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martes, 18 de septiembre de 2007

EL INSTANTE DE LA CREACION EN EL RECONOCIMIENTO DE LOS MICROBIOS



Autor: Christian TRIGOSO

En honor a quien sentara las bases de la bacteriología como disciplina científica debemos referirnos a un coloso de esta nueva ciencia: Luís Pasteur.

Luís Pasteur nació en Dole el 27 de Diciembre de 1822, se doctora en ciencias en 1847 y en 1855 comienza el estudio de las fermentaciones concluyéndolas con el descubrimiento de la fermentación butírica y el fenómeno de la anaerobiosis. Precisamente este hombre se encargará de asestar el golpe mortal a la estructura de por si decadente de la generatio spontanea a través de experimentos sencillos y metódicos pero concluyentes (nunca se olvidarán los matraces con cuello de cisne que sirvieron a Pasteur para demostrar el error de la generación espontánea y que se publicaron en un sobrio trabajo intitulado “Experiences relatives aux generations dites spontanées”, igualmente inició sus trabajos en lo referente a infecciones y septicemias que habrían de servir de base para la creación de la antisepsia a través de la aplicación práctica de estos principios, superando las altas tasas de mortalidad por infecciones en las salas de cirugía. Basta recordar que hasta ese momento los médicos no se lavaban las manos para atender pacientes o someterlos a cirugía, siendo corriente que las chaquetas que utilizaban, cuantas más manchas de exudados y líquidos corporales presentaran, demostraban una mayor pericia profesional; por otro lado era común que después de haber trabajado en los anfiteatros con disecciones en cadáveres pasaran inmediatamente a la atención de parturientas, convirtiendo los hospitales en verdaderas antesalas de la muerte.

En 1877 Tyndall implementa un sistema de esterilización basado en el calor húmedo fraccionado, precisamente se conocerá después como Tyndalización, por el cual es posible eliminar formas muy resistentes a las condiciones del medio ambiente, el alemán F. Cohn las estudiará y prácticamente se convertirá en el descubridor de lo que hoy conocemos como esporas bacterianas.

José Lister (1827 – 1912) inició esta revolución en lo que se refiere al uso de compuestos químicos (fenol) como procedimiento para esterilizar los ambientes e instrumental quirúrgicos y edificar de esta forma los principios definitivos de la antisepsia, disminuyendo en forma dramática las tasas de infección post operatoria. Es importante revelar que Lister siempre mantuvo comunicación con Pasteur, de manera que a través de su trabajo vio influenciado el suyo, es así que en 1888 logra aislar en forma pura, utilizando diluciones límite en los caldos, al bacterium lactis. Otro médico que ya en 1840 había pregonado el lavado previo de las manos de todos quienes atendieran a las parturientas, fue Ignacio Semmelweis; consiguiendo así disminuir también las tasas de mortalidad por las llamadas fiebres puérperales, provocando el desprecio de sus colegas que no comprendieron este mensaje, años mas tarde Semmelweis terminaría sus días en un asilo para enfermos mentales.

En el estudio de los procesos de fermentaciones, a su turno Cagniard - Latour y luego Kützing habían visto la posibilidad de que células de levadura fueran causantes de estos procesos para llegar a obtener productos alcohólicos a partir de substratos azucarados, sin embargo el paradigma de la época sustentando por Berzelius y Liebig principalmente, dirigían la explicación en torno a procesos químicos y físicos de descomposición. En 1857 Pasteur demostró que los causantes de la fermentación láctica eran microorganismos para finalmente en 1866 exponer que la fermentación alcohólica se debía a la actividad de levaduras (“Etudes sur le vin”).

Pasteur se convirtió en el decano de los bacteriólogos del mundo, formando una formidable escuela entre los que destacarán Chamberland y Roux, precisamente trabajando con ellos encontró que a través de la desecación de las médulas espinales de conejos conseguía atenuar la virulencia del virus rábico (imagine el lector, ni siquiera podía observar al germen pero ya lo había confinado a una probeta y se aprestaba a sacarle el máximo provecho), y así pues en el mes de Julio de 1885 el niño José Meister de 9 años de edad, quien había sido mordido por un perro rabioso, fue el primero en recibir la vacuna antirrábica de Pasteur, salvando así su vida y sucediéndose de aquí en adelante una verdadera cadena de inmunizaciones contra este flagelo, aumentando con cada vida salvada su fama y la gratitud del mundo, gratitud que se plasmó en un movimiento mundial que envió dinero a este insigne hombre a fin de que se construyera el templo de los bacteriólogos (el Instituto Pasteur) obra que concluyó en 1888. Sin embargo hay que añadir que no sólo trabajó en estas áreas, sino que también realizó un sinnúmero de investigaciones en otros campos, como olvidar sus estudios sobre las enfermedades del gusano de seda, estudios sobre la cerveza, carbunclo, cólera aviar, erisipela del cerdo, etc.

Pasteur sucedió a Littré en la Academia Francesa (1882) y finalmente falleció el 28 de septiembre de 1895, no sin antes dejar cimentadas las bases de la moderna microbiología así como definitivamente estructurada la Teoría Microbiana de las Infecciones.

En lo que se refiere al inicio del aislamiento de bacterias patógenas para el hombre, debemos indicar que Rayer (1850), Davaine (1863) y Pollander (1849) fueron los primeros que hallaron la bacteridia del carbunclo; sin embargo no pudieron explicar la forma de contagio, considerándose este descubrimiento como el primer hito en la bacteriología médica.

En 1876 aparecería un trabajo que habría de colocar a su autor como rival de Pasteur, se trata de un médico alemán rural que trabajando en Wollstein, sin laboratorio, sin formación bacteriológica, sin auditorio y tan sólo con la inspiración de la Cátedra impartida por Henle, así como por la imaginación e inflexibilidad de su carácter, habrá de sentar las bases de la metodología en la Bacteriología a través de un formidable estudio sobre la causa de carbunclo y su modo de transmisión, su nombre: Roberto Koch

Este humilde científico plasmará en cuatro postulados (aprendidos de Jacobo Henle) la metodología bacteriológica: 1) Hallar el mismo microorganismo en todos los casos de la enfermedad considerada 2) Aislar este microorganismo puro en cultivos artificiales. 3) Una vez inoculado a animales de laboratorio deberá producir la enfermedad motivo de estudio, lesiones o la muerte posterior de estos. 4) Recuperar de estos modelos animales, el mismo microorganismo obtenido en el primer paso.

