Rishi Desai, de Childrens Hospital Los Angeles.
"Nuestro estudio va dos pasos más allá porque demuestra la cantidad exacta de la bacteria que se puede encontrar en el tiempo y que el supergermen no sólo sobrevive en el entorno, sino que se transmite a la piel durante períodos prolongados", agregó Desai.
"Los hallazgos principales fueron que el SARM en la comunidad puede sobrevivir y pasar a la piel durante dos meses cuando está en objetos plásticos, como el vinilo y los bloques plásticos de construcción que usan los niños", declaró.
Desai presentó los resultados en Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy, esta semana, en San Francisco.
El equipo de Desai obtuvo varios objetos involucrados en brotes de SARM adquirido en la comunidad, los cortó en bloques de 2 x 2 centímetros cuadrados y los esterilizó.
Luego, colocó en cada objeto cantidades pequeñas de la cepa del SARM hallada en la comunidad. Los objetos permanecieron así durante distintos períodos. Cada tanto, el equipo presionó un trozo de piel de cerdo estéril sobre el objeto y analizó la presencia del supergermen.
El equipo halló que el SARM puede transmitirse durante períodos más prolongados desde las superficies no porosas, como bloques plásticos y vinilo, que de las superficies porosas, como las sábanas.
A diferencia de las cepas del SARM adquiridas en el hospital, el SARM en comunidad podría transmitirse desde objetos plásticos a la piel después de períodos más prolongados.
Un objeto no poroso (hojas de afeitar) no transmitió el SARM más allá de 5 minutos.
Las barras de jabón tampoco transmitieron el SARM a la piel.
A las personas con SARM adquirido en comunidad "se les debería recomendar mantener la limpieza del hogar, en especial las superficies no porosas", destacó Desai.
NUEVA YORK (Reuters Health) - El "supergermen" mortal, resistente a los fármacos, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) puede sobrevivir por semanas o meses en los juguetes y en otros objetos inanimados, lo que eleva el riesgo de transmisión a la piel.
El SARM fue un gran problema en los hospitales, porque atacaba a los pacientes debilitados por una enfermedad. Pero brotes recientes en la comunidad en personas sanas generaron una nueva preocupación.
Estudios previos habían demostrado que el SARM puede permanecer en varios objetos del entorno, indicó a Reuters Health el autor principal del estudio, doctor Rishi Desai, de Childrens Hospital Los Angeles.
"Nuestro estudio va dos pasos más allá porque demuestra la cantidad exacta de la bacteria que se puede encontrar en el tiempo y que el supergermen no sólo sobrevive en el entorno, sino que se transmite a la piel durante períodos prolongados", agregó Desai.
"Los hallazgos principales fueron que el SARM en la comunidad puede sobrevivir y pasar a la piel durante dos meses cuando está en objetos plásticos, como el vinilo y los bloques plásticos de construcción que usan los niños", declaró.
Desai presentó los resultados en Interscience Conference on Antimicrobial Agents and Chemotherapy, esta semana, en San Francisco.
El equipo de Desai obtuvo varios objetos involucrados en brotes de SARM adquirido en la comunidad, los cortó en bloques de 2 x 2 centímetros cuadrados y los esterilizó.
Luego, colocó en cada objeto cantidades pequeñas de la cepa del SARM hallada en la comunidad. Los objetos permanecieron así durante distintos períodos. Cada tanto, el equipo presionó un trozo de piel de cerdo estéril sobre el objeto y analizó la presencia del supergermen.
El equipo halló que el SARM puede transmitirse durante períodos más prolongados desde las superficies no porosas, como bloques plásticos y vinilo, que de las superficies porosas, como las sábanas.
A diferencia de las cepas del SARM adquiridas en el hospital, el SARM en comunidad podría transmitirse desde objetos plásticos a la piel después de períodos más prolongados.
Un objeto no poroso (hojas de afeitar) no transmitió el SARM más allá de 5 minutos.
Las barras de jabón tampoco transmitieron el SARM a la piel.
A las personas con SARM adquirido en comunidad "se les debería recomendar mantener la limpieza del hogar, en especial las superficies no porosas", destacó Desai.
"Sugerimos limpiar seguido las superficies en los hogares donde viven los pacientes con SARM adquirido en la comunidad para reducir el riesgo de diseminación de la infección al resto de la familia", agregó el autor.
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