Llegando a Breslau recurre a F. J. Cohn, uno de sus profesores de Botánica, a quien le presentará los resultados de años de faena silenciosa, advirtiendo que luego de unos momentos Cohn abandona la sala precipitadamente para ordenar a sus alumnos que dejen de hacer todo lo que se hallaban realizando pues, hay un hombre que ya lo ha hecho todo, entre los muchachos que atropelladamente salen a escuchar a Koch se halla Paul Ehrlich.

Cabe resaltar que fue el primero que utilizó los medios de cultivo sólidos, logrando de esta manera el aislamiento total de las bacterias, a través de la utilización de la gelatina como solidificante y el caldo de carne preparado por Loeffler como base nutritiva (1881). En el año 1882 Frau Fanny Hesse (esposa de uno de sus colaboradores) sugiere el uso de agar - agar como solidificante y en 1887 R. J. Petri (ayudante de Koch) inventa las cajas de vidrio que llevan su nombre y hasta hoy son utilizadas. Sin embargo en el año 1882 se producirá un sensacional descubrimiento y obviamente Koch habrá de ser su artífice; trabajando con vesubina y azul de metileno (colorantes) obtuvo las primeras tinciones de Mycobacterium tuberculosis (“Die Aetiologiae der Tuberculose”) publicado mas tarde por el Berliner Klinische Wochenschrift, desenmascarándolo y asombrando una vez más al mundo. A partir de este trabajo, mismo que fue leído ante la Sociedad de Fisiología de Alemania y donde un auditorio atónito y estupefacto inclusive se olvidó aplaudir al terminar la presentación, comenzó la fiebre por descubrir microbios.

No podemos dejar de lado el aporte de Wϋrtz quien en 1892 introdujo la utilización de indicadores de pH en los medios de cultivo para demostrar capacidades metabólicas, unos años antes Chamberland utiliza por primera vez los filtros de porcelana (1887) para luego Berkefeld utilizar los filtros de tierra de diatomeas en 1891.

Julius Cohn ha de ser quien acuña el término de bacteria para designar a estos microorganismos y Pasteur crea el término de microbio, Koch inscribe el nombre de bacteridia al igual que Davaine y el médico cirujano Billroth el de cocos.

En 1882 Ziehl y Neelsen desarrollan un método especial (ácido alcohólico) de tinción para micobacterias.

En el año 1884 Hans Christian Gram descubre la tinción diferencial que lleva su nombre, un año antes nuevamente Koch paraliza al mundo al aislar el agente etiológico del cólera (bacilo vírgula). En 1890 Loeffler utilizando también métodos tintoriales especiales pone en evidencia a los flagelos bacterianos.

ACERCA DE LAS PRIMERAS CONSECUENCIAS EN EL ESTUDIO DE LOS MICROBIOS




Autor: Christian TRIGOSO

El primer hombre que documentó sistemáticamente sus observaciones a propósito de los microorganismos fue Antonio Van Leeuwenhoek quien en Delft (Holanda) luego de aprender a tallar lentes llegó a construir sistemas muy perfeccionados para su época, y es que como mercader de telas en su población necesitaba certificar la calidad de aquello que compraba y de aquello que vendía, por lo cual necesitaba amplificar la imagen de las telas con las que comerciaba, sin embargo a través de una copiosa correspondencia que mantuvo con la Real Sociedad de Inglaterra les explicó e inclusive les mostró a través de dibujos primorosamente realizados los “animálculos” que había encontrado al estudiar diversas substancias e infusiones que preparó, así como también en el sarro dental y sus propias heces fecales llegando también a descubrir los espermatozoides. En 1695 publicó los resultados de sus observaciones en su “Arcana Naturae” donde por ejemplo citaba lo siguiente: desde hace tiempo he intentado saber la causa del sabor pungente que tiene sobre la lengua la pimienta, y sobre todo por que esta visto que colocando durante todo un año la pimienta en vinagre, sigue conservando su sabor pungente; puse aproximadamente un tercio de onza de pimienta en el agua, y la coloqué en mi despacho esperando que al ablandarse pudiera observar mejor lo que me proponía. Después de dejar tres semanas esta pimienta en el agua, a la cual había añadido un poco de agua de nieve, por cuanto la otra en gran parte se había desvanecido, miré el 24 de abril de 1676 y ví con gran admiración que contenía un número increíble de pequeños animales de diversos tipos… El cuarto grupo de criaturas, que se movía a través de los otros tres grupos, era increíblemente pequeño, y tan pequeño para mi ojo que juzgué que si poníamos cientos de ellos uno al lado de otro, no igualarían a la longitud de un grano de arena grueso; en consecuencia, diez centenares de miles no podrían igualar las dimensiones de un grano de tal arena”

Sin duda alguna no solo logró aumentos de 300 X, sino que además es muy probable que utilizara por primera vez el artificio del “campo obscuro” para estas observaciones. Posteriormente estos “animaculos” volvieron a caer en el olvido después de la muerte de Leeuwenhoek, quedando tan solo para las conversaciones palaciegas y de sobremesa como una curiosidad y nada más; sin embargo algunos años más tarde haría su ingreso en el escenario de la ciencia un hombre que habría de hacerse famoso merced a sus batallas científicas en contra de la teoría de la “generación espontánea”, este magnifico hombre de ciencia se llamaba Lázzaro Spallanzani (1729- 1799) y tuvo a bien negar aquello sobre lo que el andamiaje de la ciencia asentaba hasta entonces, es decir aquella teoría por la cual se explicaba de que por la reunión de materia inanimada entre sí o con la participación de algún compuesto orgánico podrían aparecer, crecer y desarrollar desde los microorganismos hasta los ratones, patos y árboles inclusive; era criterio unánime de que si se ponía algo de trigo en medio de ropa sucia en la obscuridad, y bajo la temperatura apropiada en poco tiempo se tenía como resultado ratones surgidos de esta interacción. Esta teoría estaba tan difundida que hasta el mayor y más fecundo cerebro que ha dado la humanidad, Isaac Newton, daba por cierto y fuera de toda discusión este principio.

Spallanzani apoyado en su intuición y sobre la base del trabajo previo de Francesco Redi (1626- 1697), quien demostró que si se cubría un trozo de carne con lienzo de seda y se mantenía otro sin protección alguna, al cabo de cierto tiempo se vería que en la carne descubierta aparecían muchas larvas de mosca, y en la carne cubierta no aparecían estas larvas pues las moscas no tenían acceso para colocar sus huevos; se abalanzó sobre la teoría de la generación espontánea, teniendo como rivales a Needham y al conde Buffon, a quienes derrotó con la fuerza concluyente y demoledora de sus experimentos, quedando de esta manera preparado el camino para el advenimiento de quienes terminaron por aplastar esta teoría.

Pero Francesco Redi, médico y poeta no sólo realizó este estudio –definitivamente trascendental – sino que además fue el primero en demostrar que un verme, Ascaris, procedía de huevos. Dos de sus colaboradores, Bonamo y Cestoni, descubrieron el Sarcoptes (sarna) demostrando también que la enfermedad se transmitía por transferencia de estos artrópodos.

En honor al rigor científico es necesario apuntar que Plenciz en el año 1762 tuvo a bien plantear la especificidad de las enfermedades basada en etiología microbiana, sin embargo no pudo demostrar experimentalmente este acierto.

En 1786 el zoólogo danés O. F. Muller estudia a las bacterias y descubre varios detalles de su estructura, dejando dibujos muy precisos además del término “bacilo” para el vocabulario de esta naciente disciplina científica.

En el año 1838 se lleva a cabo la primera identificación de un microorganismo llamado posteriormente Botrytis bassicae , un hongo productor de la muscardina del gusano de seda, este primer agente etiológico dentro de la zoología fue encontrado por Agostino Bassi en Italia.

Simultáneamente y este mismo año Ehrenberg (“Infusionstierchen”) establece el estudio de los microorganismos sobre una base sistemática, inscribiendo también los términos de “ bacterium” y “spirillum” para este nuevo lenguaje.

lunes, 10 de septiembre de 2007

PREÁMBULO EN LA HISTORIA DE LA MICROBIOLOGÍA




AUTOR: Christian TRIGOSO

Por los fósiles estudiados y que corresponden a la época de los carbones se evidenció que los cocos (formas bacterianas redondeadas) ya existían, así mismo se asevera que en el pérmico aparecieron bacterias patogénicas, ya que se observa cambios óseos en los reptiles de esa época.

Con la aparición del hombre sobre el planeta también comenzaron sus males (enfermedades infecto-contagiosas), el binomio hombre-microbio interaccionó desde los albores de la humanidad, además de que implementó ciertos procesos en base a la fermentación de algunos productos (uva, maíz), sin imaginar que los microbios eran las causas para contar con el vino o la “chicha”.

Las antiguas culturas comprendieron que existían ciertas enfermedades por las cuales los afectados debían ser separados del pueblo para no causar la diseminación de estos morbos que evidentemente poseían una explicación astral o demoníaca, sin embargo y a guisa de ejemplo baste citar a la Biblia que en el Pentateuco (Levítico) da las normas para diagnosticar y separar a los afectados por ejemplo de lepra, amén del reconocimiento de ciertas patologías femeninas, convirtiéndose en un pequeño compendio de salud publica para evitar problemas mas graves en lo posterior.

Los egipcios llegaron a manejar muy bien el fenómeno de la momificación, evitando de esta forma la putrefacción (otro proceso microbiano) y preservando así los cuerpos por bastante tiempo.

Posteriormente Hipócrates y Galeno enunciaron la hipótesis de la naturaleza viva (contangium vivum) de los gérmenes de las enfermedades infecciosas.

Lucrecio en su De Rerum Naturae planteó también el hecho de que “semillas de la enfermedad” se transmitían de los enfermos a los sanos provocando la aparición de cuadros infecciosos.

De aquí en adelante sobrevino un largo período de tiempo en el cual la humanidad se sumió en la obscuridad, época en la que el pensamiento aristotélico y ptolomeico se impusieron, explicando todos los fenómenos a través de un secante dogmatismo, arreciando epidemias que casi acabaron con la población de entonces, recuérdese por ejemplo a la Gran Mortandad (Peste Negra) que a mediados de 1300 tomó por asalto Europa, diezmando ciudades enteras y provocando la muerte de millones de habitantes (muchos más que los muertos durante toda la segunda guerra mundial de este ultimo milenio); y es que la incipiente ciencia se veía sometida a presiones de las clases gobernantes, dando por resultado superstición y charlatanería que intentaban dar explicaciones por además absurdas a las causas etiológicas y modos de transmisión de estas enfermedades que azotaron a estos pueblos.

El primer hombre que emitió una teoría bastante sólida sobre la causa de las enfermedades epidémicas fue Jerónimo Fracastorius (el sabio de Verona) quien en 1546 publicó un libro denominado “De contagionibus et contagionis morbis et eorum curatione” donde postuló la existencia de partículas vivas que pasaban del enfermo al sano causándole la enfermedad, además de que identificó los modos de transmisión (per contactum, per fomites, per distans).

En 1658 apareció otro libro llamado “Scrutinium physicomedicum” escrito por el sacerdote jesuita Athanasius Kircher donde indica que es factible observar seres vivos microscópicos en las substancias en descomposición, inclusive se animó a plantear que los vapores vivientes pudieran pasar de una persona enferma a una sana (effluvium animatum).

En el año 1590 los hermanos Jansen construyeron el primer microscopio simple después de pulir afanosamente muchas lentes. En el año 1610 Galileo Galilei construyó también un microscopio simple, al margen de haber construido los telescopios con los cuales descubriría planetas y alcanzaría la inmortalidad empezando a modificar el pensamiento astronómico de su tiempo, situación que se consolidó con los trabajos de Nicolás Copernico y Juan Kepler.

En el año 1621 Huygens informa como Cornelius Dreibel poseía en su taller un aparato que servia para aumentar el tamaño de las imágenes y que más tarde recibió el nombre de microscopium (1625).



viernes, 7 de septiembre de 2007

HISTORIA DE LA VIDA - ORIGENES MICROBIANOS



Autor: Christian TRIGOSO

Es necesario remontarnos en el tiempo para intentar llegar al origen de los microorganismos, origen que por otra parte supone el inicio de la vida – por lo menos en nuestro planeta – situación que permite trasladar la discusión de este aspecto a los terrenos meridianamente explorados a la fecha sin por ello perder el rigor científico, ni tampoco enfrascarnos en conversaciones fantásticas y llenas de subjetivismo.

Habida cuenta de que la explicación mas coherente – hoy por hoy – sitúa el inicio de nuestro universo a partir del Big Bang en por lo menos doce mil a quince mil millones de años atrás, dejando la conformación de nuestro planeta en por lo menos cuatro mil quinientos millones de años atrás; los indicios científicos indican que las primeras moléculas organizadas en un sistema prebiótico se hallaría mas o menos hace tres mil ochocientos millones de años atrás, moléculas que dentro de lo que llamaríamos un mecanismo de evolución química avanzaron a estructurar compuestos cada vez mas complejos, hasta finalmente arribar a aquellos compuestos que bordearon lo que llamaríamos “vivo”. Sin embargo es necesario hacer un alto en este punto para tratar de explicar como se habría formado estas moléculas precursoras.

Una primera explicación aborda este espinoso problema situando el génesis en la “sopa primordial” que se hallaba constituida por el agua de los océanos primigenios, donde a través de descargas eléctricas, radiación de luz ultravioleta, calor, etc. Se dieron las reacciones químicas que lograron ensamblar cada vez compuestos más complejos, en un juego azaroso pero que respondía a leyes químicas y físicas que quedaron establecidas en el universo después del Big Bang, precisamente en 1953 un joven químico Stanley Miller, tuvo a bien reproducir este posible mecanismo, utilizando un dispositivo laboratorial en el que junto al vapor de agua, metano, amoniaco e hidrogeno, y a través de descargas eléctricas simulando la acción de los rayos en esta atmósfera primitiva, obtuvo después de dos semanas, aminoácidos entre los que se hallaban alanina y glicina principalmente.

Más adelante se repitieron estos experimentos variando los constituyentes iniciales y los catalizadores, habiéndose logrado la estructuración de aminoácidos más complejos, así como de hidratos de carbono y ácidos grasos de cadenas cortas y largas (Haldane, Ponnamperuma, Oró, Groth y Weyssenhoff, etc). Es también muy probable que moléculas primitivas de ácido ribonucleico (ARN) con capacidad autocatalítica (ribozimas) se hubiesen adelantado a las proteínas, con lo cual éstas serían tan solo un “invento” de los ribozimas para perpetuar la información y la autorreproducción, abriendo el compás de la vida como un proceso paralelo y obvio dentro de esta dinámica.



Una segunda explicación traslada este inicio a la acción de la pirita, un mineral que tiene la facultad de adherir a muchas moléculas de naturaleza orgánica en su superficie, de esta forma se organizaron microcolonias en las que elaboraron procesos químicos cada vez mas complejos, y finalmente estas microcolonias se aislaron con membranas, llegando al descubrimiento del ADN y el ARN, lo que desencadenó en la vida. Es interesante poder apuntar que las formaciones mas antiguas en las que inclusive se reconocieron imágenes de los que podríamos llamar como los microorganismos precursores de los actuales, se hallan localizados en los llamados estromatolitos, formaciones calcáreas en las que luego de formar colonias, y capa sobre capa, se organizaron conformaciones vitales que inclusive fueron capaces de llevar adelante tareas de fotosíntesis, estos conglomerados se encuentran en North Pole (Australia) y en Sudáfrica.

Una tercera explicación. Indica que la vida se habría originado a partir de los moldes de arcilla en los que compuestos orgánicos habrían logrado evolucionar químicamente, así entonces Graham Cairns-Smith, sorprende a todos al sostener que en principio existieron seres de barro, conformados por arcilla que tiene la particularidad de poseer cristales irregulares con la capacidad de replicación y crecimiento, lo que habría sido una verdadera ventaja pues en algún momento, moléculas orgánicas pudieron quedar atrapadas en estos sistemas y conjuntamente dieron el paso de lo inerte a lo vivo.

Sin embargo un referente importante en estos estudios es el trabajo de Oparin, quien en su libro Origen de la Vida, al margen de revisar los aspectos que hacen a las características del planeta en sus inicios, plantea la posibilidad de que una vez estructuradas las primeras moléculas vitales y en el avance a la individualización y diferenciación, lograron quedar aisladas de su entorno creando los llamados coacervados que continuaron sus procesos de relación activa con el medio ambiente.

Trabajos posteriores apuntaron en la dirección de poder establecer experimentalmente la posibilidad de que las membranas celulares se pudieran estructurar como parte de un sistema natural de desarrollo celular, así entonces Sidney Fox calentando mezclas de aminoácidos y bajo condiciones bien controladas logró obtener protomembranas lipoproteícas que inclusive podían desarrollar procesos de intercambio (aunque transitoriamente), estos componentes fueron denominados proteinoides, y se constituyeron en prueba viviente de estas hipótesis.

Una otra posibilidad sostenida por Louis Lerma, establece que la vida se organizó en burbujas de gas, producto de la actividad de los “mares primordiales”, que atraparon gránulos de arcilla, metales y substancias orgánicas procedentes de esta “sopa primordial”, volcanes submarinos y cometas, que eventualmente impactaron en nuestro planeta, al respecto es necesario puntualizar que durante mucho tiempo estuvo en el tapete de las discusiones la posible siembra de las llamadas esporas vitales a partir de de los cometas y meteoritos – condritas - que servían de vehiculo a través del espacio (panespermia de Arrhenius), y que luego de estrellarse en planetas como el nuestro, podían constituirse en el origen de la vida en los mismos.
Sin embargo si analizamos este aspecto, veríamos que en realidad el origen de la vida misma simplemente sería trasladado a otro punto del universo, con lo que todavía no responderíamos a la sempiterna duda humana.

Empero también y en honor a la verdad debemos mencionar que en la actualidad se puede observar rastros de ácido cianhídrico y formaldehído, además de lípidos y precursores púricos y pirimídicos en cometas y meteoritos, además de “bacterias fosilizadas” muy discutibles - es verdad pero no menos importantes- particularmente en el meteorito ALH-84001, que proviniendo del planeta Marte se estrelló en regiones de antártico por lo menos hace quince mil años atrás, habiendo sido recuperado hace no mas de treinta años atrás y estudiando en detalle en este último tiempo, exhibiendo imágenes de bacterias fosilizadas a la vez que trazas de actividad biológica sobre estos estratos, lo que hablaría de un origen muy próximo en cuanto al tiempo del fenómeno vida tanto en la Tierra como en Marte; en el pasado remoto una verdadera lluvia de cometas golpeó la superficie de nuestro planeta, nos trajeron el agua y substancias prebióticas en el caso de los cometas, y metales además de probablemente microorganismos los meteoritos. Recuérdese que aun en la actualidad recibimos cien toneladas de meteoritos anualmente.

De cualquier forma, ya sea por un fenómeno original de la tierra, o por inyección extraterrestre, debemos asumir que si se reuniera algunas condiciones físico- químicas, el tiempo necesario, un “silencio de catástrofes” apropiado y las moléculas pertinentes, estaríamos hablando de una constante biogénica – aunque sea momentáneamente-que se presentaría en cualquier lugar del universo.

Una vez que se agotaban los nutrientes en este peculiar mundo, y bajo condiciones aun reductoras era imprescindible saltar de un sistema hetererotrófico a uno autotrófico, así entonces algunos organismos unicelulares mutaron e “inventaron” la fotosíntesis ( en 1966 Hodson y Baver sometieron a calentamiento durante tres horas compuestos de pirrol y paraformaldehido, obteniendo PORFIRINA, que es estructura básica en la clorofila) con lo cual quedó abierta la puerta para generar complejos bioquímicos orgánicos y oxigeno a partir del CO2 y la luz ultravioleta, esto más o menos hace tres mil millones de años; habiéndose necesitado unos mil millones de años para saturar con oxigeno nuestra atmósfera, tal y como la conocemos ahora; casi en este mismo registro aparecieron las primeras células eucariotas y hace mil quinientos millones de años aparece la sexualidad y hace mil millones de años las primeras estructuras pluricelulares.

Se desprendería de esta relación que el inicio de la vida esta muy ligado al origen de los microorganismos, pues estos suponen la formulación de procesos relativamente sencillos o relativamente complejos, que inclusive legaron al resto de los seres a través del proceso evolutivo, nuestra moléculas de ADN y ARN nos recuerdan ese tronco común, células ciliadas de nuestros epitelios rememoran ese pasado rico en inventos por parte de las primeras células, o los mecanismos bioquímicos anaeróbicos a los que recurren nuestras fibras musculares luego de un periodo sostenido de esfuerzos y disminución de aporte de oxigeno, traen a nuestra memoria los mecanismos primordiales con los que trabajaron y trabajan aun hoy los microorganismos.

Seguramente cuando podamos explorar otras estrellas de nuestra galaxia y sus planetas, así como otras galaxias, si es que encontramos vestigios de vida en ellos, han de ser microorganismos sus responsables, amén de otras estructuras pluricelulares inteligentes o no, que habrían evolucionado de estas al igual que nosotros.

lunes, 13 de agosto de 2007

EN LOS 500 AÑOS DEL DESCUBRIMIENTO: COLONES Y PINZONES DE LA MICROBIOLOGÍA


Rev Chil Infect Edición aniversario 2003; 18-20

WALTER LEDERMANN D.

En 1992 se han completado quinientos años de gloria para Cristóbal Colón. Pero… ¿toda para él y nada para los otros? Hubo predecesores, hubo quienes compartieron sus ideas y quienes lo orientaron y hasta lo acompañaron en su aventura. Al celebrar los cinco siglos del gran descubrimiento nos vienen a la mente situaciones similares, no en el campo geográfico, sino en el de nuestra especialidad médica. Parker y Leikind sostienen que, en este terreno, hay muchos que recolectan perlas (“cuentas” dicen ellos) y muy pocos que las ensartan para formar un collar. Recordando el 12 de octubre de 1492, preferimos hablar de Colones y de Pinzones, para referirnos a quienes hicieron los grandes descubrimientos o invenciones y a los que contribuyeron con sólo una perla al avance de la ciencia, respectivamente. Por ahora, a fin de no aburrir al lector, contentémonos con el terreno de la microbiología y con citar apenas algunos ejemplos escogidos. Roberto Koch fue, sin duda, un Colón. Sin embargo, como si todos sus hallazgos no bastaran a su gloria, suelen atribuírsele, ligeramente, algunos que no hizo. Entre ellos, el de los medios de cultivo sólidos, que permitieron un avance fabuloso de la microbiología, proporcionando un substrato para el fácil aislamiento e identificación de las distintas especies de un cultivo polimicrobiano. Aquí la lista de los Pinzones es extensa, comenzando por Bartolomeo Bizio, quien en 1823 describió, aunque erróneamente, la especie bacteriana de nombre más antiguo en la actualidad: Serratia marscecens. Para aislar el principio infeccioso que producía el prodigio de “la polenta sangrienta”, Bizio utilizó trozos de papa, que le permitieron ver cómo la colonia bacteriana –que él estimaba un hongo– enrojecía progresivamente y luego se marchitaba. Casi treinta años después, Ehrenberg lograría revivir la Serratia en un pedazo de carne seca, que inoculó en papa hervida y luego en rebanadas de pan y de queso. El gran avance vino con Colón… perdón, con Koch, quien, buscando una substancia con la cual solidificar sus caldos, dio con la gelatina. Koch tenía la visión genial de lo que significaría un medio sólido para el desarrollo de la bacteriología y buscaba directamente su camino a las Indias. Dio con el sendero equivocado, porque la gelatina se licuaba a los 35 grados de la estufa de cultivo, en tanto que algunas bacterias capaces de crecer a 22 grados, temperatura que permitía su solidificación, se la “comían” con sus enzimas proteolíticas.
En este momento aparecen los Pinzones, en este caso marido y mujer: el matrimonio Hesse. Walter Hesse fue un inquieto médico alemán, quien habiendo “hecho una pasadita” por laboratorio de Koch, quedó tan entusiasmado con la bacteriología que, de vuelta a casa, se puso a estudiar las bacterias que pululaban por el aire de su estudio. Frau Hesse, diligente y abnegada, se esforzaba en la cocina preparando los caldos para las bacterias y la sopa para su marido, con las necesarias diferencias culinarias. Escuchando como éste se quejaba de su incapacidad para aislar los minúsculos seres del aire, la señora recordó una vieja receta de su madre, que ésta había conocido por unos amigos holandeses que un tiempo vivieran en Java. Allí se usaba, en lugar de gelatina, el agar-agar (el alga japonesa Gelidium corneum) para hacer jaleas y embellecer entradas y postres, un producto que no se fundía a la temperatura bacteriológica de 35-37 grados.
- ¡Pero si lo has usado por años en tus postres! – exclamaría Walter Hesse.
- ¡Oh, mein liebe Mann –respondería ella, con esa graciosa inconsciencia femenina– …pero si nunca me preguntaste!
El Dr. Hesse quedó fascinado con el descubrimiento y se supone que, hacia fines de 1881, debe haber escrito al maestro al respecto, pues en 1882 el agar se menciona en la histórica comunicación de Koch a la Academia anunciando el descubrimiento del Mycobacterium. Sin duda ni Hesse ni Koch pensaron que este descubrimiento doméstico merecería autoría o reconocimiento para una simple ama de casa. Koch incorporó la nueva técnica como propia
y silenció el nombre de la señora Fanny Eilshemius. Parker y Leikind, citados al comienzo de este artículo, hicieron una investigación tenaz para rescatar este nombre del olvido y hasta obtuvieron una foto del matrimonio Hesse, que no podemos publicar sin su autorización. Fanny Eilshemius nació en New Jersey, EE.UU., en 1850, hija de un inmigrante alemán llegado en 1818. A los 24 años viajó a Europa y en Alemania conoció a quien sería su marido, por entonces médico del distrito de Schwartzenberg. Ya convertida en Frau Hesse, ayudó en el laboratorio al doctor e ilustró sus trabajos.
Olvidada e ignorada, Fanny Eilshemius falleció en 1934 y nos preguntamos, al igual que Parker y Leikind: ¿si descubrimientos e invenciones menores son recordados con el nombre de su autor, no sería justo que, en lugar de hablar de “agar corriente”, dijéramos “agar Frau Hesse”? Un descubrimiento menor que ha perpetuado el nombre de su autor es la “placa de Petri”. ¿Acaso el contenedor (la placa) es más importante que el contenido (el agar)? ¿Qué sabemos de Petri? Lo creíamos italiano, pero fue uno de tantos bacteriólogos alemanes de la época de oro de la bacteriología: Julius Richard Petri (1852-1921). Ignoramos sus otros aportes a la ciencia y no podemos saber si, como Kitasato, quedó marcado por una invención menor. Shibasaburo Kitasato (1852-1931) fue un distinguido bacteriólogo japonés que trabajó en Berlín con Ehrlich y Behring, publicando con este último el clásico trabajo sobre inmunización antitetánica. Fue también el primero en aislar el Clostridium tetani en cultivo puro y contribuyó a la producción de la antitoxina diftérica; una pirueta del destino quiso, empero, que el grueso de los microbiólogos lo recuerde sólo por un “acto menor”: el diseño de un matraz Erlenmayer con una salida lateral bajo el gollete, conocido como “matraz Kitasato”. Más afortunado, el francés Pierre Paul Emile Roux (1853-1933) fue todo un Colón en sus trabajos sobre la antitoxina diftérica y su memoria no necesita para nada la “placa de Roux”, una curiosa botella aplastada que se usa en la producción del toxoide. Olga G. Povitzky diseñó en 1929 una placa mucho más grande, que inmortalizó su nombre; conocemos la placa, pero ignoramos mayormente el resto de su aporte científico. Las placas de Roux y de Povitzky tienen un uso muy restringido en bacteriología, en tanto que un instrumento mucho más utilizado no conservó el nombre de su autor: el asa de platino o asa graduada para hacer recuento de colonias, diseñada por Walter Kruse (1864-1943), aquel bacteriólogo alemán que atestiguó contra Emmerich en el juicio del Gelsenkirchen.
¿Cómo calificar a Hans Christian Joachim Gram (1853-19389) sino como un Colón? Buscando una tinción que permitiera distinguir a las bacterias en biopsias de tejidos, descubrió todo un nuevo mundo, el método capital para diferenciar grandes grupos bacterianos por microscopia. En todos los textos clásicos encontramos apenas una mísera referencia: Gram, bacteriólogo danés… Pero… ¿quién fue este Gram y cómo llegó a su descubrimiento? Era un investigador cincuentón que trabajaba en el laboratorio del sabio alemán Carl Friedlander, el descubridor de la Klebsiella pneumoniae, hasta hace poco llamada “bacilo de Friedlander”. Investigando la etiología de la neumonía lobar, este autor creía haber encontrado al agente causal en este bacilo, ya visualizado ocho años antes por Klebs, pero fue públicamente refutado por Fraenkel en el Tercer Congreso de Medicina Interna, en Berlín, 1884, quien propuso al neumococo como el agente de die genuine Pneumonie. Esto dio comienzo a una ácida polémica. Hoy parece inconcebible, dice Robert Austrian, “la” autoridad mundial en neumococo, confundir esta bacteria con una Klebsiella, pero entonces… Gram aún nada había dicho. Friedlander había mencionado la técnica de su ayudante en una publicación de 1883, sin valorizarla ni saber que terminaría por dar la razón a su rival. Gram hizo su propia publicación el 15 de marzo de 1849, en la cual, entre otras cosas, analizó veinte cultivos aislados por Friedlander de casos fatales de neumonía lobar. Todos era capsulados y diecinueve de ellos retuvieron la coloración, mientras sólo uno se destiñó: este curioso coco (recordemos que la Klebsiella puede presentar formas muy cortas) era en realidad el único bacilo de Friedlander, en tanto que los otros diecinueve eran neumococos de Fraenkel. Sin embargo, pasó un año, en el que aparecieron los decisivos trabajos de Weichselbaum sobre la neumonía lobar, antes que Friedlander reconociera hidalgamente que estaba en un error, que la inmensa mayoría de las neumonías eran causadas por el neumococo de Fraenkel, que retenía la tinción de Gram, en tanto que sólo una minoría excepcional se debía a su propio bacilo, que no retenía el Gram. En los años siguientes la utilidad de la técnica se hizo evidente, hasta que en 1889, en la famosa serie de los Précis de …, que publicaba la editorial Mason et fils en París, en el de Microbiología se recomienda someter a todos los cultivos a la tinción de Gram, como primera orientación diagnóstica. Con este único aporte, Hans C. J. Gram entraba en la galería de los inmortales. De la misma manera lo hicieron Franz Ziehl (1857- 1926) y Friedrich Karl A. Neelsen (1854-1894) con su famosa tinción para la baciloscopia. No se pusieron de acuerdo, no hicieron publicación alguna al respecto y probablemente nunca se conocieron. Para colmo, su fama es equívoca, pues la tinción, en estricto rigor, es mérito de Paul Ehrlich. Koch teñía su bacilo con azul de metileno alcalino, seguido por la tinción de Bismarck, método que, de acuerdo a la insidiosa afirmación de Loeffler, el famoso sabio habría descubierto por accidente. Sin embargo, no era una tinción diferencial ni selectiva. El genial Ehrlich fundamentó su método en el carácter alcohol- ácido resistente del bacilo tuberculoso, utilizando ácido nítrico y coloreando con violeta de genciana o con fucsina, fortificadas por la presencia de anilina disuelta en agua. Paul Ehrlich comunicó su descubrimiento el 1 de mayo de 1882, fecha en que comienza la insólita historia de la “tinción de Ziehl-Neelsen”. Ziehl prácticamente no aportó nada, proponiendo tan sólo emplear ácido carbólico en lugar de anilina, alternativa que ya había manejado el propio Ehrlich. En cuanto a Neelsen, cambió la genciana por fucsina, también una alternativa del autor, y el ácido nítrico por sulfúrico, su única innovación real. Con justa razón, sabiendo que no habían hecho nada, ni Ziehl ni Neelsen osaron hacer publicación alguna: el nombre de la tinción, como hoy la conocemos, nació de una simple nota al pie de una página, en una publicación que Johne hiciera en 1885. ¡Jamás una eterna fama se edificó sobre bases más débiles! Muchos otros ejemplos podríamos agregar, pero la injusticia de este último nos ha dejado tan anonadados, que renunciamos, por el momento, a continuar.

Bibliografía

1.- Hitchens P, Leikind A M. The introduction of agaragar
into bacteriology. J Bacteriol 1939; 37: 485-93.
2.- Merlino C P. Bartolomeo Bizio’s letter to the most
eminent priest, angelo Bellani, concerning the
phenomenon of the red-colored polenta (translated
from the italian). J Bacteriol 1924; 9: 527-43.
3.- Gaughran E R. From superstition to science: the history
of a bacterium. Trans N Y Acad Sci 1969; 31: 3-24.
4.- Koch R. La etiología de la tuberculosis y otros trabajos.
Ed. Universitaria, Buenos Aires 1965; 49-86.
5.- Behring E A von, Kitasato S. Uber die tetanusimmunizazione.
Deutsch Med Wschr 1890; 16: 11-3.
6.- Povitzky O G. On the toxin production by Corynebacterium
diphtheriae. J Immunol 1929; 16: 421-8.
7.- Howard-Jones N. Gelsenkirchen typhoid epidemic of
1901, and the dead hand of Max von Pettenkofer. Br
Med J 1973; 103-5.
8.- Austrian R. The Gram stain and the etiology of lobar
pneumonia, an historical note. Bacteriol Rev 1960;
24: 261-5.
9.- Gram H C. Uber die isolierte Farbung der Schizomycetes
in Schnitt und Trocken praparaten. Fortscher
Med 1884; 2 (6): 185-9.
10.- Thoint L H, Masselin E J. Précis de microbiologia. G
Mason et fils, Paris 1889; 148.
11.- Johne A. Die Geschichte der tuberkulose. Fortschr Med
1883; 3: 198-200.

jueves, 9 de agosto de 2007

ARCHAEA AND OTHER EXTREMISTS TYPES OF ARCHAEA



Microbes World BETA


There are three main types of archaea: the crenarchaeota, which are characterized by their ability to tolerate extremes in temperature and acidity. The euryarchaeota, which include methane-producers and salt-lovers; and the korarchaeota, a catch-all group for archaeans about which very little is known. Among these three main types of archaea are some subtypes, which include:

Methanogens archaeans that produce methane gas as a waste product of their "digestion," or process of making energy.
Halophiles those archaeans that live in salty environments.
Thermophiles the archaeans that live at extremely hot temperatures.
Psychrophiles those that live at unusually cold temperatures.

ARCHAEA OF NOTE

Archaeoglobus fulgidus is a sulfur-reducer that can sour oil wells.

Halobacteria are salt-loving microbes that give a pink tinge to salt water evaporation ponds, the Dead Sea and salted fish.

Pyrolobus fumarii led scientists to extend the upper temperature limit for life to 113 degrees Celsius (235.4 degrees Fahrenheit).

Pyrococcus furiosis is the source of an extra-stable enzyme that can endure many cycles in the process of PCR, the method behind gene sequencing and DNA fingerprinting.

Sulfolobus acidocaldarius is used to leach copper and iron from ore.

Archaea look and act a lot like bacteria. So much so that until the late 1970s, scientists assumed they were a kind of “weird” bacteria.
Then microbiologist Carl Woese devised an ingenious method of comparing genetic information showing that they could not rightly be called bacteria at all. Their genetic recipe is too different.
So different Woese decided they deserved their own special branch on the great family tree of life, a branch he dubbed the Archaea.

HOW THEY ARE DIFFERENT

Although many archaea have tough outer cell walls, these walls contain different kinds of amino acids and sugars than those found in bacteria. Archaeal cell membranes also are chemically distinct from bacterial membranes with differing lipid structures and chemical links. This means that drugs that slow or kill bacteria by interfering with their ability to produce certain key proteins have no effect on archaea.

The archaea very much resemble bacteria, so much so that they were once thought to be a weird group of bacteria. However, by studying archaeal cells on a molecular level, scientists have now come to think that these "weird bacteria" actually are a separate category of life altogether. In fact, in some ways, archaea are more like you than they are like bacteria!

CLASSIFICATION

Archaeans are single-celled creatures that join bacteria to make up a category of life called the Prokaryotes. Prokaryotes' genetic material, or DNA, is not enclosed in a central cellular compartment called the nucleus. Bacteria and archaea are the only prokaryotes. All other life forms are Eukaryotes, creatures whose cells have nuclei. (Note: viruses are not considered true cells, so they don't fit into either of these categories.)

However, while archaeans resemble bacteria and have some genes that are similar to bacterial genes, they also contain other genes that are more like what you'd find in eukaryotes. Furthermore, they have some genes that aren't like any found in anything else.
For more details about the differences between bacteria and archaea.


EARLY ORIGINS

Archaeans are among the earliest forms of life that appeared on Earth billions of years ago. It’s now generally believed that the archaea and bacteria developed separately from a common ancestor nearly 4 billion years ago. Millions of years later, the ancestors of today's eukaryotes split off from the archaea. So historically, archaeans are more closely related to us than they are to bacteria.

LAS BACTERIAS INVENTARON INTERNET






Los verdaderos dueños del copyright de Internet son las bacterias. Una interesante reflexión sobre la relación entre la naturaleza y la tecnología.


cpolino@ricyt.edu.ar


Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior


"Las bacterias tienen que ganarse la vida"Carl Sagan, Cosmos


Los verdaderos dueños del copyright de Internet son las bacterias. Y esto es así aunque ningún funcionario o tecnócrata se haya tomado la molestia de reconocerlo públicamente, y pese a que ninguna bacteria se lleve a sus bolsillos los miles de millones de dólares que la red de redes genera.
Vaya al fondo de su casa y recoja un poco de tierra en una cuchara. Encontrará millones y más millones de bacterias. Una bacteria es un organismo de una sola célula sin núcleo. Se calcula que hay más de diez mil especies de ellas esparcidas por todo el mundo. De hecho, las bacterias son las verdaderas dueñas del planeta. Su sola presencia, distribuida a lo largo y a lo ancho de los continentes, ridiculiza a cualquier otra especie animal o vegetal. Los mares, las montañas, el fondo de las cavernas, así como nuestro cuerpo y también el cordón de la vereda, están teñidos de estos organismos. ¿Un dato abrumador no apto para cardíacos? En la cabeza de un alfiler caben 10 millones de bacterias. Ante tamaña evidencia, los incrédulos se vuelven conversos.
HISTORIA BACTERIANA
Las bacterias, que lo cubren todo, ostentan un raro privilegio. Cualquier relato que narre la historia de la vida en la Tierra debe comenzar por el decisivo trabajo de las bacterias para crear las condiciones iniciales de la existencia de los seres vivos. A partir de su lenta irrupción, hace 3.500 millones de años, las células bacterianas, dividiéndose y dividiéndose una y otra vez, exhalaron el oxígeno necesario para transformar poco a poco la inhóspita atmósfera terrestre en un lugar habitable. El mundo cambió radicalmente gracias a la acción constante de un manto de billones y billones de diminutas bacterias que tenían apenas unas pocas milésimas de milímetro de diámetro.
BACTERIAS AL MICROSCOPIO
El profundo valor de las bacterias en la historia del planeta se comprende categóricamente utilizando una analogía de Richard Dawkins tomada del libro Destejiendo el arco iris. Ciencia, ilusión y deseo de asombro: "extienda el lector completamente los brazos para abarcar toda la evolución desde su origen (en la punta de los dedos de la mano izquierda) hasta la actualidad (en la punta de los dedos de la mano derecha). En todo el trecho que va desde la mano izquierda hasta bien pasado el hombro derecho, la vida no consiste en otra cosa que bacterias. La vida pluricelular e invertebrada surge en algún punto en torno al codo derecho del lector." Suficiente, ¿no?
Esto indica que cuando aparecieron sobre la faz de la Tierra los primeros organismos multicelulares, hace unos 700 millones de años, las bacterias tenían un reino establecido desde hacía alrededor de 2.800 millones de años. No es de extrañar, por lo tanto, que su longevidad y distribución verdaderamente planetaria esté ligada a mecanismos complejos y extremadamente eficaces de reproducción y, por ende, de perpetuación de sus diferentes especies.
DERECHOS DE AUTOR
Internet es una mega red mundial de computadoras interconectadas a tiempo completo. Y, como todos imaginan, esto sirve para muchas cosas. Pero, básicamente, para enviar y recibir información, que está codificada en paquetes llamados bits. Esta capacidad de recibir y procesar información, y de disponer de ella en cualquier momento, y desde cualquier computadora esté en el lugar del mundo que esté, hace que Internet sea de una utilidad enorme. Pero, en verdad, este mecanismo horizontal de transferencia de información es increíblemente antiguo. Sí, adivinó, lo inventaron las bacterias.
Las bacterias son capaces de reproducirse a una velocidad asombrosa. Se estima que hay especies que en veinte minutos podrían generar miles de millones de organismos individuales a partir de una sola célula original. La mutación, como camino evolutivo, es, por supuesto, eficaz para la reproducción bacteriana. Sin embargo, en el transcurso de millones de años, las bacterias fueron capaces de diseñar otro mecanismo aún más potente: como Internet, una red de redes de escala planetaria.
A diferencia de un perro, un delfín, una rosa, o el ser humano, la información genética de las bacterias se puede transferir de una especie a otra. Es decir, una bacteria puede utilizar genes que provienen de otro linaje diferente al suyo y realizar así funciones que tal vez con sus propios genes no podría hacer. La proliferación bacteriana, por lo tanto, no depende exclusivamente de la reproducción tradicional en otras especies: de padres a hijos. También es producto de un intercambio masivo de genes de manera horizontal entre bacterias de distintas especies. La diversidad metabólica de las bacterias es absolutamente excepcional. Y esta capacidad fue la que generó un banco de datos (como lo es también Internet) genético que está disponible para todas las bacterias independientemente de cual sea su especie y el lugar donde vivan.
Dado que la historia geológica de las bacterias es larguísima, son las especies que mayor tiempo tuvieron para adaptarse al frío y al calor, al agua y al suelo firme. Si a esto se le suma la enorme capacidad de traspaso horizontal de material genético, que las hace más resistentes a los cambios del medio ambiente que, por ejemplo, cualquier otra especie; y si también se considera la resistencia que tienen contra los fármacos (muchas consiguen, por ejemplo, burlar los antibióticos), como resultado de esta combinación, se entiende claramente por qué las bacterias están en condiciones de superar tiempos de crisis del medio ambiente en pocos años, mientras que otros organismos tardarían miles. Los biólogos creen que en gran medida esto se debe a esa intrincada red de comunicaciones que tienen en funcionamiento desde tiempos inmemoriales.
POLÍTICA BACTERIANA
El traspaso de material genético de una bacteria a otra que no sea de su especie es, por lo tanto, un proceso rutinario, rápido y eficaz. Las bacterias llevan millones de años con una continuidad prodigiosa utilizando este mecanismo de transporte y almacenamiento de la información vital para la vida. Toda una política coherente de desarrollo y perpetuación.
Si tenemos en cuenta que Internet nació hace apenas cuarenta años (en los ´60), a raíz de las investigaciones que derivaron de la política de seguridad nuclear de la Agencia de Defensa (Darpa) del Pentágono en Estados Unidos, es justo reconocer que, una vez más, la originalidad del hombre, lejos de ser tal, es una elegante y sofisticada copia -pero copia al fin. Y con el pequeño agregado de que, seguramente, cuando las bacterias inventaron una red de redes no estaban pensando en la amenaza soviética. Como en la metáfora de Richard Fortey, prefirieron ser los primeros músicos en ejecutar una "larga obertura" en la evolución sinfónica de la vida en la Tierra, antes de dar paso "al primer coro completo" de organismos más complejos. El reino de la vida pertenece a las bacterias.